miércoles, 9 de enero de 2013

69 ~ Bracelets.

LO SIENTO. No tengo perdón alguno, lo sé. Pero he vuelto. Debéis odiarme, soy una pésima escritora (en cuanto a constancia se refiere). No puedo daros motivos pues son demasiado personales como para ir contándolos a todo viento, pero no he tardado tanto por simple vaguería, eso tenedlo por seguro.

Me gustaría dedicar este capítulo a @LikeJuddy ,porque soy muy fan de su reacción al saber que estaba escribiendo de nuevo por Skype; a @IreneBurton ,porque... porque sí, y punto; y a @NoGuidinLight ,porque me alegra enormemente haber podido volver a hablar con ella aunque fuera de... ¿en qué se diferencia el catalán del mallorquín?
Os quiero, bitches.

Y aquí tenéis. Espero que os guste al menos un poquitito.




No resultó del todo agradable la idea de Danny de salir fuera a que nos diera el aire. ¿Motivo? Demasiado aire. O no aire, sino frío. Al final acabé con una manta rodeándome, y yo encogida dentro. Aunque Danny también había cogido otra, a él no se le veía temblar bajo el grosor de ésta.

Sabía que ese era el momento en el que yo comenzaba a hablar, pero tenía miedo. Mucho. Y era incapaz de decir palabra. No creo que el castañeo de mis dientes ayudara mucho a dicha tarea, pero mi momento de decisión había pasado para dejar las dudas salir a flote de nuevo.

¿Cambiaría su opinión de mi cuando le contara lo que ocurrió? Quizá fuese aquel mi mayor miedo, mayor incluso que el de confesarme por primera vez. ¿Qué pensaría después de saber lo realmente ocurrido? Siempre había odiado dar lástima, y contárselo sería dar el paso para que sintiera eso hacia mí. Solo quizá.

  • Alice...
  • Espera un segundo -le corté.
  • Solo iba a decirte que...
  • Calla. Voy a contártelo, pero necesito concentrarme un momento -expliqué.

Y conseguí concentrarme. Al menos un poco. Lo necesario para poder comenzar a relatar la historia que nadie sabía excepto mis familiares, Anna y Saray. Yo nunca fui capaz de contarla, pero otros si lo fueron. No pudieron contar con detalles explícitos, pero yo tampoco pude dárselos a Danny esa noche. Le conté básicamente lo que todo el mundo sabía:

    Era una tarde-noche de enero, el veintiséis de enero para concretar más. Llovía a cántaros, pero mi padre y yo tuvimos que coger el coche por una urgencia, o al menos fue eso a lo que llamamos nosotros. Mi madre nos advirtió del mal tiempo, y de que habían predicho que empeoraría, pero no le hicimos caso. Nunca habíamos tenido una oportunidad como aquélla y no podíamos desaprovecharla. Aunque habría sido mejor esperar al día siguiente...
    El término de llover a cántaros se quedó corto en poco tiempo para la tormenta que comenzó. Mentiría al decir que no estaba asustada, pero en ningún momento lo mencioné, y el motivo era claro: ansiaba la recompensa de ese viaje. Más me valdría no haberla ansiado de aquél modo, haberle dicho a mi padre que diera media vuelta, que no importaba si no podíamos encontrar lo mejor, con algo medio o incluso bajo nos bastaría. Pero desde que tenía conciencia había deseado tener lo que al final no pude llegar a tener de todos modos.
    Íbamos por el autopista y la visibilidad era casi nula. Mi padre conducía despacio, y yo vigilaba desde el asiento de atrás por si podía ver algún movimiento inusual del que avisarle. Pero ninguno de los dos vimos aquel coche.
    Fue todo tan rápido... que parecía increíble que siguiera doliendo como dolía el recuerdo. Ojalá ese dolor que sentí en el pecho cuando la música paró al haber chocado el coche contra el lado del conductor del nuestro no siguiera apareciendo cada vez que lo recordaba, pero era incapaz de alejarlo de mí. La sensación de llamar a mi padre, presa del pánico, y que él no me contestara. Me dolía todo el cuerpo, pero quizá si el hubiera sobrevivido, y me hubiera dicho sencillamente que solo habían sido unos rasguños de nada, yo me lo habría creído.
    Pero no sucedió así. Mi padre perdió la vida en ese maldito accidente de coche y yo salí viva. Durante mucho tiempo necesité de ayuda profesional: creía de verdad que no merecía vivir cuando no tenía a mi padre al lado, pensaba y estaba convencida que todo fue culpa mía, que si yo no hubiese tenido tanta ilusión en aquel viaje que cualquier otro día me habría convertido en la niña más feliz de la galaxia mi padre seguiría junto a mí, deseaba poder intercambiar el lugar que él ocupaba por él mío. Era mi padre quien merecía seguir viviendo y no yo.

Fue una final de narración forzado por culpa del nudo que se había instalado en mi garganta y que parecía que se quedaría ahí por un buen rato. Había aguantado increíblemente las ganas de llorar. Y se podría decir que me sentí aliviada, al menos un poco, al acabar de contarle ese trozo de historia a Danny.

Cuando me giré para ver su reacción se me partió un trozo del corazón. Estaba inmerso en la vista del horizonte; algún lugar al fondo de su jardín, o de su mente. Sus ojos brillaban, y no precisamente como brillaban al mencionar a Georgia en cualquier momento del día. Brillaban porque contenían lágrimas, lágrimas que no parecían haberse derramado pero que estaban ahí, y yo las podía ver.

Le miré durante mucho rato, hasta que sus ojos volvieron a la normalidad en cierto modo, pues seguía con la mirada en algún punto fijo, inmerso quizá en a saber qué pensamientos. Por eso pegué un bote en el asiento cuando de pronto carraspeó, y, sin mirarme, me preguntó:

  • ¿Te apetece un chocolate caliente? Hace rasquilla...
  • Ehm... Sí... Claro -murmuré yo, a duras penas.

Estuve cinco minutos sola en el jardín pues los perros habían preferido también irse con Danny. No los culpaba por ello, de hecho, habría deseado poder ser ellos; seguro que habían visto y disfrutado más de lo que podría hacer yo nunca... Pero Danny llegó, y esta vez sin perros. Tontos no eran, con el frío que hacía fuera...

Me ofreció una taza de un chocolate que olía de maravilla y abrasaba, incluso, las manos. Pero era agradable sentir calor en ellas. Pasamos largo rato sin hablar, pero yo ya no tenía más que decir. Lo había contado todo, y me sentía bien, pero probablemente no fuera el mismo sentimiento que Danny sentía. Me preocupaba, por supuesto, pero no pude hacer más.

Acabé por dejar mi taza, ya vacía, encima de la pequeña mesa que tenían en el jardín, y me encogí bajo la manta de nuevo, esperando una reacción de Danny que parecía no llegar... hasta que también dejó la taza a unos centímetros de la mía, habiendo bebido a penas unos tragos.

  • ¿Puedo preguntarte algo? -Su voz sonaba lejana, como si no fuera realmente él quien hablara.
  • Sí, por supuesto -murmuré yo.
  • No. Pregunta no. Dime que todas las pulseras que llevas son por seguir la moda que también le ha dado a Dougie.

Sonaba a dolor, y mi corazón dio un vuelco al instante. Se había fijado, claro que se había fijado. ¿Cómo fui tan estúpidaa de no verlo? ¿Luego era a Danny a quien trataban de tonto? Porque ni un pelo tenía de éllo -aunque pocos tenía de listo también-. Los ojos se me inundaron en lágrimas sin remedio alguno, y quise mirarle a los ojos, pero él seguía mirando la nada.

  • Por favor -pidió.

Una lágrima se me escapó, recorriendo mi mejilla en a penas un segundo. ¿Cómo decirlo? Por supuesto que no era un moda, de eso estaba segura. Pero ¿cómo le decías a una persona, a un ídolo para concretar más, que intentaste suicidarte cortándote las venas y ahora lo ocultabas con pulseras por vergüenza a haber cometido semejante insansatez? ¿Como se suponía que se confesaba algo así?

  • Puedo... Puedo decírtelo si es eso lo que quieres escuchar...
  • ¿Pero?

Supe que le costó la vida preguntar sencillamente eso, y me dolió. Mucho. Más que las veces que quise quitarme la vida. Fue él quien, indirectamente, consiguió que dejara de hacerlo. Verle sonreír en la pantalla del ordenador hacía que automáticamente se me instalara a mí una sonrisa en la cara; ver vídeos en los que se reía como sólo él sabía conseguía que yo riera también, aun creyendo que no tenía motivos para hacerlo. Fue él, junto con el resto de McFly, quiene me salvaron, literalmente, la vida. Por eso mismo la respuesta fue sencilla:

  • Pero no puedo mentirte.
  • Oh, Alice...

Inmediatamente sentí sus brazos alrededor de mi cuello, abrazándome con fuerza, como si pudiera así conseguir que aquel dolor que causé, a mí y a mí familia, desapareciera por arte de magia. Ambos sabíamos que no podía ser posible, pero de todos modos así lo hizo.

Lloré contra su hombro, liberando una tensión que había estado acumulando desde el momento en que me senté en aquella especie de sofá para contarle a uno de mis salvadores la historia que poca gente sabía de mí. Me alegraba de poder haber roto la barrera que me impedía mostrarle al mundo la verdadera Alice, la que se derrumbó por quedar en su recuerdo la muerte de un padre que no era verdaderamente suyo en un accidente de coche en que estuvo presente y finalmente salió a flote gracias a un grupo de música que por cosas de la vida ahora formaba parte de su vida de un modo más activo de lo que nunca se habría imaginado.

Cuando me separé de él -porque sí, por increíble que parezca fui yo la que se separó de Danny-, vi cómo era evidente que alguna lágrima había derramado el también. Y me sentí horriblemente mal. Nunca imaginé cómo sería la sensación de verlos llorar, y por desgracia era ya el segundo que veía... y dolía más qu eun puñetazo en el estómago.

Pocos minutos después nos trasladamos al salón pues volvíamos a tener frío y me acomodé en un sofá, dando por hecho que ya no iría a dormir a casa de Matt porque no pensaba dejarle salir a Danny con las pintas que llevaba y tampoco le veía por la labor de volver a cambiarse.

Vimos” un partido del Bolton. Llegué a pensar que era eso lo único que hacían en la tele siempre, o que Danny debía de pagar algo, o a saber qué, pero yo siempre acababa viendo al Bolton jugar. Así que, aprovechando que Bruce y Ralphie se subieron al sofá que yo ocupaba, algo raro también porque yo creía que me odiaban, pero ahí estaban y yo me pasé el partido acariciándolos aunque ya estuvieran ambos dormidos.

  • Danny...
  • Dime -murmuró distraídamente.
  • Tengo sueño -anuncié.
  • Ve a mi habitación.
  • Pero...
  • Que vayas, la otra habitación está inservible.
  • ¿Y tú?
  • No tengo sueño.
  • ¿Pero y si te da por tenerlo?
  • Pues duermo en el sofá.
  • Pero esta es tu casa, debería ser yo la que durmiera en el sofá.
  • Pues como es mi casa yo hago lo que quiero. Así que vete a mi cama.
  • Pero...
  • ¡Shhh! Calla, o no vuelvo a hablarte en un año.
    Me había preparado para volver a protestar y me callé de glpe en cuanto finalizó la frase. No sé por qué, pero Danny se carcajeó por ello.

No sin esfuerzo pues tenía a Bruce encima mía, me levanté y sin más tonterías me fui directa escaleras arriba, no sin antes cerrar el piano con suma delicadeza. Maldito piano y las ganas de Danny de enseñarme la puta y perfecta cover de My hometown que era capaz de hacer.

  • ¡Buenas noches! -exclamó, en tono burlón.
    Le enseñé mi precioso dedo corazón, y subí las escaleras, metiéndome directamente en el lado de la cama que olía a él, pura y sencillamente por cuestión de poder fangirlear en mis sueños con más vivacidad, quizá.




A las supervivientes de este parón: sois de lo mejor que hay. GRACIAS.

martes, 16 de octubre de 2012

68 ~ Reality.

Hello! Gracias por los... ah, no, que no hay comentarios. Bueno, pues nada. Si no os gusta decídmelo porque dejo de subir y hacer de estúpida, que en mi cabeza todo esto queda muy bien, y si tengo que hacer el esfuerzo para escribirlo lo mejor que sé y que nadie lo lea, pues... digamos que me da por saco. Pero nada, aquí tenéis un capítulo algo corto, pero ¿qué se le va ha hacer? Tiene que haber de todo (?)



El lugar al que me llevó resultó ser un restaurante de lo más normal. Normal excepto por eso de que dio la casualidad de estar repleto de groupies que no dejaban de acosar a Danny con comentarios que, de no haberme pedido él explícitamente que no hiciera nada que pudiera ser publicado al día siguiente en toda la prensa, habría cortado más de una cabeza simplemente con el filo de una bandeja.

Pudimos comer tranquilamente en la zona que el restaurante nos dejó para que no nos marcháramos cagando leches de ahí, y tuve miedo por si hubiera algún paparazzi cerca. No quería que se especularan cosas raras, no quería rumores sobre cuernos de Danny a Georgia y mucho menos si yo estaba por en medio.

En realidad hablamos de tonterías en general mientras Danny no dejaba de escupir comida cuando reía por un comentario groupie que yo pudiera dirigirle, aunque por suerte estábamos lo suficientemente lejos como para que no llegaran a mi los restos de su comida y usé en varias ocasiones la servilleta como escudo.

Danny se interesó por cómo los conocí y le dije la verdad, que fue por puro azar. Era irónico, también, que los hubiera descubierto en uno de los cumpleaños de Bruce, pero era parte de la verdad. Ese día yo me dedicaba a mirar vídeos en YouTube que habían empezado siendo del Boss y habían acabado en Busted cuando por casualidad salió 5 colours in her hair. Lo demás fue pura y simple investigación... hasta crear una aguda obsesión por ellos.

    - Entonces, ¿te fijaste en Doug antes que en mí? -me recriminó, señalándome con la cuchara del postre. 
    - Es que era tan mono... -me excusé yo. 
    - ¿Y yo no? ¡Venga, va! -bromeó. 
Risas que inundaron la sala. 
    - Tú fuiste el segundo, jolín. 
    - Ya, ya, pero como el puesto del pollito ninguno -insistió. 
    - Vale... Siento no haberme fijado en ti antes que en Dougie, pero es que quizá antes las pecas no me gustaban tanto como ahora... -dije para volver a picarle. 
    - ¡Vete a la mierda un rato! -Objetivo conseguido. 
    - Es que te picas muy rápido -reí. 
    - Sí, sí, muy gracioso. Pero esta comida te la paga tu puñetero padre.

Me quedé en silencio de golpe. Clavé mi mirada en la de Danny y quise perderme en ella en lugar de en los horribles recuerdos que comenzaron a atacar mi mente. El padre al que se refería Danny era Matt, claro, pero yo no podía pensar en él como tal. Al menos no todavía...

    - La he cagado. Joder, lo siento -se apresuró a decir y se levantó para acercarse a mí y quedarse en cuclillas a mi lado, apoyando sus manos en mis rodillas. 
    - No... no te preocupes -murmuré. 
    - ¿Quieres que nos vayamos? -Sus ojos me pedían perdón, pero yo era incapaz de reaccionar. 
    - Por favor -me limité a decir.

No estaba preparada. Aunque ya hubieran pasado siete años no podía olvidar aquello; era imposible. Y ni siquiera tener a Danny a mi lado me distrajo ni un sólo segundo. Volvimos al coche y por mil perdones que él me pidiera yo era incapaz de poder decir nada. Era eso o echarme a llorar... y había decidido que no se podía llorar tantísimo como yo lo hacía.

    - Alice, por favor, dime algo o te llevo al hospital -dijo serio. 
Lo haría como no respondiera, así que lo hice: 
    - Estoy bien. 
    - No, no lo estás. Mándame a la mierda o algo, pero vuelve a ser tú -pidió. 
    - Pecoso, estoy bien. -Intenté sonreír. 
    - Gracias.

Después de un millón de perdones más, llegamos a casa de Matt y Danny me dejó justo en la puerta de ésta, pidiéndome de nuevo perdón y yo le repetí que no pasaba nada y que mañana sería un nuevo día. En realidad sí que pasaba, y aunque el día siguiente fuera un nuevo día (obviamente) yo no podría alejar esos malditos recuerdos de mi cabeza. ¿Que eran torturadores? Sí. ¿Que no me gustaban? También. Pero ¿qué le iba a hacer?

El resto de la tarde estudié griego hasta que me salió por los codos. Aprobaría el examen con un diez, como poco. Así que cuando estuve harta, me di una larguísima ducha, me puse una camiseta de Dougie como pijama que había rescatado porque él ya no la quería y bajé a conectarme un poco en twitter.

No había sabido nada de él en toda la tarde, pero cuando hizo su aparición me dijo que se iba a casa de Tom y que probablemente aquella noche no volvería. Me pareció bien -y aunque no me pareciera bien. Dougie iba a hacer lo que le saliera de los huevos, obviously-, así quizá se despejaba un poco y yo no tendría que aparentar no saber nada de lo que le ocurría.

    - ¡Eh! -me quejé cuando se iba. 
    - ¿Pasa algo? -preguntó, preocupado. 
    - ¿Y mi beso? 
Sonrió de oreja a oreja cuando vio que solo se trataba de eso y vino, me plantó un sonoro beso en la mejilla y volvió de nuevo sobre sus propios pasos. 
    - Adiós, Alice -gritó justo antes de cerrar la puerta.

Y me quedé sola durante un semana. No sola del todo, pues seguía teniendo en casa a mi madre, a Matt, a Jeff y a Beth, y en el instituto a Brooke y Mark, pero no supe nada de los McPutos en toda la semana siguiente. No quise ser pesada por una vez en la vida y no les molesté ni por twitter, que fue lo que más me costó.

Pero el viernes siguiente llegó, y con ello también los deberes del fin de semana que acabé bastante temprano. Ya sólo me quedaba estudiar cuando decidí que lo haría durante el resto del fin de semana, así que sin molestarme en recoger los libros del escritorio puse un CD. Lucky town siendo más concreta. Me quedé en la cómoda silla que usaba para hacer los deberes mientras lo escuchaba al completo, disfrutando de verdadera buena música a la vez que daba vueltas en la silla observando todos y cada uno de los pósters que adornaban mi habitación.

Hasta que sentí que alguien había abierto la puerta por el nuevo rallo de luz que inundó la habitación. Inmediatamente di la vuelta a la silla y me encontré con varios miles de pecas concentrados en una única persona. Sonreí como si la vida me fuera en ello pues me alegraba enormemente volver a verle después de una semana. Y así conseguí que él sonriera también. Magnífico todo.

    - Vengo a ver si puedo raptarte un rato -le escuché decir lejanamente a causa de lo fuerte que tenía yo la música puesta.

Sonaba Souls of the departed cuando Danny hizo su aparición, por casualidades de la vida, y ambos sabíamos perfectamente que esa era la canción que precedía a... la canción. Así que cuando tan sólo habían sonado un par de segundos de My beautiful reward me apresuré a apagar el reproductor de música.

    - A mí no me molesta -murmuró Danny como si nada, cerró la puerta de mi habitación y se sentó en el borde de mi cama, sin quitarme ojo. 
    - Lo sé, pero si quieres que te preste atención era mejor que lo quitara. 
    - Cierto.

Y así se quedó. Observó las paredes de mi habitación con detenimiento, sin dirigirme una mísera palabra más, pero yo tampoco le dije nada. Decir que no le observé yo durante todo aquel tiempo sería mentir, y las vistas me gustaban muchísimo en aquel momento, así que no dije nada... hasta que nuevamente volvió a posar su mirada en la mía. Eso seguía poniéndome nerviosa, por lo que rápidamente la aparté.

    - ¿Qué era lo que querías? 
    - Ah, sí. Que te vengas a casa y me enseñes a tocar My hometown con el piano. 
    - No me necesitas para eso. 
    - Soy demasiado vago como para hacerlo solo -se limitó a responder.

Y tuve que acceder. Sabía de sobra que no quería que fuera a su casa para “enseñarle a tocar el piano”. Sabía perfectamente qué me iba a preguntar. Sabía que no lo admitiría hasta que llegáramos a su casa, así que no dije nada durante el viaje en coche y me limité a disfrutar las canciones que tenía puestas en el coche; no se podía discutir que su gusto musical era exquisito.

Una vez en casa del pecoso me fui directa al piano que tenía y toqué melodías al azar, sencillamente por tocar las teclas de aquel piano mientras Danny les daba su correspondiente dosis de cariño a sus perros. Volvía a no estar Georgia, y eso me incomodaba pues le daba rienda suelta a Danny para poder hacer lo que quisiese conmigo. Y yo que era tonta, obviamente accedería de nuevo aunque no estuviera preparada en absoluto. Se trataba de algo que nunca había hecho, y que me daba muchísimo miedo. Pero lo haría porque él me lo pediría.

Unos minutos después apareció de nuevo, habiendo cambiado los pitillos negros, las botas marrones y la camiseta de manga corta blanca que llevaba por una de negra y un pantalón de chándal gris. ¿El calzado? Esas chanclas que todo guiri lleva por Mallorca y que hicieron que me entraran una ganas tremendas de carcajearme allí mismo, pero me contuve mientras seguía tocando y cantando muy bajito Eres, de Dani Martín.

    - ¿Me cantas algo antes? -le pregunté temerosa, pero por suerte recibí un asentimiento acompañado de una hermosa sonrisa como respuesta.

Y así hizo. Le dejé todo el sitio que pude en la banqueta y comenzó a tocar My hometown. Era tonto, sin lugar a dudas, y por eso golpeé con mi puño su hombro al escuchar las primeras notas. Él rió, pero siguió tocando, y cantando, lo que al fin y al cabo es una versión maravillosa.



    - Gracias -sollocé en cuanto acabó.

Había procurado que no notara que varias lágrimas habían caído sin remedio de mis ojos para que no dejara de tocar, pero fue imposible controlar mi voz en ese momento. Y eso mismo consiguió que Danny saliera de la cúpula que él mismo se había formado al comenzar a cantar e inmediatamente me abrazara por los hombros.

    - No pretendía hacerte llorar, Alice... Perdóname -murmuró contra mi pelo. 
    - ¿Pero tú eres idiota? Esto es lo mejor que me ha pasado después de conocernos y vas y me pides que te perdone... 
    - Soy el tonto, ¿creías que lo entendería? -bromeó, sin dejar de abrazarme. Y se lo agradecí interiormente. 
    - No eres tonto -aseguré yo. 
    - Me sobreestimas. 
    - ¡No es verdad! -Me separé de él inmediatamente, aunque entre sus brazos se estuviera realmente bien-. No negaré que llevo siete años diciendo eso de ti, pero mi concepto sobre ti cambió cuando te conocí... -Mi voz se fue apagando a medida que la frase avanzaba, contrarrestando con el creciente color rojo de mis mejillas, que llegaron a confundirse con el de mi camiseta. 
    - Qué boba eres... -Me dio un rápido estrujón y se levantó enseguida-. ¿Vamos fuera, a que nos de el aire? 
Asentí, obviamente, hipnotizada por sus ojos.

No pensaba en las posibles consecuencias que podrían llevar lo que hiciera, pero por una vez en la vida me arriesgaría. ¿No suelen recomendar, cuando se ha tenido un accidente, coger el coche lo antes posible? Quizá yo hubiera esperado demasiado, quizá hubiera tenido que hacerlo antes, quizá la persona que elegía era la incorrecta, pero era la persona en la que más confiaba en aquellos momentos. Entonces, ¿me equivocaba o no?



p.d.: Subí la segunda parte de My hometown (no lo he hecho a propósito, porque escribí el capítulo después de subirlo, pero ha dado la casualidad), por si la queréis leer y tal, aunque lo dudo MUCHO, pero ahí está...

http://mylittlestories-ursula.blogspot.com.es/

viernes, 28 de septiembre de 2012

67 ~ Freckeled.

Here I am! Esta vez no he tardado tanto, porque aprecio muchísimo a las que os habéis quedado aquí a pesar de mis tardanzas. Antes de nada, agradecer a todas los comentarios, que además me enteré que tengo una lectora chilena y eso es alskdjfhg. Así que nada, os dejo con un capítulo caca, pero qué se le va a hacer... Imaginación hay poca.

AVISO: Cuando acabé el anterior capítulo no sabía qué más hacer, así que ese día se acaba ahí, y el capítulo de hoy es ya... Viernes, 2 de diciembre de 2010.




Desperté antes que mi alarma del móvil sonara y creí estar en Mallorca por un momento. ¿Desde cuándo en Londres brillaba el sol? Por lo que rápidamente me levanté, ganándome también un pequeño mareo y corrí a abrir las cortinas para llenarme de toda la vitamina D que pudiera antes de volver a encerrarme en aquella prisión a la que los padres llaman instituto.

Mala idea lo de abrir las cortinas, sí. Pude ver en el jardín a Dougie, hablando por teléfono y moviéndose de un lado a otro. Sinceramente, no podría haber elegido esa imagen como demostración de la felicidad. Además, se escuchaban murmuros a través del cristal, pero estaba segura que en realidad estaba hablando más fuerte de lo normal.

Me preocupé, obviamente. ¿Qué estaba pasando? Y no pude quedarme en mi habitación, tranquilita como una buena persona, porque yo soy Galaxy Defender, y si alguno de ellos no está del todo bien... malo.

Corrí por el pasillo hasta llegar a las escaleras y las bajé con cuidado de no caerme, pero cuando llegué al último escalón comencé a ir lento y pisando lo menos posible hasta la cocina para espiar a Dougie desde la puerta que daba al jardín trasero.

Mala idea también. Se podría decir que mis peores sospechas se cumplieron, por desgracia: era Frankie, y no había ninguna duda. Corrí de puntillas hasta situarme al lado de la puerta pues no era tan tonta de quedarme delante cuando era de cristal. Peor idea.

    - ¡Que sí, hostia! Siempre todo como tú digas -gritaba él-. No te preocupes que mañana ya no habrá de mi mierda por ahí si es lo que quieres. -Un silencio. Hasta yo escuchaba a Frankie desde allí, pero las palabras no las distinguía-. Perfecto. Me parece perfecto -gruñó-. Adiós.

Un nuevo y descomunal instinto asesino se apoderó de mí, aunque yo deseé que se fuera. ¿Cómo era capaz de seguir jodiéndole? ¿Es que esperaba que yo la matara o era más tonta que las piedras?

    - ¡Joder! -Fue lo último que le escuché decir después de oír un pequeño estallido. ¿Era un móvil rompiéndose?

Me sentí una mierda. No por haberle espiado pues ese era el menor de los problemas, sino por saber que la cosa no había mejorado y que Dougie no podía seguir así. ¿Cómo estaría después de lo que yo acababa de escuchar? ¿Dejaría de hablarme? ¿Se iría a Dios sabía dónde?

Opté por aparentar que no había escuchado ni visto nada: me preparé un tazón de leche con cereales como cualquier otra día por si apareciera de un momento a otro, me senté a la mesa e intenté desayunar como si no hubiera pasado nada.

Pero sí había pasado, y dudaba de mí misma a la hora de poder dirigirme a Dougie. ¿Sabría disimular lo suficiente? Lo averiguaría en cuanto entrara por la puerta... y lo hizo. Estaba serio, muy serio, hasta que me vio allí sentada y esbozó un intento de sonrisa.

    - Buenos días -dijo. 
    - Buenos... Buenos días -murmuré yo.

Desapareció. Se perdió, quizá por el salón, o quizá a su habitación. No lo sé. Pero me lo mostró un par de minutos después cuando reapareció con un preciado paquete de tabaco y un mechero en la mano, y un cigarrillo ya en la boca. Y salió nuevamente al jardín.

No quise liarla más y en cuanto acabé de desayunar subí a mi cuarto en vez de salir yo también y preguntarle qué le pasaba como habría hecho de no haberlo escuchado. Me vestí, me aseé, cogí mi móvil y bajé para sentarme en el sofá y ver si Tom había tweeteado algo desde que yo no me conectaba.

Pero por desgracia la hora de marcharme llegó, así que me despedí de Matt, de mi madre, de Jeff, de la ya embarazadísima Beth... y también tenía que hacerlo de Dougie si lo que debía era aparentar que no había escuchado nada. Y así hice, encontrándomelo sentado en el balancín del porche trasero con los pies encima de la mesita y el cenicero a su lado con un par de colillas ya.

    - Dougie, me voy... -susurré. 
Él se limitó a asentir, por lo que retrocedí un sólo paso. 
    - ¿Y mi beso? 
No pude esconder mi emoción después de que me dijera eso y rápidamente me acerqué a él para besar su mejilla sonoramente. Y después de que me dedicara una sonrisa sí que me dispuse a entrar en casa para poder irme al instituto muy a mi pesar. 
    - Alice. -Su voz me detuvo cuando estaba a punto de pisar el parqué de la cocina, por lo que me giré. 
    - Dime. 
    - ¿Has escuchado algo? 
    - ¿Cuándo? -pregunté, inocente. ¿Colaría? 
    - Nada... Tonterías mías. 
    - Pues yo me voy ya... a no ser que quieras impedírmelo -insinué. 
    - No querría que te pasaras el único día de sol que verás en Londres conmigo, prefiero que lo hagas aburrida y encerrada en ese sitio al que yo no pienso volver -bromeó él.

Las cosas estaban bien, o al menos parecía que Dougie haría caso a Danny y aparentaría ser feliz para que los demás no se preocuparan tanto por él... aunque yo seguiría preocupándome igual por él por haberme metido donde no me llamaban.

Así que fui a casa de los Graddon para dirigirnos juntos al instituto y por el camino me encontré con un Tombie que iba a despertar a Danny sólo para molestarle un poco ya que Giovanna se había ido de casa temprano y Georgia también estaba fuera desde el día anterior.

Las perocupaciones desaparecieron durante la mañana; hice dos malditos exámenes que me salieron realmente bien teniendo en cuenta que no eran de mis asignaturas preferidas (filosofía y latín), disfruté del sol que creía ya desparecido en los recreos y charlé con Brooke y unas cuantas GDs más que había conseguido conocer gracias a ella.

    - ¿Por qué no podemos decir nada sobre que los conoces? -me preguntó nuevamente de camino a casa, cuando tan sólo estábamos ella y yo. 
    - Porque no quiero que deseen matarme sólo por ser su amiga... que ya bastante me cuesta asimilarlo a mí. 
    - ¿Sólo por ser su amiga? Alice, ¡Dougie vive contigo! -exclamó, incrédula por mis palabras. 
    - ¿Y tengo yo la culpa? 
    - Fuiste  la que le ofreció hacerlo -me recordó, mirándome como si fuera a asesinarme. 
    - Pero no le obligué. En su derecho estaba de decir que no... 
    - Y le habrías arrancado a Willy de haber sido así. 
    - ¡Brooke! -me quejé. 
    - ¿Es o no verdad? 
    - Pues claro que no. ¿Tú lo habrías hecho? 
    - Lo habría amenazado, por lo menos -dijo como si fuera lo más normal del mundo. 
No pude evitar reír. 
    - Anda que esperáis. -Mark apareció de repente, parecía incluso que el corazón se le iba a salir por la boca de lo que había corrido para llegar hasta nosotras ya que no estábamos precisamente cerca del instituto. 
    - ¿No tenías examen de economía a última hora? -le preguntó su hermana. 
    - Sí. 
    - Pues eso. 
Mark se limitó a bufar, y yo tuve que reír por la situación. Aunque ellos tuvieran algunas discusiones, ni por asomo su relación era tan destructiva como la mía con mi hermano. 
    - ¿Te quedas a comer en casa? -me preguntó Brooke, después de haber escuchado en silencio 5 colours in her hair y Nothing; siempre escuchábamos su música por el camino. 
    - No, yo me voy a casa de Matt. 
    - ¿Puedo preguntarte algo? -Mark hizo su primera intervención después de su repentina aparición. 
    - Claro. 
    - ¿Por que la llamas casa de Matt y no simplemente mi casa, o casa? -inquirió. 
    - Pues porque... no es mi casa. 
    - Vale -murmuró, insatisfecho por mi respuesta. 
    - Dale recuerdos a Dougie -me dijo Brooke aprovechando que ya habíamos llegado a su casa. 
    - No sé si pasaré primero por casa de Tom... -dejé caer, aunque en realidad me fuera directa a donde desde un principio había dicho. 
    - Zorra -murmuró por lo bajo. 
    - Yo también te quiero. -Reí y pasé de largo su casa. 
    - ¡Adiós! -me gritaron ambos hermanos. 
Yo los despedí con un movimiento de mano, sin molestarme en girarme siquiera.

Volví a casa de Matt en autobús porque de repente me entró una pereza increíble. Seguí escuchando música, y justo cuando el bus se detuvo en mi parada recibí un mensaje del genialísimo Danny.

¿Te vienes a comer conmigo? Me aburro y los capullos que tengo por amigos están “ocupados”

No le respondí. Era más rápido llamarle, por lo que así hice... Y el capullo tardó la vida en cogérmelo. Menos mal que se aburría...

    - Acabo de llegar a casa de Matt, Danny... -le dije en cuanto al fin descolgó. 
    - Lo sé, te estoy viendo.

Colgué. Yo todavía no lo había visualizado, pero si me decía que me veía... no podía estar lejos. Y no lo estaba; lo vi en su coche, aparcado justo enfrente del jardín, con la rueda de la parte del copiloto encima del bordillo.

Habría preferido que no saliera de su flamante BMW serie 3, o al menos que no lo hiciera tan sexymente como lo hizo. Obviamente llevaba esas Ray-Ban de pasta negras que tan bien le quedaban, que para un día que hacía sol... Y las combinaba con unos pitillos grises, unas Vans negras y el chaquetón a cuadros rojos y negros, consiguiendo que me diera un mini infarto después de que se apoyara con una sola mano en el coche y me esperara con una radiante sonrisa.

Cuando llegué a su lado me abrazó. 
    - ¿Así que soy tu última opción? -le recriminé. 
    - Es que no quiero ser el causante de tu fracaso escolar... Ahora vas a estar una semana pensando en esta tarde aunque no hagamos nada de lo que podamos arrepentirnos. 
    - Danny, no voy a malinterpretar cada frase que digas. Sé controlarme -dije. Me parecía increíble que siguiera con lo mismo después de haberlo solucionado todo. 
    - Por si acaso. Venga, entra -me instó. 
    - Espera que avise a mi madre y eso ¿no? 
    - ¿Por qué coño tendrás que ser menor? Hay veces que no lo pareces... 
    - Vale. Ahora vuelvo. 
Él se limitó a asentir, por lo que salí corriendo para entrar y poder irme con el pecoso rápido.

Subí la mochila a mi habitación y dejé los auriculares que no me había quitado de las orejas tirados de cualquier manera por la cama porque con Danny no necesitaba ponerme música en mi móvil, cualquiera que él pusiera (cantara aún mejor) era sencillamente genial.

Y entonces comencé a llamar a mi madre y a Matt a voz de grito una y otra vez mientras bajaba las escaleras, pero no obtuve respuesta. Dougie debía haberse esfumado también porque supongo yo que habría aparecido de haberme escuchado a mí gritar como una loca...

Así que sólo me quedaba probar si estaban en el jardín pues sinó tendría que improvisar una nota de tipo “Mamá, me he ido a comer con Danny. No sé cuando volveré, pero no te preocupes por lo que todos estos años te he contado sobre él; en realidad es buena persona, o al menos conmigo lo intenta” y después dejaría de verlo.

Pero lo que vi al abrir la puerta trasera no me gusto demasiado. Dougie. Si no estaba en la misma posición en la que lo había dejado, se había movido bien poco. Pero la pila de colillas que ya se acumulaban en el cenicero que seguía a su lado me indicaba que, por lo menos, había tenido que ir a por otro paquete de tabaco.

    - ¿Te pasa algo, Dougie? -me atreví a preguntar en un susurro.

No me contestó. Cierto era que tenía los ojos cerrados, pero no estaba dormido. Demasiadas fotos le había hechado Harry durmiendo como para no saber diferenciarlo yo en aquel momento. Me decidí a moverme de donde me había quedado petrificada y me senté en el balancín al otro lado de Dougie, y fue entonces cuando abrió los ojos de repente y sólo cuando me vio su rostro se suavizó y consiguió esbozar una sonrisa.

    - ¿Estás bien? -logré preguntar de nuevo. 
Obtuve un sencillo asentimiento como respuesta.

No, no lo estaba. Agaché la cabeza y, esperando que no se enfadara conmigo, cogí su mano con la mía, viendo que tenía hasta los dedos amarillos de lo que había fumado; él se apresuró a apretarme la mano y yo le correspondí.

    - ¿Sabes dónde están mi madre y Matt? -le pregunté volviendo mi vista hacia él. 
    - Jeff me ha dicho que se iban los cuatro a comer no sé dónde -murmuró. Su voz sonó ronca, demasiado para poder gustarme. 
    - Pues a mí me ha dicho Danny que vaya con él. Dice, además, que sois unos capullos -añadí la última frase con una sonrisa para ver si conseguía que le cambiara la cara... y algo hice. 
    - No le digas que estoy aquí, se supone que estoy ocupado -me guiñó un ojo. 
    - Vale. ¿Le dirás tú a Matt dónde estoy? No sé cuándo me traerá de vuelta, pero tengo que estudiar griego. 
    - Claro. Obviaré lo de estudiar porque entonces te hará venir pronto. 
    - Gracias -dije alargando mucho la segunda “a”. 
    - Mi beso -me recordó en cuanto me levanté. 
Mi beso -me recordó en cuanto me levanté.

Entré en el coche de Danny como si nada hubiera pasado, con una sonrisa en mis labios, y me respondió mirándome con un falso desdén, encendió el motor, sonó Crazy de Aerosmith, y comenzó el viaje que no sabía dónde acabaría... por lo que pregunté:

    - ¿Dónde me llevas, pecas? 
    - No sé si te llevaré a ningún sitio tardando lo que tardas y llamándome como me llamas -murmuró, intentando parecer enfadado. 
    - Ya te he dicho que tú a mí no me das clases de puntualidad, y te llamo como te llamo porque te picas y es divertido. 
    - Enana... -murmuró de nuevo, pero esa vez mucho más bajito intentando que no lo escuchara. 
    - Lo tengo más que asumido, pecoso. -Recalqué la palabra con todo el rintitín del mundo.

Su cara se volvió muchísimo más seria: le había tocado la fibra. Quizá no me hablara durante un rato, por lo que acabé de cantar la canción y, en cuanto se paró en un semáforo me apresuré a abrazarle y besar su mejilla sonoramente.

    - Si sabes que te quiero más que a nada, tonto. 
    - ¿No ves que estoy conduciendo? -me riñó. 
    - Estás parado. Y no intentes enfadarte conmigo porque perderás. 
Se giró hacia mí y alzó una ceja. Yo le respondí con el mismo movimiento, pero entonces el coche de atrás nos pitó porque se veía que el semáforo se había puesto en verde para nosotros. Y tuve que reír. 
    - ¿Qué es lo que perderé, si se puede saber? 
    - Tengo que pensarlo. Pero no me retes, Jones. Sé más de tu vida que tú mismo, así que tú verás... 
    - Eres perversa, y a veces te odio -se limitó a decir. 
Subió el volumen del reproductor cuando la canción que sonaba era Because the night, de Bruce, y siguió conduciendo como si nada.

Había ganado yo.




See ya! <3

sábado, 22 de septiembre de 2012

66 ~ Not what they thought.

LO SIENTO. Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento... Sé que merezco morir sin escuchar el nuevo CD de McFLY, pero por favor, perdonadme. Os juro por lo que más quiero que no volverá a pasar tanto tiempo hasta que su ba el siguiente capítulo, pero es que he tenido una serie de problemas bastante grandes en casa... Y no tengo que contaros mi vida. Os dejo con el capítulo, que encima de mala escritora, soy una pesada.

Este capítulo se lo dedico a @NoGuidinLight (otra vez, creo) porque la quiero, y porque me da la gana, y punto. Es un poco caca, y os pido de nuevo disculpas, pero intentaré que los próximos sean mejores.




La noche anterior había estado repleta de momentos que nunca habría esperado vivir, pero ¿y aquella mañana que desperté con los brazos de alguien rodeándome por completo, en mi cama, y sin que yo volviera a acordarme de nada?

Intenté sin ningún resultado llegar al momento de mi memoria en que me metía en la cama con alguien, pero lo último que recordaba era haberme metido en ropa interior -sin pararme a poner el pijama por lo cansada que estaba- después de despedir a Dougie justo delante de la puerta de mi habitación.

No había abierto los ojos, y temía hacerlo pues esos en absoluto eran los brazos de Dougie. Y sabía perfectamente de quién eran cuando me paré a analizar la situación, a realmente sentir esos músculos rodeándome y un pecho duro que descansaba ligeramente sobre mi espalda, su aliento cálido impactando en mi nuca y haciéndome llegar un horrible olor a alcohol.

Era Harry, sí, y me tenía literalmente presa entre sus brazos. Por más que intentara moverme para separarme de él, su agarre era férreo y no me dejaba salir de ningún modo si yo seguía con la intención de no despertarlo. Y seguía con ella, porque en aquellos momentos, sin haberme tomado mi vaso de leche con Nesquick de cada mañana, no me apetecía nada tener que discutir con alguien que tendría una resaca infernal por qué pasó para que acabara durmiendo en mi cama sin mi consentimiento. De eso estaba segura: no le había invitado a entrar.

Gracias a Dios, y nunca mejor dicho pues fue él mismo quien apareció, escuché a Tom -tenía que serlo- silbando la marcha nupcial de camino, supuse que dirigiéndose al cuarto de baño que había al lado de la habitación de Dougie. Quizá se dirigiera a alguna de nuestras habitaciones, pero lo dudaba bastante.

Así que comencé a gritar su nombre en susurros con tal de no despertar al gigante con el que inesperadamente compartía cama. Primero dejó de silbar y prestó antención por si no eran imaginaciones suyas que alguien le pedía socorro, así que volví a llamarle y segundos después vi su cabeza asomarse por la puerta de mi habitación. Y su cara al enfocarme bien en la oscuridad -y también a mi acompañante- no fue nada que no esperara.

    - ¿Qué coño...? -Abrió aún más los ojos si es que se podía. 
    - Esas palabras, Tom -le regañé yo. 
    - Son necesarias en este momento. ¿Me explicas qué es esto? 
    - No lo sé. Pero sácame de aquí, por favor -supliqué. 

Tom se acercó a mí sigilosamente. Era una suerte que puediera dejar a un lado su enorme lado cotilla y viniera a ayudarme, aunque sabía que después me esperaba... algo que no llegaba a identificar con claridad. Él también intentó sacarme de ahí con delicadeza, pero como no funcionaba ni estirándome de los brazos ni de las piernas, optó por hacerlo con tanta fuerza que cuando consiguió que saliera cayó al suelo de culo. Y yo encima suya.

Tuve que contener la risa, aunque lo mío me costó pues la situación era realmente para reírse. Pero la risa dejó paso a la vergüenza cuando Tom comprobó mi indumentaria.

Sabía yo que no tendría que haber hecho caso de Georgia, quien insistió en que me lo comprara porque era sexy y me quedaba muy bien -porque sí, también me dijo que debía probármelo-, ni a Brooke cuando me obligó a ponérmelo por si Dougie reclamaba su polvo cumpleañero.

Estaba claro que yo no me veía ni sexy ni muy bien con él puesto porque siempre había sido la persona con menos autoestima del planeta, y tampoco habría pretendido nunca darle un polvo cumpleañero a Dougie por mucho que pudiera fantasear con que él me regalara el mío, pero las hice caso porque... no sé porqué las hice caso, pero la cuestión es que lo hice y conseguí así que, al verme Tom y quedarse con la misma cara llena de sorpresa, desconcierto y hasta también vergüenza, mis mejillas se tiñeran de rojo en una respuesta involuntaria de mi cuerpo pues yo habría preferido esconderme debajo de la tierra y no volver a salir de allí.

Pero obviamente eso no ocurrió. Me quedé igualmente en la posición que la caída me había dejado, encima de Tom, con ese conjunto de lencería, rosa y negro, con encaje.

Hasta que Tom reaccionó y rápidamente se quitó la camiseta para ofrecérmela como buen caballero que él es, sin pararse a pensar que estábamos en mi habitación y que podría haber cogido una de las mías, pero ¿para qué regañarle esa vez? Mentiría si dijera que no me quedé varios segundos sin reaccionar pues tenía una estrella de lo más bonita delante adornando el pecho de uno de mis amados.

    - Alice, por favor... -me instó.

Entonces fue él el que se puso colorado, así que me apresuré a ponerme la camiseta que me había ofrecido -de Tom & Jerry-, me levanté de un salto, le ofrecí la mano a Tom para ayudarle a levantarse y salí de la habitación escoltada por mi salvador.

Tom dejó que desayunara tranquilamente mientras veía la MTV para comenzar a interrogarme y se dedicó a trastear con el móvil mientras tanto.

    - ¿Qué ha pasado? -me preguntó en cuanto dejé mi taza de Mickey Mouse en la mesita del salón, donde nos habíamos instalado. 
    - No lo sé. Ayer no estaba en mi cama cuando yo me dormí -aseguré. 
    - Pero le dejaste entrar después -dijo como si realmente hubiera pasado. 
    - ¡No! Te prometo que no tenía ni idea de que estuviera allí hasta que me he despertado. 
    - ¿Entonces...? -pretendió insinuar. 
    - ¿No recuerdas el pedo que pilló ayer? Pues se metió en mi cama así porque sí -dije-. Por cierto... -rápidamente cogí mi móvil pues la noche anterior lo dejé en la misma mesita donde ahora reposaba mi tacita ya sin mi desayuno y busqué el último vídeo y foto que me pasaron. 

Estaban ahí. No era un sueño. Había conseguido un beso entre Harry y Danny y con eso ya me podía morir tranquila sin esperar nada más a cambio en este mundo. Me recosté de nuevo en el sofá, y no sé qué cara debí poner, pero Tom enseguida me pregunto, confundido:

    - ¿Y ahora qué?

Yo me limité a teclear en el iPhone akjdhdusfieb y a enseñárselo para que comprendiera lo que pretendía decirle. Y así lo hizo, pues se echó a reír enseguida.

Pasé la siguiente hora y media interrogándole. Preguntas que siempre había deseado que me respondiera pero que obviamente nunca había hecho porque quizá lo que realmente ocurría era que mi twitter era invisible y el millón de tweets que le enviaba al año no se veían reflejados nunca y obviamente así tampoco podían ser respondidos. Era divertido, y Tom estaba dispuesto a responderlo todo ya que tampoco era tan tonta de preguntarle nada imprudente. Pero entonces escuchamos unos pasos bajar las escaleras perezosamente y vimos que era Dougie aunque él ni se dignó a mirar en nuestra dirección, sino que fue directo a la cocina, o quizá al jardín a fumarse su primer cigarro.

    - Déjalo, le afecta esto de cumplir años. Tú es que nunca lo habías vivido -bromeó Tom al ver que lo miraba con preocupación. 
    - Cierto... -murmuré yo, aún mirando la entrada del comedor por si aparecía de nuevo. 
    - Venga, sigue con las preguntas -me instó, aunque sabía que era básicamente para que dejara a Dougie tranquilo. 
    - Tom, nunca pensé que iba a decir esto, pero... -Volví a mirar su rostro, y vi que estaba completamente confundido. ¿Qué pensaría que iba a decirle?- Se me han acabado las preguntas. 
    - ¿Segura? 
    - Bueno... Al menos no se me ocurre ninguna otra. 
    - ¿Y te ha cundido esta sesión? 
    - Por supuesto. -Sonreí ampliamente. 
    - Entonces me alegro. 

Lo siguiente que hicimos fue ver Pingu. Y no, no fui yo la que suplicó ver eso y no seguir haciendo zapping, que conste por escrito. Pero entonces una duda me inundó y no tuve más remedio que interrumpir un interesante momento en el que Pingu llega a su casa con su macuto y se encuentra a su madre cocinando.

    - Tom... 
    - ¿Otra pregunta? 
    - ¿Sí? 
    - ¿Era esa la pregunta? 
    - No. 
    - Pues dale. 
Diálogo de lo más intelectual porque a eso no nos ganaba nadie. 
    - Ahora ya solo quedan veintitrés días para el cumpleaños de Harry... 
    - ¿Me vas a dar la lata como hiciste con él para el cumpleaños de Doug? 
    - No tanto, a ti te quiero más. 
    - Awww. Venga, que te has ganado un abrazo -dijo. 
Me lo tomé como una broma y ni me moví del sofá, en plan indio como me encontraba. 
    - ¿Me dices que me quieres y luego me rechazas? -Alzó una ceja notablemente, aunque ni punto de comparación con el que debía seguir durmiendo la mona en mi cama. 
    - ¿Lo decías en serio? -Hasta yo supe que se me habían iluminado los ojos-. ¡Pensé que bromeabas! 

Me tiré a sus brazos, reconfortables como siempre, o al menos desde que tenía el placer de poder comprobarlo. Estaba en el sillón de la derecha del sofá en el que yo estaba, por lo que no me costó nada levantarme, llegar hasta él y dejar que me envolviera con sus brazos suavemente, como yo tanto había soñado.

    - Te veo medio culo. 
En cuanto escuché la voz de Dougie decirme eso al otro lado del salón intenté taparme todo lo que pude con la camiseta que Tom me había prestado y me senté rápidamente en el sofá, muerta de la vergüenza de nuevo. 
    - No he dicho que me disgustara -bromeó. Se acercó a mí y me besó mi izquierda y ardiente mejilla después de aquel comentario suyo tan oportuno-. ¿Por qué no me avisasteis, joder? Sabéis que nunca digo que no. 
    - ¿A qué? -preguntamos Tom y yo al unísono, aunque quizá mi voz no hubiera salido especialmente fuerte de mi garganta. 
    - ¿Cómo que a qué? ¿Harry durmiendo en tu cama y tú llevando la camiseta que casualmente Tom no lleva y aún me preguntas qué? -Me lo recriminaba a mí, y no entendía el porqué. ¡No había hecho nada! 
    - Me voy a duchar -anuncié, sin más. No me gustaba esa situación, y aunque fuera de cobardes, huí en cuanto pude. 

Corrí escaleras arriba hasta el cuarto de baño que quedaba al lado de la habitación de Dougie para no tener que volver a entrar en la mía mientras alguien que no era yo siguiera ocupando la cama, recé por que a nadie se le ocurriera entrar pues los baños no tenían pestillo y me metí en la ducha rápidamente para ordenar mis pensamientos.

Definitivamente no había pasado nada con Tom, como era más que obvio, pero ¿y con Harry? No recordaba nada de eso, y tampoco bebí ni la mitad que la noche en que gracias a la sensatez de Dougie al verme en aquel estado no perdí mi virginidad. Quizá dos copas en toda la noche, pero... No. No podía haber hecho nada con Harry.

Y por otro lado estaba Dougie, claro. Él siempre entraba en mis pensamientos aunque a veces no lo quisiera al cien por ciento. ¿A qué venía ese enfado? ¿Es que realmente pensaba que había ocurrido algo? ¿Tom? ¿Harry? ¿De verdad creía que habían sido capaces de hacer algo en la misma cama, con alguien que no fuera ni Giovanna ni Izzy? Por supuesto que no, pero si había sido capaz de lograr un beso Junes, quizá... Giré la maneta del grifo hacia el agua fría para dejar de pensar estupideces. Acabábamos de entrar en diciembre, y a decir verdad en Londres no se estaba tan bien -en cuanto a clima- como en Mallorca, y me arrepentí de aquel movimiento mío, por lo que salí inmediatamente, más rápido de lo que había entrado.

Por suerte, cuando volví a mi habitación con una toalla rodeándome el cuero y otra en el pelo para no dejarlo todo chorreando como solía hacer en mi propio cuarto de baño, ya nadie ocupaba la cama y pude elegir mi ropa y vestirme tranquilamente, tomándome mi tiempo porque a decir verdad tampoco me apeteceía bajar, a excepción de por ver a Tom. ¿Estaría Dougie enfadado también con Harry? ¿Se habría ido ya el segundo?

Lo comprobé en cuanto bajé de nuevo las escaleras, contando tres segundos entre escalón y escalón que bajaba, sin hacer ruído, ya vestida con unos simples vaqueros y una sudadera de The Who, y descalza pues me encantaba sentir el calor del suelo. Y para mi desgracia ya estaban ahí todos los que se habían quedado a dormir aquella noche en casa de Matt, excepto Giovanna que se había ido a hacer unas cosillas, según me había dicho Tom, y Jeff, que no tenía ni idea de dónde debía estar.

Intenté evitarlo, pero cuando vi a Danny -con Georgia encima de su regazo- en el sillón que antes había estado ocupando Tom y a Harry en la esquina del sofá más cercana a él, no pude evitar quedarme mirándolos, sin decir nada, y vi en sus ojos que no entendían el por qué, así que sería una sorpresa lo de decirles que se habían besado por unas simples cervezas.

    - ¿Qué? -preguntó al fin Danny, exasperado.

Dougie se apresuró a sacar su móvil del bolsillo trasero de su pantalón y a rebuscar en él. Harry pegó sus cabezas pues lo tenía a la izquierda; Danny dejó a Geo en el sillón y corrió hasta colocarse, en una posición forzosa, entre Tom y Dougie, para ver también qué era lo que estaba ocurriendo. Sus caras al encontrar Dougie la foto que buscaba fueron de cuadro, literalmente, y luego, al mismo tiempo, levantaron las cabezas y se miraron con los ojos extremadamente abiertos, sin poder creer lo que estaban viendo.

Pasada la conmición del momento ambos nos repitieron hasta la saciedad que no podía ser cierto, que habíamos jugado con el photoshop o lo que fuera, pero que ellos no podían haber hecho eso, que iba en contra de su religión dijo Danny. Hasta que al final les enseñé yo el vídeo que había grabado Jeff, que incluía la pequeña discusión que tuvieron antes de hacerlo, y tuvieron que aceptarlo porque no les quedaba otra.

    - Entonces... -comenzó a cavilar Tom en voz alta- Si es verdad eso que dicen que cuando besas a una persona y luego a otra es como si esa otra besara a la una... Georgia a besado a dos cuartas partes de McFly -rió. A veces se comportaba como un niño, y era lo más adorable del mundo cuando lo hacía. 
    - Y a Alice -murmuró Dougie.

Y lo hizo sin pensar en que no era el comentario más adecuado del mundo pues se llevó un capón de Danny que incluso sonó a dolor e hizo que Dougie por poco no se comiera sus propias rodillas. Aunque el pollito no se quejó, fue algo involuntario -o lo pareció- el siguiente movimiento de Harry: idéntico al de Danny pero esa vez para él, y eso sí, ni la mitad de fuerte. Y rápidamente Tom golpeó también la cabeza de Danny, sin venir a cuento.

    - ¡Eh! -se quejó él, y con razón. 
    - Perdón, pensaba que jugábamos -dijo Tom, inocente, y todos nos echamos a reír al instante.

Ahí se quedó la cosa pues sabéis que si en algún momento alguno se enfadaba con otro duraba bien poco aquéllo, pero yo no podía sacerme de la cabeza la actitud de Dougie. ¿Qué se suponía que había hecho mal?




Feo, ¿verdad? Lo siento, intentaré subir el viernes, o el domingo como muy tarde.


p.d.: Subo capítulo el 23 de septiembre, día que debéis recordar como el cumpleaños del Boss. Más conocido comúnmente por Bruce Springsteen.