martes, 16 de octubre de 2012

68 ~ Reality.

Hello! Gracias por los... ah, no, que no hay comentarios. Bueno, pues nada. Si no os gusta decídmelo porque dejo de subir y hacer de estúpida, que en mi cabeza todo esto queda muy bien, y si tengo que hacer el esfuerzo para escribirlo lo mejor que sé y que nadie lo lea, pues... digamos que me da por saco. Pero nada, aquí tenéis un capítulo algo corto, pero ¿qué se le va ha hacer? Tiene que haber de todo (?)



El lugar al que me llevó resultó ser un restaurante de lo más normal. Normal excepto por eso de que dio la casualidad de estar repleto de groupies que no dejaban de acosar a Danny con comentarios que, de no haberme pedido él explícitamente que no hiciera nada que pudiera ser publicado al día siguiente en toda la prensa, habría cortado más de una cabeza simplemente con el filo de una bandeja.

Pudimos comer tranquilamente en la zona que el restaurante nos dejó para que no nos marcháramos cagando leches de ahí, y tuve miedo por si hubiera algún paparazzi cerca. No quería que se especularan cosas raras, no quería rumores sobre cuernos de Danny a Georgia y mucho menos si yo estaba por en medio.

En realidad hablamos de tonterías en general mientras Danny no dejaba de escupir comida cuando reía por un comentario groupie que yo pudiera dirigirle, aunque por suerte estábamos lo suficientemente lejos como para que no llegaran a mi los restos de su comida y usé en varias ocasiones la servilleta como escudo.

Danny se interesó por cómo los conocí y le dije la verdad, que fue por puro azar. Era irónico, también, que los hubiera descubierto en uno de los cumpleaños de Bruce, pero era parte de la verdad. Ese día yo me dedicaba a mirar vídeos en YouTube que habían empezado siendo del Boss y habían acabado en Busted cuando por casualidad salió 5 colours in her hair. Lo demás fue pura y simple investigación... hasta crear una aguda obsesión por ellos.

    - Entonces, ¿te fijaste en Doug antes que en mí? -me recriminó, señalándome con la cuchara del postre. 
    - Es que era tan mono... -me excusé yo. 
    - ¿Y yo no? ¡Venga, va! -bromeó. 
Risas que inundaron la sala. 
    - Tú fuiste el segundo, jolín. 
    - Ya, ya, pero como el puesto del pollito ninguno -insistió. 
    - Vale... Siento no haberme fijado en ti antes que en Dougie, pero es que quizá antes las pecas no me gustaban tanto como ahora... -dije para volver a picarle. 
    - ¡Vete a la mierda un rato! -Objetivo conseguido. 
    - Es que te picas muy rápido -reí. 
    - Sí, sí, muy gracioso. Pero esta comida te la paga tu puñetero padre.

Me quedé en silencio de golpe. Clavé mi mirada en la de Danny y quise perderme en ella en lugar de en los horribles recuerdos que comenzaron a atacar mi mente. El padre al que se refería Danny era Matt, claro, pero yo no podía pensar en él como tal. Al menos no todavía...

    - La he cagado. Joder, lo siento -se apresuró a decir y se levantó para acercarse a mí y quedarse en cuclillas a mi lado, apoyando sus manos en mis rodillas. 
    - No... no te preocupes -murmuré. 
    - ¿Quieres que nos vayamos? -Sus ojos me pedían perdón, pero yo era incapaz de reaccionar. 
    - Por favor -me limité a decir.

No estaba preparada. Aunque ya hubieran pasado siete años no podía olvidar aquello; era imposible. Y ni siquiera tener a Danny a mi lado me distrajo ni un sólo segundo. Volvimos al coche y por mil perdones que él me pidiera yo era incapaz de poder decir nada. Era eso o echarme a llorar... y había decidido que no se podía llorar tantísimo como yo lo hacía.

    - Alice, por favor, dime algo o te llevo al hospital -dijo serio. 
Lo haría como no respondiera, así que lo hice: 
    - Estoy bien. 
    - No, no lo estás. Mándame a la mierda o algo, pero vuelve a ser tú -pidió. 
    - Pecoso, estoy bien. -Intenté sonreír. 
    - Gracias.

Después de un millón de perdones más, llegamos a casa de Matt y Danny me dejó justo en la puerta de ésta, pidiéndome de nuevo perdón y yo le repetí que no pasaba nada y que mañana sería un nuevo día. En realidad sí que pasaba, y aunque el día siguiente fuera un nuevo día (obviamente) yo no podría alejar esos malditos recuerdos de mi cabeza. ¿Que eran torturadores? Sí. ¿Que no me gustaban? También. Pero ¿qué le iba a hacer?

El resto de la tarde estudié griego hasta que me salió por los codos. Aprobaría el examen con un diez, como poco. Así que cuando estuve harta, me di una larguísima ducha, me puse una camiseta de Dougie como pijama que había rescatado porque él ya no la quería y bajé a conectarme un poco en twitter.

No había sabido nada de él en toda la tarde, pero cuando hizo su aparición me dijo que se iba a casa de Tom y que probablemente aquella noche no volvería. Me pareció bien -y aunque no me pareciera bien. Dougie iba a hacer lo que le saliera de los huevos, obviously-, así quizá se despejaba un poco y yo no tendría que aparentar no saber nada de lo que le ocurría.

    - ¡Eh! -me quejé cuando se iba. 
    - ¿Pasa algo? -preguntó, preocupado. 
    - ¿Y mi beso? 
Sonrió de oreja a oreja cuando vio que solo se trataba de eso y vino, me plantó un sonoro beso en la mejilla y volvió de nuevo sobre sus propios pasos. 
    - Adiós, Alice -gritó justo antes de cerrar la puerta.

Y me quedé sola durante un semana. No sola del todo, pues seguía teniendo en casa a mi madre, a Matt, a Jeff y a Beth, y en el instituto a Brooke y Mark, pero no supe nada de los McPutos en toda la semana siguiente. No quise ser pesada por una vez en la vida y no les molesté ni por twitter, que fue lo que más me costó.

Pero el viernes siguiente llegó, y con ello también los deberes del fin de semana que acabé bastante temprano. Ya sólo me quedaba estudiar cuando decidí que lo haría durante el resto del fin de semana, así que sin molestarme en recoger los libros del escritorio puse un CD. Lucky town siendo más concreta. Me quedé en la cómoda silla que usaba para hacer los deberes mientras lo escuchaba al completo, disfrutando de verdadera buena música a la vez que daba vueltas en la silla observando todos y cada uno de los pósters que adornaban mi habitación.

Hasta que sentí que alguien había abierto la puerta por el nuevo rallo de luz que inundó la habitación. Inmediatamente di la vuelta a la silla y me encontré con varios miles de pecas concentrados en una única persona. Sonreí como si la vida me fuera en ello pues me alegraba enormemente volver a verle después de una semana. Y así conseguí que él sonriera también. Magnífico todo.

    - Vengo a ver si puedo raptarte un rato -le escuché decir lejanamente a causa de lo fuerte que tenía yo la música puesta.

Sonaba Souls of the departed cuando Danny hizo su aparición, por casualidades de la vida, y ambos sabíamos perfectamente que esa era la canción que precedía a... la canción. Así que cuando tan sólo habían sonado un par de segundos de My beautiful reward me apresuré a apagar el reproductor de música.

    - A mí no me molesta -murmuró Danny como si nada, cerró la puerta de mi habitación y se sentó en el borde de mi cama, sin quitarme ojo. 
    - Lo sé, pero si quieres que te preste atención era mejor que lo quitara. 
    - Cierto.

Y así se quedó. Observó las paredes de mi habitación con detenimiento, sin dirigirme una mísera palabra más, pero yo tampoco le dije nada. Decir que no le observé yo durante todo aquel tiempo sería mentir, y las vistas me gustaban muchísimo en aquel momento, así que no dije nada... hasta que nuevamente volvió a posar su mirada en la mía. Eso seguía poniéndome nerviosa, por lo que rápidamente la aparté.

    - ¿Qué era lo que querías? 
    - Ah, sí. Que te vengas a casa y me enseñes a tocar My hometown con el piano. 
    - No me necesitas para eso. 
    - Soy demasiado vago como para hacerlo solo -se limitó a responder.

Y tuve que acceder. Sabía de sobra que no quería que fuera a su casa para “enseñarle a tocar el piano”. Sabía perfectamente qué me iba a preguntar. Sabía que no lo admitiría hasta que llegáramos a su casa, así que no dije nada durante el viaje en coche y me limité a disfrutar las canciones que tenía puestas en el coche; no se podía discutir que su gusto musical era exquisito.

Una vez en casa del pecoso me fui directa al piano que tenía y toqué melodías al azar, sencillamente por tocar las teclas de aquel piano mientras Danny les daba su correspondiente dosis de cariño a sus perros. Volvía a no estar Georgia, y eso me incomodaba pues le daba rienda suelta a Danny para poder hacer lo que quisiese conmigo. Y yo que era tonta, obviamente accedería de nuevo aunque no estuviera preparada en absoluto. Se trataba de algo que nunca había hecho, y que me daba muchísimo miedo. Pero lo haría porque él me lo pediría.

Unos minutos después apareció de nuevo, habiendo cambiado los pitillos negros, las botas marrones y la camiseta de manga corta blanca que llevaba por una de negra y un pantalón de chándal gris. ¿El calzado? Esas chanclas que todo guiri lleva por Mallorca y que hicieron que me entraran una ganas tremendas de carcajearme allí mismo, pero me contuve mientras seguía tocando y cantando muy bajito Eres, de Dani Martín.

    - ¿Me cantas algo antes? -le pregunté temerosa, pero por suerte recibí un asentimiento acompañado de una hermosa sonrisa como respuesta.

Y así hizo. Le dejé todo el sitio que pude en la banqueta y comenzó a tocar My hometown. Era tonto, sin lugar a dudas, y por eso golpeé con mi puño su hombro al escuchar las primeras notas. Él rió, pero siguió tocando, y cantando, lo que al fin y al cabo es una versión maravillosa.



    - Gracias -sollocé en cuanto acabó.

Había procurado que no notara que varias lágrimas habían caído sin remedio de mis ojos para que no dejara de tocar, pero fue imposible controlar mi voz en ese momento. Y eso mismo consiguió que Danny saliera de la cúpula que él mismo se había formado al comenzar a cantar e inmediatamente me abrazara por los hombros.

    - No pretendía hacerte llorar, Alice... Perdóname -murmuró contra mi pelo. 
    - ¿Pero tú eres idiota? Esto es lo mejor que me ha pasado después de conocernos y vas y me pides que te perdone... 
    - Soy el tonto, ¿creías que lo entendería? -bromeó, sin dejar de abrazarme. Y se lo agradecí interiormente. 
    - No eres tonto -aseguré yo. 
    - Me sobreestimas. 
    - ¡No es verdad! -Me separé de él inmediatamente, aunque entre sus brazos se estuviera realmente bien-. No negaré que llevo siete años diciendo eso de ti, pero mi concepto sobre ti cambió cuando te conocí... -Mi voz se fue apagando a medida que la frase avanzaba, contrarrestando con el creciente color rojo de mis mejillas, que llegaron a confundirse con el de mi camiseta. 
    - Qué boba eres... -Me dio un rápido estrujón y se levantó enseguida-. ¿Vamos fuera, a que nos de el aire? 
Asentí, obviamente, hipnotizada por sus ojos.

No pensaba en las posibles consecuencias que podrían llevar lo que hiciera, pero por una vez en la vida me arriesgaría. ¿No suelen recomendar, cuando se ha tenido un accidente, coger el coche lo antes posible? Quizá yo hubiera esperado demasiado, quizá hubiera tenido que hacerlo antes, quizá la persona que elegía era la incorrecta, pero era la persona en la que más confiaba en aquellos momentos. Entonces, ¿me equivocaba o no?



p.d.: Subí la segunda parte de My hometown (no lo he hecho a propósito, porque escribí el capítulo después de subirlo, pero ha dado la casualidad), por si la queréis leer y tal, aunque lo dudo MUCHO, pero ahí está...

http://mylittlestories-ursula.blogspot.com.es/