domingo, 29 de abril de 2012

60 ~ El Hormiguero.

EH, EH, EH. Que he tardado solo UNA SEMANA. Esta vez os prohibo queja alguna, que quede claro. No sé qué habrá hecho que comentéis más de lo normal... ¿quizá la mención a Los juegos del hambre? No lo sé, pero simplemente GRACIAS.
Este capítulo tiene poca chicha, pero servirá para que hayan un par de anécdotas por ahí que... bueno... 


¡Hora de leer!





Afortunadamente las cosas con Dougie estaban bien. No nos habíamos visto tanto como me habría gustado, pero era lo que tenía sacar un nuevo disco: promociones. De hecho, hoy era el día en el que pasaban por España. Además, me habían dicho que irían a El Hormiguero -programa que había visto desde su comienzo cuando vivía en Mallorca pero que tuve que dejar de verlo al trasladarme a Londres.

Y estaba yo haciendo deberes cuando me despisté con una mosca que por allí pasaba y vi, de casualidad, una pequeña caja envuelta en papel de regalo con una nota encima de ésta. Me sorprendió muchísimo ver algo así ese día en mi habitación porque desde hacía dos días no veía a Dougie y estaba segura de que ese paquete no estaba allí esa mañana... por lo que rápidamente alargué el brazo para coger el paquete junto a la nota, que rezaba:

No voy a poder verte en todo el día, pero me apetece que molestes un poquito a tus amigos con mi nuevo regalo.
¿Serías tan amable de hacerme este gran favor?
M.

Al leerla, me precipité a abrir el envoltorio de mi regalo. Y ¿cuál fue mi sorpresa? ¡Era un iPhone! No habían sido pocas las veces que había intentado conseguir uno por todos los medios en Mallorca, pero por culpa de nuestra enconomía -que ahora que lo miraba bien, no entendía porqué mi madre nunca le había dicho nada a Matt- no había podido tenerlo nunca... ¡Y ahora lo tenía!

Me pasé toda la tarde trasteando con mi nuevo “juguete”, no sin antes llamar a Matt y agradecerle un millón de veces, como mínimo, su regalo. Y de pronto recordé cuál era el fin de eso: molestar a mis queridísimos McFly. No tuve que pensármelo demasiado, instalé el WhatsApp y mandé mi primer mensaje... a Harry.

Adivina qué me ha regalado Matt para que os moleste :)

No esperaba respuesta pues se suponía que estaban muy liados y que Harry era un negado para las nuevas tecnologías, pero me sorprendió su rápida contestación:

Joder, ¡no! ¡Ahora tendré que aguantarte durante todo el maldito día! haha

Ja. Ja. Ja. ¿Qué tal va todo? ¿Algún accidente que comentar? ¿Cuántas se han desmayado ya?

Quise preocuparme por ello para que no se pensara que estaba deprimida por que estuvieran en España. Era algo que sí, odiaba, pero no tenían que estar todos siempre encima mía pues no era necesario... ni lo merecía.

¡Asquerosa! Anda que me dices nada de que tienes móvil nuevo, eh. Accidente: ninguno. Desmayos: más o menos un millón. D

¡Tú eres tonto, Dougie!

¿Cómo sabes que soy yo? ¡Hay dos D en McFly!

Danny no me llama asquerosa, prrrr

¡Prrrr tú! ¿Cómo te llama, entonces? ¿Capullito de alelí?

No, tonto lava. Además, que yo quería hablar con muscul-Harry. Tú vete.

Ya me lo dirás ya, las noches en las que te sientas sola y a Harry no le apetezca ir a casa de Matt

¡Idiota!

No diría que no me gustaba hablar con Dougie, y se echaban de menos también sus absurdos comentarios que solía hacer por cualquier cosa que yo dijera antes, pero mi objetivo era molestar a Harry y sabía que con Dougie no podía hacer eso; me había asegurado hacía ya un tiempo que nada que fuera yo o relacionado conmigo le molestaba.

Supondré que eso iba para Doug... Ahora bajamos a plató, peque, no sé cuándo volveré a coger el móvil

Iba para Dougie, sí. ¡Pasáoslo bien! :D

En cuanto me dijo eso cogí el ordenador y me puse a mirar El Hormiguero y a disfrutar. ¿Qué más se podía hacer estando semejantes figurantes en un programa? ¿Soñar? ¿Creer? ¿Reír? ¿Llorar de emoción?...

Me harté a WhatsAppearles aun sabiendo que no me responderían. Los mensajes eran de tipo: SEXY, Harry, no hace falta diga para quién, Yooo ¡yo quiero casarme contigo! para Dougie, I love you, ye, ye, ye para Tom, o ¡Que no me entere yo que ese culo pasa hambre! (?) para Danny. Me aburría mucho, sí, por lo que después de verles me dediqué a montar el árbol de Navidad junto a Jeff, pues él se había encargado de colocar antes todas las luces que adornarían la casa durante un par de meses.



Hasta el lunes no volvían. Y ¿qué hacer mientras ellos no estaban? ¡Más vida social! Aunque mientras pasaba una tarde con Giovanna y Carrie -la primera vez que veía a la hermana de Tom-, miraba una película junto a Georgia y su hermana, o pasaba un domingo entero con varias amigas del instituto que había logrado encontrar, Dougie se dedicaba a empreñar un poco con absurdos comentarios (aprovechando que tenía nuevo móvil) que hacía mientras Tom y Danny tocaban algún que otro acústico, por lo que... acabé por desconectarlo.

El lunes me quedé a comer con los hermanos Graddon nuevamente y, al no saber si Tom había vuelto ya y no quería molestar a Gi, después me fui directamente a casa de Matt a hacer los deberes mientras escuchaba algo de música, que era como yo solía hacer deberes aunque nadie lo recomendara.

    - ¡Tú! -gritó esa celestial voz a mis espaldas cuando yo me dedicaba a escuchar a Bruce mientras, simplemente, observaba mis pósters uno a uno, desde la silla del escritorio.

Pero no podía quedarme allí, sentada sin más, por lo que rápidamente di la vuelta en la silla y corrí en dirección a mi lagarto, que me esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa en el rostro que me daba fuerzas para seguir toda una semana de clases, exámenes y... una gran fiesta que él mismo intuía que tendría.

    - ¿Por qué no me contestabas, eh? -me recriminó aun estando abrazados. 
    - Porque reconoce que eres un poco pesado... Además, estaba haciendo vida social -dije. Entonces, desenrosqué mis brazos de su cuello y me dispuse a apagar el equipo de música. 
    - Gracias. Ahora te quedas sin regalo, por lista. -Sonrió con uno de esos caretos que sólo él sabe hacer. 
    - Jo, no... -me quejé. 
Hice pucheros por si fuera a funcionar. 
    - Tendrás que hacer más que eso para que te perdone lo de pesado, Alice. 
Al oírle, presioné el botón de la minicadena para apagarla y volví rápidamente hasta su posición para llenarle la cara de besos. Cuando creí que era suficiente y me separé, vi cómo Dougie sonreía cual tonto. 
    - Tendría que pensarme... ¡qué coño! Acompáñame que te doy el regalo que te tenía preparado y todo lo que me pidas, joder. 
Me eché a reír ante su reacción y le seguí como me había pedido.

Entré a su habitación pisándole los talones y, mientras él deshacía la maleta y buscaba mi regalo, jugué un poco con Zukie ya que él se lo había dejado a Vicky para que yo “no tuviera que cuidar de tantos bichos”.

    - Cierra los ojos -pidió. 
Obedecí después de dejar al lagarto en su correspondiente jaula y, como si se tratara de un autoreflejo, alargué los brazos para que me diera en seguida mi regalo. 
    - ¡Es Barrancas! -exclamé al abrir los ojos y ver el muñeco en mis manos-. ¡Gracias, Doug! -dije y volví a abrazarle, sujetando su regalo con la mano izquierda. 
    - No hace falta que finjas entusiasmo, es que nos dieron uno a cada uno y como me dijiste que tú veías ese programa que ya no sé ni como se llama... 
    - Yo no finjo nada, atontado. -Hice una pedorreta. 
    - Está bien saberlo... -insinuó y enseguida supe por dónde iban sus pensamientos. 
    - Estáis hechos unos cerdos de mierda -dije, asqueada.



Se acercaba el esperado miércoles para mí y seguía sin regalo para mi querido Poynter, por lo que el martes, por no perder la costumbre de hacerlo todo a última hora, me lo llevé por las calles de Londres para ver si conseguía que me chivara algo y... gané. Mientras lo miraba a través del escaparate babeó durante un rato, literalmente, por él, y supe que ése sería mi regalo. Por suerte, le había pedido a Matt que me dejara faltar a clase miércoles y jueves para poder comprar el regalo a primera hora del miércoles, celebrar la fiesta por la noche, y recuperarme el jueves, pues estaba segura de necesitarlo.

    - Alice, ¿recuerdas aquella amiga de la que te hablé hace ya un tiempo? -preguntó en un momento en el que simplemente paseábamos, aunque también buscando una heladería porque a Dougie se le había antojado un Frigo-pie. 
    - Hum... ¿La que no te importaría que fuera algo más? 
Rió al escucharme, pero asintió a la vez. 
    - Sí, esa. 
    - ¿Qué pasa con ella? -pregunté, curiosa, al ver que no decía nada más. 
    - Que la vas a conocer -respondió-. ¡Ashleen! -la llamó y me cogió de la mano para arrastrarme a donde se suponía que estaba ella, aunque yo veía a mucha más gente que pudiera llamarse Ashleen que la única que veía él.

No me di cuenta de a quién estaba a punto de conocer hasta que Dougie no volvió a llamarla y, por alusión, se giró, aunque supongo que también influyó el ser esa voz y no la de cualquier otro. Al verle, sonrió de oreja a oreja y fue cuando le encontré sentido a las palabras que, más o menos, me había dicho Dougie. “Ashleen es una amiga, y la quiero mucho, sí, pero es solo amiga. No es nada más, pero tampoco me molestaría que lo fuera”.

Era preciosa, sin más. No destacaba por su vestimenta pues simplemente llevaba unos pitillos vaqueros, unas Converse rojas, una camiseta básica y una chaqueta; pero su precioso pelo, castaño claro, se le ondulaba donde le daba la gana y desee poder cambiárselo por el mío, pero para mí que no era posible. Sus ojos eran marrones, de los que le gustaban a Dougie, y me pregunté entonces dónde y porqué se habían conocido aquellos dos...

La saludó con un amistoso abrazo que duró algunos segundos y, después de las correspondientes presentaciones, nosotras también no saludamos con un abrazo.

    - ¿Qué haces tú por aquí? ¿Os han parado muchas veces? -preguntó Ashleen sin borrar la sonrisa de su cara. Por lo que se veía Dougie era capaz de alegrarle el día a cualquiera. O eso o la chica estaba siempre feliz. 
    - A Alice le apetecía dar una vuelta y aquí me tienes. Pero no, la cosa hoy está bastante tranquila respecto a fans alocadas y eso... 
    - Sí, pero las pocas que han habido casi me asesinan con la mirada -me quejé yo, aunque en realidad eso fuera un pensamiento que por casualidad dije en alto. 
    - ¿Verdad que sí? Las veces que hemos salido se lo decía y parece no darse cuenta el bobo -me dio la razón Ashleen.

La chica era majísima, tanto que de no haberme atraído los hombres habría intentado algo con ella... No. Pero, con el tiempo que se suponía que pasaría allí, en Londres -que probablemente sería toda una vida-, estaba segura de que podría conseguir en ella una nueva amiga. Además, al día siguiente volvería a verla en la fiesta de Doug, o al menos desee que Tom la hubiera invitado pues se veía que eran muy amigos, por lo que allí me dedicaría a hablar de tonterías, como solía hacer con la gente que podría considerarse mi amiga o... mi comienzo de amiga.




No me he molestado ni en revisarlo, así que no dudéis en mandarme toda clase de hortalizas por comentario; las merezco. Pero algo malo tenía que tener ésto ¿no?... -Nah, no soy tan creída de mierda-.
Pero espero que si os ha gustado me lo comuniquéis a partir de un Me gusta, o, mucho mejor, con un comentario prechioso de los que tan feliz me hacen ;3

domingo, 22 de abril de 2012

59 ~ ¿Sexy or not sexy? Sexy.

En realidad este capítulo va únicamente por unas tales Jens, Maria y team Floynter (la última vía metroBlog) pues son las únicas que han sido tan sumamente geniales de comentarme. Gracias.

Hope you like it! :3




El día siguiente no fue demasiado mejor; no conseguí dormir a pesar del sueño que tenía. Todas las cosas que Dougie había sido capaz de decirme aquella noche resonaron en mi cabeza durante horas, y solo la voz de Danny en la alarma de mi móvil consiguió que me alejara de los torturadores pensamientos que había tenido durante tantísimo tiempo.

Como si de una autómata me tratara, me dirigí al armario y cogí unos simples pantalones pitillo rojos, una camiseta básica blanca de manga corta, Converse negras, un par de complementos y, cuando saliera de casa, la chaqueta de cuero que me había comprado igual que la de Danny.

    - No pretenderás ir hoy a clase, ¿verdad? -preguntó, algo molesto, Matt, cuando me vio entrar en la cocina.
    - Hombre, pues... esa era mi intención -aseguré.
    - Pues ya puedes ir quitándotela de la cabeza.
    - Pero ¿por qué? -pregunté sin comprender.
    - Alice, por tus ojeras puedo asegurar que no has dormido en toda la noche y no me da la gana que te vayas así, ¿entendido?
    - Entendido, Matt... -murmuré, resignada, y me senté a la mesa con mi tazón de leche con cereales delante. 

La cuestión era faltar. Ya fuera gripe, ojeras, o lo poco que fuera que tuviera. No creía que los increíbles negocios de Matt fueran a pagarme un cerebro que supiese almacenar toda la información que llevaba ya perdida en el instituto ya que, a decir verdad, Brooke tampoco era la mejor explicando literatura inglesa.

    - Buenos y raros soleados días -saludó Jeff al bajar-. ¿Y a ti qué te pasa, cara pan? -preguntó, supuse, dirigiéndose a mí.
    - Matt no me deja ir a clase -me limité a responder.
    - ¿Y por eso estás así? Ojalá me hubieran ofrecido a mí con tu edad quedarme en casa...
    - Pero yo llevo faltando una semana. No podré reengancharme -me quejé por si fuera a funcionar a última hora.
    - Bah... Además, estoy seguro que los profesores no quieren tener una alumna que se duerma en el pupitre. ¿Qué cojones has hecho esta noche? -preguntó, sentándose también a la mesa, pero él con un café.
    - No me apetece hablar de ello, Jeff... -murmuré. La cabeza me explotaría de un momento a otro si seguía recordando cada una de las dolorosas palabras.

La conversación en la cocina no fue más allá, y en vista que no lograría convencer a Matt sobre ir o no ir a clase, opté por medio tumbarme nuevamente en el sofá y ver si encontraba algo de mínimo interés a esas horas de la mañana, aunque probablemente acabaría en la MTV como de costumbre.

A las 8:45h el timbre hizo que mi cabeza retumbara durante un tiempo, pero supongo que no me molestó que fuera ese el motivo de mi nuevo dolor.

    - ¿Qué tal te encuentras, pequeña? -preguntó Harry dulcemente y se acercó hasta donde yo estaba, sentándose a mi lado.
    - Bien, pero Matt no me deja ir a clase -dije lo bastante alto como para que pudiera escucharme si seguía en el piso de abajo.
    - No creo que sea lo más conveniente -aseguró él.
Acogió mi cara en una de sus manos y me acarició ligeramente el párpado inferior, que había quedado hinchado por la llantina de aquella noche.
    - Pero yo estoy bien -repetí.
    - ¿Y ésta? -preguntó golpeando levemente mi cabeza con su índice.
    - Hum... regular.
    - Pues ve a la cama, anda. Necesitas descansar -dijo.
    - ¿Qué te hace pensar que descansaré ahora si he estado toda la noche sin dormir?
    - Que tienes un sueño que te mueres y que me voy a llevar a la razón por la que estás así.
    - No creo que eso sea la solución... -murmuré.
    - ¿Qué me das si consigo que duermas un poco?
    - Un beso -respondí sin pensarlo demasiado.
Harry se echó a reír.
    - ¿Ves? Deliras y todo -dijo.
    - Ahí te equivocas de pleno. ¿Es que te crees que sabes lo que pasa por mi cabeza cada instante? Soy McFlyer de pies a cabeza, pero eso no me impide pensar suciamente con vosotros. Y ahora puede que me haya ganado el que no vuelvas a hablarme, pero ¿sabes qué? Tampoco me importa demasiado. Tengo sueño, mucho, sí, pero sé perfectamente lo que pienso, queridísimo fucking drummer mío. -Sonreí lo más idiotamente que supe.
Harry volvió a carcajearse, pero de pronto su rostro se ensombreció.
    - Nunca me habías llamado fucking drummer. ¿Me has perdido todo el cariño que pensaba que me tenías?
    - Jamás.
    - Pues ve a dormir -me instó.
    - Jope, Harry... -me quejé yo.
    - ¿Se puede saber qué haces todavía aquí, Alice? -Esa era la voz de Matt y... no creía que pudiera escaquearme otra vez.
    - Es que ha venido Harry... -me escusé, girándome para poder verle aunque en realidad prefería a Judd.
    - ¿Y?...
    - Lo siento...
    - Venga, ve arriba -dijo y se volvió hacia la cocina.
    - Supongo que... Adiós. -Me giré nuevamente hacia Harry.
    - Ya no nos podremos ver hasta no sé cuando, Alice. Te llamaré en cuanto tenga un hueco libre, ¿vale?
    - No te preocupes. Llevo... -Comencé a contar con los dedos aunque en realidad no me hiciera falta- siete años sin vosotros; creo que aguantaré un par de semanas más. -Sonreí.
    - Está bien. -Me devolvió la sonrisa-. Acuérdate de la vida social -dijo y me acercó a él para que le abrazara.
Asentí sin muchas ganas y me aferré fuertemente a él. Pasaría mcuho tiempo sin verle y...
    - Te echaré de menos, grandullón -dije.
    - Y yo a ti, pequeña. -Revolvió mi pelo ligeramente.
    - Buenas noches -bromeé.
Besé su mejilla y me levanté. Como esperara mucho buscaría cualquier nueva excusa para quedarme con él.
    - Descansa.
    - Lo har... Lo intentaré -me corregí a mi misma y volví a escuchar la risa de Harry mientras yo me encaminaba escaleras arriba.

Cambié nuevamente la ropa de calle por el pijama y me volví a meter en la cama, acurrucándome mucho. Por primera vez en mi vida prové aquel truco que la gente suele decir que funciona de contar ovejitas, pero en vez de éstas, yo contaba canciones de Bruce Springsteen.

Lo cierto es que no tardé demasiado en dormirme, pero no porque me aburriera pensar en eso, sino porque tenía muchísimo sueño y necesitaba descansar...




El resto de la semana transcurrió sin nada demasiado interesante que destacar. Tuve que ponerme al día en el instituto y me costó lo mío, pero lo hice. Como Harry me había dicho, hice también  vida social y salí con Brooke y un par de amigas suyas el viernes, una simple tarde con gente que no fuera componente de McFly.

La distribución, o la compañía de la casa de Matt había cambiado, y es que Jeff había venido a vivir repentinamente con nosotros y se había traido a su prometida, Beth, que ya era también algo más de vida social y que además me caía bastante bien. Por otro lado, dejé de ver a Dougie. En realidad, lo vi un par de veces, pero en cuanto nuestras miradas se cruzaban él dirigía la suya al suelo rápidamente.

El sábado, pero, le robé a Danny su novia y me fui con Georgia -aunque en realidad hubiera sido ella la que me dijo de salir- de compras. Allí, en Londres, era la primera vez que me iba de compras, y tener la tarjeta de crédito que Matt nos había cedido a ambas, me dio alas para poder renovar mi armario por completo, aunque no me desharía nunca de mis piezas favoritas.

Y me encontraba yo frente a mi armario, mirando de qué podía deshacerme para hacerle hueco a toda la ropa y zapatos que se amontonaban en mi cama, cuando, en el espejo que se encontraba en el interior de la puerta de éste, apareció el reflejo de Dougie y me asustó ligeramente.

    - Hola -dije con un hilo de voz y sonreí mínimamente.

Él no respondió. Se limitó a mirarme a los ojos, a través del espejo, y no dijo nada. Yo tampoco es que supiera nada que decir, pero consideraba que esa vez no era yo la que debía comenzar a hablar, por lo que seguí con mi tarea de recolocar el nuevo vestuario adquirido.

Una de las prendas que cogí al azar fue el que sería el vestido que utilizaría para la fiesta sorpresa que seguíamos organizando para Dougie, pero en cuanto me di cuenta de ese detalle intenté aparentar que no significaba nada importante... y creo que pareció no darse cuenta.

    - Lo siento.

Lo dijo de repente, sin que me lo esperara, y me asustó a la vez que me reconfortó. Hacía muchísimo que no escuchaba su voz, y aunque no me hiciera ilusión que la frase utilizada fuera aquella, me gustaba volver a escucharle.

Me giré para mirarle, esa vez directamente a los ojos.
    - Siento haberme portado como el gilipollas que te he demostrado que soy.
    - Yo no creo que seas gilipollas -le corté. Nunca lo había dicho y tampoco dejaría que nunca nadie lo dijera delante mía.
    - Déjame acabar -pidió, por lo que asentí-. Sé que el otro día hablé mucho, demasiado, pero aunque no sirva de excusa he de decir que no era plenamente consciente. Sé lo que he dicho gracias a Harry, aunque no sé si él lo habrá empeorado para hacerme sentir peor o... sinceramente me da igual. La cuestión es que me comporté como un cerdo. Llevo toda la semana planeando cómo pedirte perdón ya que no podía hacerlo por teléfono y tenemos muy poco tiempo para parar por casa, pero creo que se me ha olvidado todo lo que quería decirte. El resumen sería básicamente que lo siento, y que me odio por haberte dicho todo lo que te dije. Me desahogué contigo cuando no eres tú la culpable, en absoluto, de mi estado de ánimo, y te pido de nuevo disculpas. Creo habértelo dicho ya varias veces, pero eres demasiado importante para mí como para arriesgarme a poder perderte. Te quiero, quizá no de la manera que tú puedas quererme a mí, pero lo hago al fin y al cabo... y eso ya es algo, ¿no? Con ello no quiero obligarte a que me perdones, pero me harías muy feliz de hacerlo -dijo.Seguíamos depié, mirándonos sin apartar la vista el uno del otro, y aunque pudiéramos dar una imagen de imbéciles, no nos importó.
    - ¿Qué me dices? -tartamudeó.
    - Que eres tonto... y que te quiero. -Sonreí, y eso le bastó para venir hacia mí y abrazarme. 

Le había echado de menos. No de la forma en la que se echa de menos a un amigo, a un conocido; le había echado de menos como... bueno, no importa como a qué le hubiera echado de menos, pero lo hice, y mucho.

    - ¿Qué tal va el nuevo disco? -pregunté.

Comenzaría a evitar los momentos... ¿sensibles? Me parecía demasiado ñoña, y no me gustaba ser así. Además, quizá hiciera algo de caso a Harry y le haría sufrir un poquito; no me había hecho sentir demasiado bien aquella semana.

    - Lo cierto es que mejor de lo que imaginaba -respondió, separándose de mí.
    - Cuéntame -pedí, y me senté en la cama con las piernas cruzadas.
Palmeé la cama invitando a Dougie a sentarse allí también.
    - Pues eso, que se ha recibido muy bien y a la gente le gusta.
    - ¿Es que pensabas, a caso, que no saldría bien? -pregunté, confusa.
    - Hombre, tanto no, pero... Ya sabes, el cambio de sonido... a veces no siempre es bueno, y tú más que nadie debes saberlo.
    - Pero seguís siendo McFly -me limité a decir yo.
    - Pero no es lo mismo. ¿Sabes cómo ha llamado Harry al nuevo sonido? -dijo, saliendo del tema para que no acabara en una pequeña discusión.
    - Hum... -intenté pensar-. No. Me temo que no lo conozco tanto.
    - Sí que lo haces, pero es que dice cosas muy raras... -Rió, algo sin ganas-. Sexy. Nuestro nuevo sonido es sexy, muy sexy -dijo.
    - ¿Sexy? -me pregunté a mi misma-. “That's the truth” no es nada sexy... 
Rió.
    - No, esa no, Alice. Olvídalo, anda.
    - No. Únicamente estamos sorprendidos por el recibimiento. Nada más.
    - Pues no lo entiendo. He de reconocer que mi disco favorito no es este... pero ¿quieres que te cuente el secreto de su éxito? -insinué.
    - Deseo saberlo.

Decir que en mi estómago hubo una revelión de mariposas asesinas sería decir poco. ¿Por qué? Cuando Dougie Lee Poynter os mire a los ojos como lo hizo conmigo aquella vez, sabréis porqué fue esa mi sensación. Nunca antes me había mirado de igual forma; estaba serio, pero sus ojos brillaban a la vez. Ese “Deseo...” sí que era sexy y no el nuevo sonido de McFly.

    - Take me there -respondí. Básicamente era una excusa para pedirle que la cantara luego, pero... también era cierto, ¡qué coño!
    - Eso lo dices para que no me sienta tan mal -bromeó.
    - No. Lo digo porque es lo que siento y porque es la verdad. ¿Quieres que lo comprobemos? -le reté.
    - Adelante, por favor.
    - Te arrepentirás.

Me levanté de un salto de la cama y fui a buscar mi móvil, que por desgracia había dejado abajo. ¿Qué mejor juez para ese enfrentamiento de pensamientos que otra McFlyer? Y como solo conocía a Brooke... tendría que aguantar sus gritos si quería que le dijera a Dougie lo que todo el mundo pensaba (?).

    - Ya estoy aquí -anuncié cuando puse un pie en mi habitación.
Dougie me esperaba sentado, en el centro de la cama, jugando con varias de sus pulseras.
    - ¿Qué pretendes, Alice? -se interesó y volvió a ponerse las pulseras.
    - Llamar a Brooke, solo ella puede desempatar. Además, hablarás tú para que no digas después que la manipulo ni nada de eso.

Dicho y hecho. La llamé, pero tardaba más de lo común en cogerlo; normalmente no sonaba ni un pitido cuando escuchaba su voz al otro lado del teléfono, siempre preguntándome si estaba con alguno de los McGuys. Lo puse en manos libres para poder escuchar la conversación ambos y dejé el móvil encima de la cama.

    - ¿Sí? -preguntó al descolgar. Raro en ella.
Le hice un gesto a Dougie para que fuera él el que hablara de primeras. Él carraspeó, pero habló:
    - Hola, Brooke.
Por suerte teníamos el aparato algo lejos, de no haber sido así... nos habríamos quedado literalmente sordos.
    - Dentro de unos años la gente me conocerá por quedarme sordo al igual que Beethoven; yo podré decir quién fue la culpable -bromeó Dougie y yo me eché a reír.
    - Lo siento, es que... Joder, Alice, tienes que avisarme -se quejó.
    - Ahora Alice no puede hablar. Tienes que responder una pregunta muy importante; es vital para la continuidad de McFly...
    - ¡¿Qué?! -le cortó ella. Dougie todavía no sabía que no se podía mencionar la separación en ninguno de los casos. Eso para la McFly Army es impensable.
    - ¿Crees que “Take me there” es la razón del éxito del nuevo disco? -Fue al grano; afortunadamente se dio cuenta de que esa era la mejor forma de hablar con Brooke.
    - Hum... Muy probablemente, sí.
    - ¡Te lo dije! Te lo dije pero tú eres incapaz de creerme. Nunca me ganarás en este aspecto, señorito Poynter, así que ya puedes ir haciéndote a la idea, listo, que te crees tú muy listo. -Salté de la cama, incluso, cuando escuché decir eso a Brooke y había quedado de pie encima de ésta, señalando a Dougie con un dedo acusador.
Él se echó a reír a carcajada limpia.
    - Gracias, Brooke, me has solucionado el día. Ahora te grabaré en exclusiva el fruto de tu ayuda -dije. Y colgué.
    - ¿Qué fruto de qué?
    - Vas a cantarme esa canción -le informé.
    - Y ¿eso quién lo manda?
    - Yo. ¿Te parece poco?
    - Me parece la razón de más peso que podía tener, y no porque estés gorda, que te conozco y no quiero que pienses cosas raras...
Reí al escuchar que adivinaba mis pensamientos.

No podía esperar demasiado a escucharle cantar de nuevo, en directo, para mí, por lo que me metí el móvil en el bolsillo trasero del pantalón y “arrastré” a Dougie escaleras abajo, habiéndole cogido de la muñeca para llevármelo conmigo. Antes de bajar, eso sí, paré en su habitación y cogí el bonito bajo rosa que conservaba de hacía... no-sé-cuánto-tiempo.

Le acompañaría. Me senté en mi querido piano blanco y le obligué a él a sentarse a mi lado. Puse el móvil a grabar y comencé. Además de darme la oportunidad de escuchar a Dougie cantar, que últimamente lo hacía muy poco, podría también practicar para la pequeña sorpresa que le preparaba junto a alguien tan especial como él para su cumpleaños...



p.d.: Creo que era algo así como una necesidad lo de poner ese título; las que habéis leído Los juegos del hambre me entenderéis, pero es que estoy enamorada de Peeta desde que quemó el pan para dárselo a Katniss.