AVISO: Cuando acabé el anterior capítulo no sabía qué más hacer, así que ese día se acaba ahí, y el capítulo de hoy es ya... Viernes, 2 de diciembre de 2010.
Desperté antes que mi alarma del móvil sonara y creí estar en Mallorca por un momento. ¿Desde cuándo en Londres brillaba el sol? Por lo que rápidamente me levanté, ganándome también un pequeño mareo y corrí a abrir las cortinas para llenarme de toda la vitamina D que pudiera antes de volver a encerrarme en aquella prisión a la que los padres llaman instituto.
Mala idea lo de abrir las cortinas, sí. Pude ver en el jardín a Dougie, hablando por teléfono y moviéndose de un lado a otro. Sinceramente, no podría haber elegido esa imagen como demostración de la felicidad. Además, se escuchaban murmuros a través del cristal, pero estaba segura que en realidad estaba hablando más fuerte de lo normal.
Me preocupé, obviamente. ¿Qué estaba pasando? Y no pude quedarme en mi habitación, tranquilita como una buena persona, porque yo soy Galaxy Defender, y si alguno de ellos no está del todo bien... malo.
Corrí por el pasillo hasta llegar a las escaleras y las bajé con cuidado de no caerme, pero cuando llegué al último escalón comencé a ir lento y pisando lo menos posible hasta la cocina para espiar a Dougie desde la puerta que daba al jardín trasero.
Mala idea también. Se podría decir que mis peores sospechas se cumplieron, por desgracia: era Frankie, y no había ninguna duda. Corrí de puntillas hasta situarme al lado de la puerta pues no era tan tonta de quedarme delante cuando era de cristal. Peor idea.
- ¡Que sí, hostia! Siempre todo como tú digas -gritaba él-. No te preocupes que mañana ya no habrá de mi mierda por ahí si es lo que quieres. -Un silencio. Hasta yo escuchaba a Frankie desde allí, pero las palabras no las distinguía-. Perfecto. Me parece perfecto -gruñó-. Adiós.
Un nuevo y descomunal instinto asesino se apoderó de mí, aunque yo deseé que se fuera. ¿Cómo era capaz de seguir jodiéndole? ¿Es que esperaba que yo la matara o era más tonta que las piedras?
- ¡Joder! -Fue lo último que le escuché decir después de oír un pequeño estallido. ¿Era un móvil rompiéndose?
Me sentí una mierda. No por haberle espiado pues ese era el menor de los problemas, sino por saber que la cosa no había mejorado y que Dougie no podía seguir así. ¿Cómo estaría después de lo que yo acababa de escuchar? ¿Dejaría de hablarme? ¿Se iría a Dios sabía dónde?
Opté por aparentar que no había escuchado ni visto nada: me preparé un tazón de leche con cereales como cualquier otra día por si apareciera de un momento a otro, me senté a la mesa e intenté desayunar como si no hubiera pasado nada.
Pero sí había pasado, y dudaba de mí misma a la hora de poder dirigirme a Dougie. ¿Sabría disimular lo suficiente? Lo averiguaría en cuanto entrara por la puerta... y lo hizo. Estaba serio, muy serio, hasta que me vio allí sentada y esbozó un intento de sonrisa.
- Buenos días -dijo.
- Buenos... Buenos días -murmuré yo.
Desapareció. Se perdió, quizá por el salón, o quizá a su habitación. No lo sé. Pero me lo mostró un par de minutos después cuando reapareció con un preciado paquete de tabaco y un mechero en la mano, y un cigarrillo ya en la boca. Y salió nuevamente al jardín.
No quise liarla más y en cuanto acabé de desayunar subí a mi cuarto en vez de salir yo también y preguntarle qué le pasaba como habría hecho de no haberlo escuchado. Me vestí, me aseé, cogí mi móvil y bajé para sentarme en el sofá y ver si Tom había tweeteado algo desde que yo no me conectaba.
Pero por desgracia la hora de marcharme llegó, así que me despedí de Matt, de mi madre, de Jeff, de la ya embarazadísima Beth... y también tenía que hacerlo de Dougie si lo que debía era aparentar que no había escuchado nada. Y así hice, encontrándomelo sentado en el balancín del porche trasero con los pies encima de la mesita y el cenicero a su lado con un par de colillas ya.
- Dougie, me voy... -susurré.
Él se limitó a asentir, por lo que retrocedí un sólo paso.
- ¿Y mi beso?
No pude esconder mi emoción después de que me dijera eso y rápidamente me acerqué a él para besar su mejilla sonoramente. Y después de que me dedicara una sonrisa sí que me dispuse a entrar en casa para poder irme al instituto muy a mi pesar.
- Alice. -Su voz me detuvo cuando estaba a punto de pisar el parqué de la cocina, por lo que me giré.
- Dime.
- ¿Has escuchado algo?
- ¿Cuándo? -pregunté, inocente. ¿Colaría?
- Nada... Tonterías mías.
- Pues yo me voy ya... a no ser que quieras impedírmelo -insinué.
- No querría que te pasaras el único día de sol que verás en Londres conmigo, prefiero que lo hagas aburrida y encerrada en ese sitio al que yo no pienso volver -bromeó él.
Las cosas estaban bien, o al menos parecía que Dougie haría caso a Danny y aparentaría ser feliz para que los demás no se preocuparan tanto por él... aunque yo seguiría preocupándome igual por él por haberme metido donde no me llamaban.
Así que fui a casa de los Graddon para dirigirnos juntos al instituto y por el camino me encontré con un Tombie que iba a despertar a Danny sólo para molestarle un poco ya que Giovanna se había ido de casa temprano y Georgia también estaba fuera desde el día anterior.
Las perocupaciones desaparecieron durante la mañana; hice dos malditos exámenes que me salieron realmente bien teniendo en cuenta que no eran de mis asignaturas preferidas (filosofía y latín), disfruté del sol que creía ya desparecido en los recreos y charlé con Brooke y unas cuantas GDs más que había conseguido conocer gracias a ella.
- ¿Por qué no podemos decir nada sobre que los conoces? -me preguntó nuevamente de camino a casa, cuando tan sólo estábamos ella y yo.
- Porque no quiero que deseen matarme sólo por ser su amiga... que ya bastante me cuesta asimilarlo a mí.
- ¿Sólo por ser su amiga? Alice, ¡Dougie vive contigo! -exclamó, incrédula por mis palabras.
- ¿Y tengo yo la culpa?
- Fuiste tú la que le ofreció hacerlo -me recordó, mirándome como si fuera a asesinarme.
- Pero no le obligué. En su derecho estaba de decir que no...
- Y le habrías arrancado a Willy de haber sido así.
- ¡Brooke! -me quejé.
- ¿Es o no verdad?
- Pues claro que no. ¿Tú lo habrías hecho?
- Lo habría amenazado, por lo menos -dijo como si fuera lo más normal del mundo.
No pude evitar reír.
- Anda que esperáis. -Mark apareció de repente, parecía incluso que el corazón se le iba a salir por la boca de lo que había corrido para llegar hasta nosotras ya que no estábamos precisamente cerca del instituto.
- ¿No tenías examen de economía a última hora? -le preguntó su hermana.
- Sí.
- Pues eso.
Mark se limitó a bufar, y yo tuve que reír por la situación. Aunque ellos tuvieran algunas discusiones, ni por asomo su relación era tan destructiva como la mía con mi hermano.
- ¿Te quedas a comer en casa? -me preguntó Brooke, después de haber escuchado en silencio 5 colours in her hair y Nothing; siempre escuchábamos su música por el camino.
- No, yo me voy a casa de Matt.
- ¿Puedo preguntarte algo? -Mark hizo su primera intervención después de su repentina aparición.
- Claro.
- ¿Por que la llamas casa de Matt y no simplemente mi casa, o casa? -inquirió.
- Pues porque... no es mi casa.
- Vale -murmuró, insatisfecho por mi respuesta.
- Dale recuerdos a Dougie -me dijo Brooke aprovechando que ya habíamos llegado a su casa.
- No sé si pasaré primero por casa de Tom... -dejé caer, aunque en realidad me fuera directa a donde desde un principio había dicho.
- Zorra -murmuró por lo bajo.
- Yo también te quiero. -Reí y pasé de largo su casa.
- ¡Adiós! -me gritaron ambos hermanos.
Yo los despedí con un movimiento de mano, sin molestarme en girarme siquiera.
Volví a casa de Matt en autobús porque de repente me entró una pereza increíble. Seguí escuchando música, y justo cuando el bus se detuvo en mi parada recibí un mensaje del genialísimo Danny.
¿Te vienes a comer conmigo? Me aburro y los capullos que tengo por amigos están “ocupados”
No le respondí. Era más rápido llamarle, por lo que así hice... Y el capullo tardó la vida en cogérmelo. Menos mal que se aburría...
- Acabo de llegar a casa de Matt, Danny... -le dije en cuanto al fin descolgó.
- Lo sé, te estoy viendo.
Colgué. Yo todavía no lo había visualizado, pero si me decía que me veía... no podía estar lejos. Y no lo estaba; lo vi en su coche, aparcado justo enfrente del jardín, con la rueda de la parte del copiloto encima del bordillo.
Habría preferido que no saliera de su flamante BMW serie 3, o al menos que no lo hiciera tan sexymente como lo hizo. Obviamente llevaba esas Ray-Ban de pasta negras que tan bien le quedaban, que para un día que hacía sol... Y las combinaba con unos pitillos grises, unas Vans negras y el chaquetón a cuadros rojos y negros, consiguiendo que me diera un mini infarto después de que se apoyara con una sola mano en el coche y me esperara con una radiante sonrisa.
Cuando llegué a su lado me abrazó.
- ¿Así que soy tu última opción? -le recriminé.
- Es que no quiero ser el causante de tu fracaso escolar... Ahora vas a estar una semana pensando en esta tarde aunque no hagamos nada de lo que podamos arrepentirnos.
- Danny, no voy a malinterpretar cada frase que digas. Sé controlarme -dije. Me parecía increíble que siguiera con lo mismo después de haberlo solucionado todo.
- Por si acaso. Venga, entra -me instó.
- Espera que avise a mi madre y eso ¿no?
- ¿Por qué coño tendrás que ser menor? Hay veces que no lo pareces...
- Vale. Ahora vuelvo.
Él se limitó a asentir, por lo que salí corriendo para entrar y poder irme con el pecoso rápido.
Subí la mochila a mi habitación y dejé los auriculares que no me había quitado de las orejas tirados de cualquier manera por la cama porque con Danny no necesitaba ponerme música en mi móvil, cualquiera que él pusiera (cantara aún mejor) era sencillamente genial.
Y entonces comencé a llamar a mi madre y a Matt a voz de grito una y otra vez mientras bajaba las escaleras, pero no obtuve respuesta. Dougie debía haberse esfumado también porque supongo yo que habría aparecido de haberme escuchado a mí gritar como una loca...
Así que sólo me quedaba probar si estaban en el jardín pues sinó tendría que improvisar una nota de tipo “Mamá, me he ido a comer con Danny. No sé cuando volveré, pero no te preocupes por lo que todos estos años te he contado sobre él; en realidad es buena persona, o al menos conmigo lo intenta” y después dejaría de verlo.
Pero lo que vi al abrir la puerta trasera no me gusto demasiado. Dougie. Si no estaba en la misma posición en la que lo había dejado, se había movido bien poco. Pero la pila de colillas que ya se acumulaban en el cenicero que seguía a su lado me indicaba que, por lo menos, había tenido que ir a por otro paquete de tabaco.
- ¿Te pasa algo, Dougie? -me atreví a preguntar en un susurro.
No me contestó. Cierto era que tenía los ojos cerrados, pero no estaba dormido. Demasiadas fotos le había hechado Harry durmiendo como para no saber diferenciarlo yo en aquel momento. Me decidí a moverme de donde me había quedado petrificada y me senté en el balancín al otro lado de Dougie, y fue entonces cuando abrió los ojos de repente y sólo cuando me vio su rostro se suavizó y consiguió esbozar una sonrisa.
- ¿Estás bien? -logré preguntar de nuevo.
Obtuve un sencillo asentimiento como respuesta.
No, no lo estaba. Agaché la cabeza y, esperando que no se enfadara conmigo, cogí su mano con la mía, viendo que tenía hasta los dedos amarillos de lo que había fumado; él se apresuró a apretarme la mano y yo le correspondí.
- ¿Sabes dónde están mi madre y Matt? -le pregunté volviendo mi vista hacia él.
- Jeff me ha dicho que se iban los cuatro a comer no sé dónde -murmuró. Su voz sonó ronca, demasiado para poder gustarme.
- Pues a mí me ha dicho Danny que vaya con él. Dice, además, que sois unos capullos -añadí la última frase con una sonrisa para ver si conseguía que le cambiara la cara... y algo hice.
- No le digas que estoy aquí, se supone que estoy ocupado -me guiñó un ojo.
- Vale. ¿Le dirás tú a Matt dónde estoy? No sé cuándo me traerá de vuelta, pero tengo que estudiar griego.
- Claro. Obviaré lo de estudiar porque entonces te hará venir pronto.
- Gracias -dije alargando mucho la segunda “a”.
- Mi beso -me recordó en cuanto me levanté.
Mi beso -me recordó en cuanto me levanté.
Entré en el coche de Danny como si nada hubiera pasado, con una sonrisa en mis labios, y me respondió mirándome con un falso desdén, encendió el motor, sonó Crazy de Aerosmith, y comenzó el viaje que no sabía dónde acabaría... por lo que pregunté:
- ¿Dónde me llevas, pecas?
- No sé si te llevaré a ningún sitio tardando lo que tardas y llamándome como me llamas -murmuró, intentando parecer enfadado.
- Ya te he dicho que tú a mí no me das clases de puntualidad, y te llamo como te llamo porque te picas y es divertido.
- Enana... -murmuró de nuevo, pero esa vez mucho más bajito intentando que no lo escuchara.
- Lo tengo más que asumido, pecoso. -Recalqué la palabra con todo el rintitín del mundo.
Su cara se volvió muchísimo más seria: le había tocado la fibra. Quizá no me hablara durante un rato, por lo que acabé de cantar la canción y, en cuanto se paró en un semáforo me apresuré a abrazarle y besar su mejilla sonoramente.
- Si sabes que te quiero más que a nada, tonto.
- ¿No ves que estoy conduciendo? -me riñó.
- Estás parado. Y no intentes enfadarte conmigo porque perderás.
Se giró hacia mí y alzó una ceja. Yo le respondí con el mismo movimiento, pero entonces el coche de atrás nos pitó porque se veía que el semáforo se había puesto en verde para nosotros. Y tuve que reír.
- ¿Qué es lo que perderé, si se puede saber?
- Tengo que pensarlo. Pero no me retes, Jones. Sé más de tu vida que tú mismo, así que tú verás...
- Eres perversa, y a veces te odio -se limitó a decir.
Subió el volumen del reproductor cuando la canción que sonaba era Because the night, de Bruce, y siguió conduciendo como si nada.
Había ganado yo.
See ya! <3
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