Me gustaría dedicar este capítulo a @LikeJuddy ,porque soy muy fan de su reacción al saber que estaba escribiendo de nuevo por Skype; a @IreneBurton ,porque... porque sí, y punto; y a @NoGuidinLight ,porque me alegra enormemente haber podido volver a hablar con ella aunque fuera de... ¿en qué se diferencia el catalán del mallorquín?
Os quiero, bitches.
Y aquí tenéis. Espero que os guste al menos un poquitito.
No resultó del todo
agradable la idea de Danny de salir fuera a que nos diera el aire.
¿Motivo? Demasiado aire. O no aire, sino frío. Al final acabé con
una manta rodeándome, y yo encogida dentro. Aunque Danny también
había cogido otra, a él no se le veía temblar bajo el grosor de
ésta.
Sabía que ese era el
momento en el que yo comenzaba a hablar, pero tenía miedo. Mucho. Y
era incapaz de decir palabra. No creo que el castañeo de mis dientes
ayudara mucho a dicha tarea, pero mi momento de decisión había
pasado para dejar las dudas salir a flote de nuevo.
¿Cambiaría su opinión
de mi cuando le contara lo que ocurrió? Quizá fuese aquel mi mayor
miedo, mayor incluso que el de confesarme por primera vez. ¿Qué
pensaría después de saber lo realmente ocurrido? Siempre había
odiado dar lástima, y contárselo sería dar el paso para que
sintiera eso hacia mí. Solo quizá.
- Alice...
- Espera un segundo -le corté.
- Solo iba a decirte que...
- Calla. Voy a contártelo, pero necesito concentrarme un momento -expliqué.
Y conseguí concentrarme.
Al menos un poco. Lo necesario para poder comenzar a relatar la
historia que nadie sabía excepto mis familiares, Anna y Saray. Yo
nunca fui capaz de contarla, pero otros si lo fueron. No pudieron
contar con detalles explícitos, pero yo tampoco pude dárselos a
Danny esa noche. Le conté básicamente lo que todo el mundo sabía:
Era una tarde-noche de
enero, el veintiséis de enero para concretar más. Llovía a
cántaros, pero mi padre y yo tuvimos que coger el coche por una
urgencia, o al menos fue eso a lo que llamamos nosotros. Mi madre
nos advirtió del mal tiempo, y de que habían predicho que
empeoraría, pero no le hicimos caso. Nunca habíamos tenido una
oportunidad como aquélla y no podíamos desaprovecharla. Aunque
habría sido mejor esperar al día siguiente...
El término de llover a
cántaros se quedó corto en poco tiempo para la tormenta que
comenzó. Mentiría al decir que no estaba asustada, pero en ningún
momento lo mencioné, y el motivo era claro: ansiaba la recompensa
de ese viaje. Más me valdría no haberla ansiado de aquél modo,
haberle dicho a mi padre que diera media vuelta, que no importaba si
no podíamos encontrar lo mejor, con algo medio o incluso bajo nos
bastaría. Pero desde que tenía conciencia había deseado tener lo
que al final no pude llegar a tener de todos modos.
Íbamos por el autopista
y la visibilidad era casi nula. Mi padre conducía despacio, y yo
vigilaba desde el asiento de atrás por si podía ver algún
movimiento inusual del que avisarle. Pero ninguno de los dos vimos
aquel coche.
Fue todo tan rápido...
que parecía increíble que siguiera doliendo como dolía el
recuerdo. Ojalá ese dolor que sentí en el pecho cuando la música
paró al haber chocado el coche contra el lado del conductor del
nuestro no siguiera apareciendo cada vez que lo recordaba, pero era
incapaz de alejarlo de mí. La sensación de llamar a mi padre,
presa del pánico, y que él no me contestara. Me dolía todo el
cuerpo, pero quizá si el hubiera sobrevivido, y me hubiera dicho
sencillamente que solo habían sido unos rasguños de nada, yo me lo
habría creído.
Pero no sucedió así.
Mi padre perdió la vida en ese maldito accidente de coche y yo salí
viva. Durante mucho tiempo necesité de ayuda profesional: creía de
verdad que no merecía vivir cuando no tenía a mi padre al lado,
pensaba y estaba convencida que todo fue culpa mía, que si yo no
hubiese tenido tanta ilusión en aquel viaje que cualquier otro día
me habría convertido en la niña más feliz de la galaxia mi padre
seguiría junto a mí, deseaba poder intercambiar el lugar que él
ocupaba por él mío. Era mi padre quien merecía seguir viviendo y
no yo.
Fue una final de
narración forzado por culpa del nudo que se había instalado en mi
garganta y que parecía que se quedaría ahí por un buen rato. Había
aguantado increíblemente las ganas de llorar. Y se podría decir que
me sentí aliviada, al menos un poco, al acabar de contarle ese trozo
de historia a Danny.
Cuando me giré para ver
su reacción se me partió un trozo del corazón. Estaba inmerso en
la vista del horizonte; algún lugar al fondo de su jardín, o de su
mente. Sus ojos brillaban, y no precisamente como brillaban al
mencionar a Georgia en cualquier momento del día. Brillaban porque
contenían lágrimas, lágrimas que no parecían haberse derramado
pero que estaban ahí, y yo las podía ver.
Le miré durante mucho
rato, hasta que sus ojos volvieron a la normalidad en cierto modo,
pues seguía con la mirada en algún punto fijo, inmerso quizá en a
saber qué pensamientos. Por eso pegué un bote en el asiento cuando
de pronto carraspeó, y, sin mirarme, me preguntó:
- ¿Te apetece un chocolate caliente? Hace rasquilla...
- Ehm... Sí... Claro -murmuré yo, a duras penas.
Estuve cinco minutos sola
en el jardín pues los perros habían preferido también irse con
Danny. No los culpaba por ello, de hecho, habría deseado poder ser
ellos; seguro que habían visto y disfrutado más de lo que podría
hacer yo nunca... Pero Danny llegó, y esta vez sin perros. Tontos no
eran, con el frío que hacía fuera...
Me ofreció una taza de
un chocolate que olía de maravilla y abrasaba, incluso, las manos.
Pero era agradable sentir calor en ellas. Pasamos largo rato sin
hablar, pero yo ya no tenía más que decir. Lo había contado todo,
y me sentía bien, pero probablemente no fuera el mismo sentimiento
que Danny sentía. Me preocupaba, por supuesto, pero no pude hacer
más.
Acabé por dejar mi taza,
ya vacía, encima de la pequeña mesa que tenían en el jardín, y me
encogí bajo la manta de nuevo, esperando una reacción de Danny que
parecía no llegar... hasta que también dejó la taza a unos
centímetros de la mía, habiendo bebido a penas unos tragos.
- ¿Puedo preguntarte algo? -Su voz sonaba lejana, como si no fuera realmente él quien hablara.
- Sí, por supuesto -murmuré yo.
- No. Pregunta no. Dime que todas las pulseras que llevas son por seguir la moda que también le ha dado a Dougie.
Sonaba a dolor, y mi
corazón dio un vuelco al instante. Se había fijado, claro que se
había fijado. ¿Cómo fui tan estúpidaa de no verlo? ¿Luego era a
Danny a quien trataban de tonto? Porque ni un pelo tenía de éllo
-aunque pocos tenía de listo también-. Los ojos se me inundaron en
lágrimas sin remedio alguno, y quise mirarle a los ojos, pero él
seguía mirando la nada.
- Por favor -pidió.
Una lágrima se me
escapó, recorriendo mi mejilla en a penas un segundo. ¿Cómo
decirlo? Por supuesto que no era un moda, de eso estaba segura. Pero
¿cómo le decías a una persona, a un ídolo para concretar más,
que intentaste suicidarte cortándote las venas y ahora lo ocultabas
con pulseras por vergüenza a haber cometido semejante insansatez?
¿Como se suponía que se confesaba algo así?
- Puedo... Puedo decírtelo si es eso lo que quieres escuchar...
- ¿Pero?
Supe que le costó la
vida preguntar sencillamente eso, y me dolió. Mucho. Más que las
veces que quise quitarme la vida. Fue él quien, indirectamente,
consiguió que dejara de hacerlo. Verle sonreír en la pantalla del
ordenador hacía que automáticamente se me instalara a mí una
sonrisa en la cara; ver vídeos en los que se reía como sólo él
sabía conseguía que yo riera también, aun creyendo que no tenía
motivos para hacerlo. Fue él, junto con el resto de McFly, quiene me
salvaron, literalmente, la vida. Por eso mismo la respuesta fue
sencilla:
- Pero no puedo mentirte.
- Oh, Alice...
Inmediatamente sentí sus
brazos alrededor de mi cuello, abrazándome con fuerza, como si
pudiera así conseguir que aquel dolor que causé, a mí y a mí
familia, desapareciera por arte de magia. Ambos sabíamos que no
podía ser posible, pero de todos modos así lo hizo.
Lloré contra su hombro,
liberando una tensión que había estado acumulando desde el momento
en que me senté en aquella especie de sofá para contarle a uno de
mis salvadores la historia que poca gente sabía de mí. Me alegraba
de poder haber roto la barrera que me impedía mostrarle al mundo la
verdadera Alice, la que se derrumbó por quedar en su recuerdo la
muerte de un padre que no era verdaderamente suyo en un accidente de
coche en que estuvo presente y finalmente salió a flote gracias a un
grupo de música que por cosas de la vida ahora formaba parte de su
vida de un modo más activo de lo que nunca se habría imaginado.
Cuando me separé de él
-porque sí, por increíble que parezca fui yo la que se separó de
Danny-, vi cómo era evidente que alguna lágrima había derramado el
también. Y me sentí horriblemente mal. Nunca imaginé cómo sería
la sensación de verlos llorar, y por desgracia era ya el segundo que
veía... y dolía más qu eun puñetazo en el estómago.
Pocos minutos después
nos trasladamos al salón pues volvíamos a tener frío y me acomodé
en un sofá, dando por hecho que ya no iría a dormir a casa de Matt
porque no pensaba dejarle salir a Danny con las pintas que llevaba y
tampoco le veía por la labor de volver a cambiarse.
“Vimos” un partido
del Bolton. Llegué a pensar que era eso lo único que hacían en la
tele siempre, o que Danny debía de pagar algo, o a saber qué, pero
yo siempre acababa viendo al Bolton jugar. Así que, aprovechando que
Bruce y Ralphie se subieron al sofá que yo ocupaba,
algo raro también porque yo creía que me odiaban, pero ahí estaban
y yo me pasé el partido acariciándolos aunque ya estuvieran ambos
dormidos.
- Danny...
- Dime -murmuró distraídamente.
- Tengo sueño -anuncié.
- Ve a mi habitación.
- Pero...
- Que vayas, la otra habitación está inservible.
- ¿Y tú?
- No tengo sueño.
- ¿Pero y si te da por tenerlo?
- Pues duermo en el sofá.
- Pero esta es tu casa, debería ser yo la que durmiera en el sofá.
- Pues como es mi casa yo hago lo que quiero. Así que vete a mi cama.
- Pero...
- ¡Shhh! Calla, o no vuelvo a hablarte en un año.Me había preparado para volver a protestar y me callé de glpe en cuanto finalizó la frase. No sé por qué, pero Danny se carcajeó por ello.
No sin esfuerzo pues
tenía a Bruce encima mía, me levanté y sin más tonterías
me fui directa escaleras arriba, no sin antes cerrar el piano con
suma delicadeza. Maldito piano y las ganas de Danny de enseñarme la
puta y perfecta cover de My hometown que era capaz de hacer.
- ¡Buenas noches! -exclamó, en tono burlón.Le enseñé mi precioso dedo corazón, y subí las escaleras, metiéndome directamente en el lado de la cama que olía a él, pura y sencillamente por cuestión de poder fangirlear en mis sueños con más vivacidad, quizá.
A las supervivientes de este parón: sois de lo mejor que hay. GRACIAS.