sábado, 24 de marzo de 2012

58 ~ There's a problem.

Han pasado OCHO días. No os podéis quejar esta vez de que subo tarde, eh... xD Bueno, pues subo hoy básicamente porque hace ya quince mesazos que conocí a McFly en El Hormiguero, y aprovecho para poneros lo que escribí cuando hice catroce meses http://mylittlestories-ursula.blogspot.com.es/ pero supongo que os importará bastante poco porque no leéis ni este fic, pero en fin...
Disfrutad las pocas que lo leéis pues espero que os guste aunque no sea de los más felices...



El día siguiente desperté afónica como consecuencia de la semana de gripe que había tenido, y, como me había prometido no molestar a los McGuys durante ese día -a excepción de alguna muy emergencia-, decidí adelantar temas del instituto ya que prefería pasar la semana sin hacer nada y hacerlo todo un día. (Cuando lo normal sería hacerlo entre semana y el fin de semana dejarlo libre, pero... ¿quién osaba decir que YO era normal?)

En definitiva: dediqué el domingo a hacer tareas -escolares y domésticas- y a pasar algo de tiempo con mi madre, que ya tocaba. Arreglé mi cuarto, limpiándolo incluso, recogí los CD's que había ido dejando por el salón para escucharlos mientras desayunaba, ayudé a mi madre a hacer la comida, toqué mucho tiempo el piano... y acabé reventada.

Después de la hora de la cena incumplí mi auto-promesa y llamé a Tom. ¿Motivo? No había visto a Dougie en todo el día y por mucho que le llamara no me cogía el teléfono. Me preocupaba mucho, por lo que después de Tom fue Danny... Pero ninguno estaba ni había hablado en todo el día con él.

    - Alice, sabes que no me gusta decirte lo que tienes o no que hacer, pero te recuerdo que mañana tienes instituto y es muy tarde -me dijo Matt al levantarse para, probablemente, ir a dormir; mi madre se había ido a la cama hacía rato, librándome así de una bronca.

Era cierto. Pasaban las doce de la noche y, efectivamente, el día siguiente debía acudir a clase. Llevaba una semana de retraso aunque hubiera podido adelantar durante ese día, pero no era lo mismo. Además, también era verdad que el brazo donde apoyaba la cabeza, estando medio tumbada en el sofá, se me caía cada instante, al igual que mis párpados se cerraban constantemente.

    - Llamaré a Harry para saber dónde está Doug y... luego subiré, ¿vale? -ofrecí. 
    - Me parece bien, Alice, pero Dougie ya es mayorcito como para que no tengan que recordarle a qué hora tiene que llegar a casa. Además, que tampoco tiene, por supuesto 
.    - Pero estoy preocupada -murmuré. 
    - Lo sé, y no te lo discuto. Si te quedas más tranquila llámale, pero es bastante tarde... -No pude hacer otra cosa que agachar la cabeza. Volvía a tener razón-. Venga, Alice, que sabes que yo no puedo, o más bien no sé, pegarte la bronca. En eso tienes mucha suerte -bromeó, consiguiendo que yo sonriera mínimamente-. Buenas noches -dijo y me besó en la coronilla. 
    - Buenas noches, Matt... -susurré.

Llamé a Harry... y no me contestó. Pero no podía dejarlo pasar. No habían sido pocas las veces que me había dicho que podía contar con él para lo que fuera y cuando fuera, por lo que yo lo aprovecharía. Cierto es que eran las doce pasadas de la noche, pero ¿cómo iba a estar Harry dormido un domingo? Como mucho, podía molestarle estando él con Izzy...

    - ¿Alice? ¿Ocurre algo? -preguntó, algo asustado, cuando al fin me lo cogió. 
    - No está ahí Dougie, ¿verdad? -Iría al grano; no estaba para enrollarme. 
    - No. No he hablado en todo el día con él. ¿Para qué lo necesitas a estas horas de la noche? -insinuó. 
    - Harry, no lo he visto en todo el día. Y no me coje el teléfono. Y no está ni con Danny, ni con Tom. Y sé que no tendría que preocuparme por él, pero... lo hago. Y sabes que no lo está pasando del todo bien. Y... 
    - Alice, tranquila. -Me estaba poniendo nerviosa, y Harry supo pararme a tiempo. 
    - Lo siento. 
    - No te preocupes, pequeña. Ahora intento contactar con él y te llamo en cuanto sepa algo, ¿de acuerdo? -me dijo. 
    - Está bien... Pero ¿me llamarás? -pregunté. A esas alturas y con el sueño acumulado no me fiaba ni de mi sombra. 
    - Te enviaré un mensaje porque quiero que vayas a acostarte. -Esa vez fue más serio al decírmelo. 
    - Pero... 
    - Ni peros ni peras, Alice. Es tarde y el imbécil de Dougie ya te lo está haciendo pasar mal. Ve a acostarte, por favor te lo pido -dijo. 
    - Dougie no es imbécil -insistí yo. Por muy en vela que me tuviera nunca diría eso. 
    - Dougie es lo que me salga de las pelotas. Duerme hasta mañana y entonces hablaremos. -Su voz se suavizó, por suerte. 
No creo que ayudara que yo soltara una pequeña risa, pero ahí estaba yo. 
    - ¿Y ahora qué te pasa? -preguntó él, también riendo. 
    - Sabes que no te haré caso pero aun así insistes... 
    - Boba. 
    - Llámame -le dije. 
    - Mañana. 
    - Está bien... Cuando lo encuentre prometo llamarte; hasta entonces, échate al menos en el sofá -ofreció. 
    - Buenas noches, peque. 
    - ¿Buenas noches? Eso significa que no me llamarás -volví a la carga. 
    - ¡Alice! 
    - Buenas noches. -Prefería a un Harry de buenas, por lo que colgué escuchando su risa de fondo.

Esperé una llamada, un mensaje, un lo que fuera; pero no llegaron. ¿Por qué? ¿Había pasado Harry de lo que yo le había dicho? ¿Se había olvidado de mí? ¿O es que realmente no había encontrado a Dougie? ¿Lo había encontrado y, creyendo que ya estaría dormida, no me había dicho nada?

Cuando comencé a pensar demasiado rápido para mis cansadas neuronas decidí ponerme un DVD. All the greatest hits. Supuse que eso me animaría y me pondría a cantar como loca que era, pero ni por esas. Tenía sueño, mucho, y fue cuando cerré los ojos durante cinco segundos seguidos que escuché abrirse la puerta, por lo que me levanté rápidamente.

    - ¡Ya estoy aquí! -anunció a voz de grito antes siquiera de haberlo visto. 
    - Dougie, joder, que la gente duerme -susurré, intentando hacerle callar. 
Obtuve como respuesta que se carcajeara como nunca antes le había escuchado. 
    - Estás borracho... -sollocé. No podía refugiarse en el alcohol, no... 
    - Te equivocas, Alice. No estoy borracho porque a esto se le llama destrucción de hígado para intento de arreglo de corazón. Aunque he de confesar que sirve de bien poco... -Volvió a reír.

Y yo volví a llamar a Harry. Él me había dicho que me llamaría en cuanto lo encontrara; yo lo había encontrado... y no en demasiadas buenas condiciones, así que debía volver a molestarle.

Mientras, observaba cómo Dougie iba de un lado a otro de la cocina en busca de alcohol, y aunque yo supiera que no encontraría nada, le animaba para que buscara en algún nuevo cajón. No es que me hiciera gracia verlo de ese modo, pero si se entretenía así no buscaría nada peor que hacer.

Y sabía que no había alcohol en la cocina no porque yo ya lo hubiera buscado, sino porque Matt una vez me confesó que, mientras Dougie viviera allí, no habría ningún tipo de esa bebida. Tampoco es que creyera que era un alcohólico, pero decía que no pensaba correr el riesgo de que me engañara con sus “encantos”.

    - Alice, todavía no lo he encontrado. -Harry me distrajo de mis recuerdos al coger el teléfono. 
    - Lo sé. Lo he encontrado yo. 
    - ¿Y qué problema tienes, entonces? -preguntó, y pareció molesto. 
    - Está borracho. Y te necesito. No le quedan muchos armarios que registrar y no sé qué se le ocurrirá hacer luego, Harry... -expliqué en un susurro. 
Ahora podía ver a Dougie que se había sentado en la encimera de la cocina y lo miraba todo como si fuera un país de chucherías. 
Harry suspiró. 
    - Está bien, pequeña... Estaré allí en media hora lo más tardar. Entretenlo como puedas. Dale agua en abundancia, tendrá sed. Luego irá a echar un meo y quizá se entretenga con el chorro que de ahí salga, o ¡vete a saber qué! Si hace falta líate con él, pero no lo dejes solo demasiado tiempo -dijo. 
    - Ehm... vale. Creo que lo tengo todo, pero no pienso liarme con él; apesta a alcohol -dije, asqueada. 
    - ¿Lo harías si no oliera así? -preguntó, y pude imaginarme cómo alzaba tan “sexymente” su ceja. 
    - Me lo pensaría muy poco. -En esos momentos no sabía ni mentir. 
Harry se carcajeó insanamente. 
    - Haz lo que te he dicho, venga -instó y colgó.

Y lo hice. El Capitán Dougwash, que era como me había dicho que quería que le llamara a partir de ahora, se bebió un litro de agua casi sin respirar y luego corrió dando tumbos hasta el aseo. Allí estuvo... mucho rato, y cuando fui a comprobar que no se había caído por el váter salió con una sonrisa irónica en el rostro.

    - Pequeño pony, por mucho que te lo pida no me digas nunca que sí, ¿vale? Pero nunca de los jamases -me dijo. No puedo decir que aquello de “Pequeño pony” me gustara, pero por esa noche lo dejaría pasar. 
    - ¿Que no te diga “Sí” a qué? -pregunté, confusa. 
    - A salir conmigo. -Su rostro se ensombreció-. Porque soy gilipollas -aseguró, y volvió a carcajearse.

No quise prestar atención a ese comentario. No me gustaba nada verlo de ese modo, pero sabía que no podría hacer nada por él hasta que no llegara Harry y pusiera un poco de orden, porque ahora se iba muy decidido hacia el piano.

    - ¿Hacemos algo, Dougie? -le pregunté. 
    - ¿Algo como qué? -Se giró para mirarme. 
    - No lo sé. Yo he preguntado, el que tiene que responder ahora eres tú. -Usé una de las frases que tantas veces había usado él conmigo. 
    - Hum... -Se quedó pensativo durante un largo rato-. ¿Qué estás dispuesta ofrecerme? 
    - Esto... Erm... ¿Todo? -pregunté, con miedo. 
Volví a escuchar su carcajada por enésima vez en veinte escasos minutos. 
    - Demasiado inocente. ¡¿Cómo se te ocurre ofrecerle al Capitán Dougwash “Todo”?! “Todo” es bastante subjetivo, ¿lo sabes? Puede ser un todo... material, un todo... ¿corporal? ¿A cuál te refieres, Alice? -Alzó repetidamente las cejas, pero, entonces, varios golpes en la puerta se convirtieron en el mejor de los sonidos para mí.

Fui a abrir, dejando allí a Dougie, sin más, y por fin vi a Harry. No me malinterpretéis, no es que deseara volver a verlo pues hacía tan solo un día que no lo veía, pero no sabía si podría haber aguantado mucho más tiempo al Capitán Dougwash en aquel estado. Harry me saludó con un beso en la mejilla y entró directamente al salón.

    - ¡Me has decepcionado, pequeño pony! -se quejó al ver asomarse a Harry.    - ¿Pequeño pony? -Esa vez sí que le vi alzar la ceja. 
    - Me ha nombrado así, al igual que no se te pase por la cabeza llamarle algo que no sea Capitán Dougwash -le avisé. 
    - Capitán Dougwash le va a llamar su madre. Dougie, ¿tienes hambre? 
    - No. -Se sentó en la batería. 
    - Ni se te ocurra tocar ni un solo platillo -le amenazó Harry. 
Dougie le miró como si se tratara de un niño al que también están amenazando. Entonces, hizo lo que Harry le había prohibido. 
    - Enano de las narices, como tenga que aguantarte un minuto más despierto te ahorco con las cuerdas del bajo, ¿te ha quedado claro? -Dougie palideció ante la seriedad del tono de Harry. 
    - Solo quería divertirme un poco -se excusó. 
    - Ya te has divertido bastante. Ahora vas a ir a tu cuarto y vas a quedarte allí calladito y tranquilo hasta mañana a las nueve; vendré a recogerte para comenzar con la promoción. Aunque en una hora no te acuerdes de lo que te he dicho, te advierto que me importará bien poco el dolor de cabeza que mañana puedas tener y que si me cabreas McFly se quedará sin bajista. -Dio miedo, mucho.

Dougie subió a su cuarto, sí, pero obviamente no podía quedarse tranquilito y callado. No recuerdo a qué vino, y sinceramente prefiero no recordarlo, como preferiría también olvidar la serie de barbaridades que pasaron por su cabeza para desahogarse -si me consideramos inocente- con la persona menos acertada.

No os preguntéis cómo reaccioné porque directamente no reaccioné. Me volví y me dirigí a mi alcoba. Me puse el pijama y, sin marcar un nuevo día con la compañía de McFly en mi calendario, me metí en la cama, me tapé hasta las orejas y contemplé el techo sin nada mejor que hacer.

A los pocos minutos la puerta de mi habitación se entreabrió, dejando un rastro de luz por toda ella que me desconcentró. No es que pensara nada en concreto, pero mi mente se había quedado en blanco y gracias a eso volvió a su estado natural. Era Harry, obviamente.

    - ¿Estás bien, peque? -preguntó, preocupado, o al menos eso me pareció por su voz; seguía mirando el techo.Yo me limité a asentir. 

Harry volvió a cerrar la puerta y se acercó a paso lento hasta mi cama; se sentó a mi lado izquierdo y esperó. Esperó mucho. Pero yo no dije nada. No dije ni hice nada.


    - No se lo tengas en cuenta, Alice. Sabes... sabes el momento por el que está pasando y  no es fácil para él. 
Volví a asentir. Era cierto que lo estaba pasando mal. 
    - Mírame, peque -pidió, y así hice-. ¿Seguro que estás bien? 
Asentí nuevamente. 
    - Te he dicho que no se lo tengas en cuenta, pero para que no te haga daño a ti. No quiero que esto te ronde por la cabecita que tu tienes durante un tiempo indeterminado, ¿me entiendes? Hazle saber lo preocupada que has estado hoy con el mayor castigo que se te ocurra y entonces, solo entonces, se dará cuenta de lo que puede llegar a perder como vuelva a cometer una estupidez como esta -me dijo. 
    - Hay un problema. -Hablé por primera vez en mucho tiempo. 
    - ¿Cuál, pequeña? 
    - No me va a perder. Puede preocuparme todo lo que quiera, hacerme todo el daño que le parezca, hacerme sentir tan mal como crea necesario, pero yo sería incapaz de dejarle. -Comencé a hacer crujir los dedos de mis manos bajo las mantas-. Sé que me dirás que no debería, pero yo soy así. ¿A caso no perdoné a Danny por mucho que tu me insististe en que debía atropellarlo con un tanque? Pues con Dougie es peor, ¿sabes? Lo cierto es que últimamente me planteo bastante la pregunta de... -Harry puso una mano sobre las mías, notando el nervioso movimiento de estas y por ello dejé de hablar. 
    - Olvida las preguntas, Alice. Sé que lo perdonaste, claro que lo hiciste. Estoy seguro que de no haberlo hecho tu cabeza habría explotado de los remordimientos, pero eres demasiado buena. ¿Sabes que únicamente no has discutido con uno de los cuatro? 
    - Claro que lo sé. Tom es demasiado perfecto como para que alguien se enfade con él. 
    - Te equivocas. Tom ha comprendido exactamente cómo eres en a penas dos meses y medio que hace que nos conocemos. No sé todo lo que habrás podido hablar con él, pero sabe qué es lo que puede hacerte daño o los motivos por los que puedes llegar a enfadarte aunque parezcan desmesurados. Eres así, y él lo entiende. En cambio has ido a idolatrar a tres mendrugos como nosotros. Dougie puede darte todo el cariño que quieras; Danny puede hacerte reír hasta llorar; yo puedo escucharte hasta que te desahogues lo que necesites, pero no sabemos controlar lo que decimos. Ya sea por mi alto temperamento, por el estado de Dougie o por la cabezonería de Danny; no te entendemos. O sí, pero no sabemos cómo actuar correctamente ante ti. Ojo, que no digo que seas un bicho raro, que en parte es cierto, pero a lo que me refiero es que cada uno tiene una personalidad, y la tuya es... difícil para nosotros.

Me quedé mirando a Harry sin poder articular palabra alguna. Nuevamente lo había logrado: que me callara por no saber qué decir, qué contestar a lo que me decía. Por mucho que dijera que no me comprendía estaba bien equivocado, el señorito...


    - ¿Todo lo que he dicho es incoherente? Entiéndeme, hoy hay un impresentable aquí que me ha puesto muy de los nervios -se excusó. 
    - Te he entendido -me apresuré a decir yo-. Soy una llorica que se enfada por todo. 
    - Yo no he dicho eso. 
    - Pero así lo he entendido yo -dije, queriendo dar por zanjada la conversación. 
    - ¿Quieres que te deje tranquila de una vez? Mañana no te aguantarás depié en el instituto... 
    - No te preocupes por eso -le dije. Habría sonreído, pero mi rostro se había quedado “paralizado de sentimientos” hacía un rato. 
    - Buenas noches, Alice. Duerme el rato que te queda y sueña... con lo que sea que te haga feliz soñar. -Sonrió, y, en gran parte, me alegró la desastrosa noche que había tenido.Se inclinó para besar mi frente y se fue, volviendo a cerrar la puerta de mi cuarto. 

Una vez me hube quedado sola, sin nadie a mi lado, comencé a llorar. Lágrimas silenciosas que no cesaron en toda la noche. Era una llorica, pero esa vez tenía un motivo que consideraba bastante grande como para estar de ese modo.






Os daría las gracias por los comentarios del capítulo anterior, pero... ¿Qué comentarios? En todo caso, ya os he dejado un nuevo capítulo que espero que os haya gustado y que me lo hagáis saber al menos votando "Me gusta" o "No me gusta", que también tenéis derecho, claro está.

viernes, 16 de marzo de 2012

57 ~ Back to the future.

Perdóname, POR FAVOR os lo pido. No he faltado todas estas semanas por gusto propio; he tenido un gran problema. Antes de explicaros porqué la última vez que subí fue hace casi un mes, os daré las gracias por seguir leyendo esto.
Y ya os lo explico: perdí el pen, mi estimado pen donde guardo tooodo lo que escribo y donde, obviously, estaba este capítulo también. Esta semana mi excusa han sido los exámenes finales, que me tenían loca aunque sus frutos he sacado por empollar todos los días -todos están aprobados con notas considerables-. Pero prometo, de ahora en adelante, tardar, como mucho muchísimo, dos semanas. Los capítulos se están alargando y tampoco es fácil hacerlos, aunque os informaré que tengo hasta el 63, CREO, y que de verdad juro no volver a tardar tanto en subir un capítulo ya que vosotras siempre estáis ahí, esperando aunque después sea una mierda...
No me enrollaré más que supongo que estáis ansiosa por leer, así que allá va, y disfrutádlo como yo lo disfruto al escribirlo :)




A decir verdad tenía miedo. ¿De qué? No sería capaz de explicarlo. No quería estar mal con Danny, era obvio, pero tampoco sabía cómo abarcar el tema. No quería sonar borde, pero tampoco creía necesario tener que arrastrarme para que me perdonara, así que lentamente me dirigí a la cocina pensando qué debía decir y hacer.

    - Danny... -susurré al entrar a la cocina.Se giró, pues estaba de espaldas a mí mirando por la ventana, y vi que había ido allí para coger una cerveza. 
    - Dime. -No pareció enfadado, pero podía ser que supiera disimularlo bien. 
    - No pienso que seas un mentiroso de mierda -dije.

Genial. ¿Llevaba una semana pensando en qué le iba a decir para soltarle eso? No tenía remedio, pero... lo hecho hecho está; y a lo hecho, pecho. O al menos es lo que mi madre solía decir...

    - ¿Qué? -preguntó, confuso.

¿Y qué esperaba? Después de una semana sin verlo, sin hablar con él, iba y le soltaba “No pienso que seas un mentiroso de mierda”. Normal que se quedara así el pobre, las neuronas que tenía no le bastaban para leer mi cabezón.

    - Esa fue la última frase que te dirigí... hace ya una semana -aclaré. 
    - Ah... Eso... Bueno... Lo cierto es que no creía que lo pensaras realmente. -Al menos de momento seguía sin parecer enfadado... 
    - ¿Por qué no has intentado hablar conmigo en toda la semana, entonces? 
    - Pensé que estabas enfadada. -Encogió un hombro. 
    - En realidad... lo estuve. Pero ¿sabes qué? Estar una semana entera en la cama, sin poder moverme, me ha ayudado a darme cuenta de que soy gilipollas y que el que tendría que estar enfadado aquí de los dos eres tú. -Por fin conseguía decir algo de lo que había estado planeando hacer. 
    - ¿Enfadado, yo, por qué? Reconozco que tampoco actué del modo más amistoso.. 
.    - Pero yo no debí reaccionar así -dije al ver que él no seguía. 
    - Bueno, si seguimos con esa regla de tres quizá nunca tendríamos que haber hecho una revancha, tal y como yo había dicho desde un principio. 
    - Pero... -intenté quejarme. 
    - Alice -me cortó-, ¿tú estás enfadada? 
    - No. 
    - Pues asunto solucionado -sentenció.

Abría esperado cualquier otra respuesta, pero aquella me dejó sin habla. Asunto solucionado. ¿Así de sencillo? Si es que tenía que quererlo por narices. ¿Cómo no querer a semejante marvinosidad? Al fin y al cabo, tenía razón: si no estaba enfadada ¿para qué seguir con todo aquel rollo?

    - ¿Me das un abrazo? -pregunté. Realmente lo necesitaba. 
    - ¿Me lo estás preguntando de verdad? -inquirió. Yo me limité a asentir por si fuera una pregunta verdadera, pero al ver la sonrisa en sus labios supe que no debía volver a preguntarle esas cosas. 
Vino hacia mí -pues yo era incapaz de moverme- y me rodeó con sus brazos por los hombros. Inmediatamente me aferré a su cintura todo lo fuerte que pude. 
    - ¿Te ha gustado la sorpresa? 
    - Me ha encantado -le corregí. 
Me mostró su imperfecta sonrisa, aquella que tantas veces había soñado tener tan cerca para poder contemplarla mejor. 
    - Me alegro. 
    - Prométeme que no dejarás que estemos tanto tiempo sin hablar, si algún día vuelvo a cometer la gilipollez de enfadarme contigo, cuando tenga una solución tan fácil como la de hoy. -No había desenroscado los brazos de su cintura, pero estaba lo suficiente separada para ver todo su rostro. 
    - Lo prometo.Volví a abrazarle, y como respuesta recibí un beso en la coronilla.

Ahora ya no podía ser más feliz. Tenía a mis McGuys única y exclusivamente para mí y ya lo había arreglado con Danny. Podía parecer estúpido que me sintiera como en una nube tan solo después de un abrazo suyo, pero cuando lo tengáis entre vuestros brazos avisadme y decidme que no sentís eso cuando os separéis.

    - Tom, ¿tienes un rotulador permanente? -pregunté cuando volvimos con los demás. 
    - Sí, ¿por qué? 
    - ¿Puedes prestármelo, por favor? -pedí. 
    - Por supuesto. -No pasaron ni dos segundos cuando ya me ofrecía cinco: negro, azul, rojo, dorado y plateado-. Aquí tienes. ¿Para qué lo necesitas? -preguntó, curioso. 
Cogí los rotuladores que me ofrecía, carraspeé sonoramente y solté mi mejor grito de fan enloquecida. 
    - ¡Firmádmelo, por favor! Por favor, por favor, por favor. ¡¡Tom!! ¡Fírmame el disco, Danny! ¡Dougie, te doy lo que quieras a cambio de una firma! ¡¡Harry!! ¿Os han dicho alguna vez que sois los mejores? -Grité como si los tuviera a metros de distancia cuando el que más lejos estaba se encontraba a medio metro.

Todos se carcajearon después de mi actuación, pero me firmaron al fin y al cabo. Me equivocaba cuando pensé que no podría ser más feliz pues era ése el momento en el que mi felicidad sobrepasaba los límites de lo natural. Mi primer disco de McFly dedicado: un nuevo sueño hecho realidad.

Los cuatro se entretuvieron un poco, por lo que acabé con cuatro preciosos autógrafos acompañados de su respectivas dedicatorias en el “librito de canciones” del CD que no me había dado tiempo ni a escuchar todavía.

La primera que vi, en la página donde estaban las letras de Party girl y iF U C Kate, era de Harry:

Por muy privilegiada que seas
no te estaqueas de ser mi peque.

La de Danny estaba en la página donde se podía leer That's the truth, y no me sorprendió verla tratándose de él:

¡Vivan Bolton y
Bruce Springsteen!

En plateado, al lado de Take me there, la de Dougie rezaba:

Con todo el cariño
de mi corazón.

Y para no romper la formaleza, Tom puso su dedicatoria donde estaban también los agradecimientos de todos ellos:

Gracias a ti
también.

Mi grado de emoción aumentó conforme pasaba las páginas, que no quiere decir que la de Harry no me gustara, ni mucho menos; simplemente que el leer una nueva provocaba algo en mi interior que no sabría expresar con palabras. Demasiado importante.

Pasé la tarde con ellos... otra vez. Obviamente yo no tenía tiempo límite de estar con ellos y siempre tenía que llamarme mi madre para que lograra separarme de tres cuartas partes de ellos, y aunque las broncas por estar todo el santo día con ellos fueran constantes, tampoco nunca me prohibió el verlos...

Estábamos en la “sala de cine” de la casa de Tom pues, sin querer, se me había escapado decir que todavía no había visto Regreso al futuro. Alegué que era porque nunca había tenido a nadie con quien verla -aunque en realidad si hubiera tenido a Anna durante mucho tiempo-, pero eso no sirvió de excusa. De no ser porque yo no pretendía escaparme, estoy segura de que me habrían atado de pies y manos para que no me fuera.

Cuando la primera parte acabó Danny, Harry y Dougie fueron a repostar, a cambiarle el agua al canario y a mear, respectivamente, aprovechando que Tom tardaría unos minutos en poner la siguiente parte ya que no se le había ocurrido subir las tres de una misma vez.

Y cuando volvieron lo hicieron los cuatro juntos, como si lo hubieran planeado, y me dio miedo, ¿para qué mentir? Nunca se traían nada bueno, y teniéndome presa como me tenían, podrían haber hecho cualquier cosa que nadie se habría dado ni cuenta.

Se sentaron todos a mi alrededor: Harry a mi izquierda, con las piernas estiradas y los pies encima de la mesita que allí había; Dougie, a mi derecha, optó por estirarse en el sofá apoyando la cabeza en mis piernas; Danny se tumbó como cayó al tirarse, unos cojines más lejos de Harry; y Tom... Tom estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas y mirándome fijamente. No iba a ser nada bueno, sin duda alguna.

    - Tenemos una pequeña... mala noticia, Alice -rompió al fin el silenció Tom. 
Suspiré, pero de alivio. ¡Gracias a Dios decían algo! 
    - Y ¿en qué consiste esa pequeña y mala noticia? -pregunté yo al ver que nadie seguía. 
    - Bueno... sabrás que sacar un nuevo disco conlleva a una serie de responsabilidades, por decirlo de algún modo, ¿verdad? -comenzó Harry y me giré para mirarle. 
    - Claro que lo sé. Conlleva a promociones por muchos sitios haciendo así imposible que pueda veros durante un par de semanas tanto como me gustaría, firmas de discos y... etcétera. ¿No? 
    - Genial. No será tan difícil -escuché decir a Danny detrás de Harry. 
    - ¿Difícil el qué? -pregunté, confusa. 
    - También pasaremos por España. -Dougie, como siempre que no estaba sensiblón, fue al grano.

Había sabido desde un principio que no podría depender de ellos toda la vida, de hecho, aun cuando me los encontré en el salón de la casa de Matt, nunca imaginé que volvería a verlos. Pero claro, mi vida en Londres no podía ser tan fácil como ver a McFly una vez y santas pascuas. No. Tenía que verles hasta el punto de quedarme sin respiración cuando no estaban cerca.

Pero no me había preparado para el que sabía que era un duro golpe: que pasaran de nuevo por España. Nunca me había gustado hacerlo ya que tampoco nunca había podido ir a verlos al vivir en la aislada Mallorca en la que vivía, pero aun teniéndolos siempre que quisiera ahora, me costaba mucho asimilar que volverían a estar en España y que yo tampoco les vería mientras.

De no haber sido por Matt, cuando hubiera descubierto que irían a España me habría puesto peor que ningún otro año. Cada vez dolía más. Los años pesaban en mí, y cada segundo que pasaba que sabía que no podría verles se me hacía eterno.

Supongo que alguna vez hablé de ello con Tom, con Harry, con Dougie, o incluso con Danny, y por eso habían decidido intentar decírmelo con delicadeza, aunque a la hora de la verdad Dougie se lo hubiera pasado por el forro.

    - No podías ser más bruto, ¿verdad? -le recriminó Harry, pegándole con la mano en la frente aprovechando su postura. 
    - ¡Au! -se quejó él-. Lo siento -Se incorporó rápidamente para sentarse con las piernas cruzadas a mi lado, intentando que le mirara-, no quería decirlo así. Iremos a España, sí, pero eso no quiere decir que dejemos de hablar. Me comprometo a llamarte cada... ¿Setenta y seis minutos, que por lo que he visto en tu calendario son los días que hace que nos conocemos? ¿Te parece eso bien? -En realidad todo me parecía bien, pero mi silencio se interpretó de modo equivocado-. Alice, mándame a la mierda si quieres, pero dime algo que me asustas... -Se le veía preocupado, a él y a Tom, que era a quien también miraba pues a los otros dos los tenía a mis espaldas, por lo que reaccioné. 
    - No será necesario. Tom me mantendrá informada vía twitter ¿a que sí? -Le miré para comprobarlo. 
    - Eso ni lo dudes. -Me guiñó un ojo. 
    - Entonces, ¿no vas a enfadarte? -preguntó Dougie. 
    - ¿Qué sentido tendría eso? Formáis un grupo de música que cada año tiene más éxito por todo el mundo, por lo que también tiene más y más fans, aunque las groupies también aumenten. Yo no soy quién para enfadarme porque os promocionéis. Además, si lo hiciera ¿qué ganaría? Lo haréis de igual forma y si me enfado tendré dos problemas: enfadarme y desenfadarme. Y será un gasto de energías inútil, por lo que... ¿Regreso al futuro II? 
    - Eres genial, sin lugar a dudas -aseguró Dougie después de mi “discurso”. 
Sostuvo mi cara entre sus manos y me besó la mejilla derecha, aunque no sin evitar que sus labios rozaran las comisuras de los míos. Pero no quise prestar atención a ese detalle pues no quería provocar ahí ninguna “discusión” por cosas que... no venían a cuento. 
    - ¿Quieres verla hoy o la dejamos para mañana? -ofreció Tom. 
    - A mí no me importa verla ahora -aseguré. 
    - Pero a mí sí -dijo Danny, de repente. Había hecho tan poco ruído que ni recordaba que estuviera despierto-. Ya son las diez y... tengo ganas de sexo. -Se desperezó y se levantó del sofá con un ágil movimiento. 
    - Me parece muy bien que eso sea lo que sueles decir, pero... yo no necesito tanta información -le recordé. 
    - Lo siento, mi inocente Alice. Solo quería decir que me apetece pasar una velada de lo más romántica con mi querida Georgia... que espero que acabe en la cama. 
    - Podrías haberte ahorrado la última frase. Te estaba quedando genial -bromeé. 
    - Y quién dice en la cama... dice donde le pille a uno. -Se carcajeó él mismo de lo que acababa de decir, aunque poco tardaron Pudd en unirse a sus risas. 
    - El día que no digas ni hagas una sola guarrada haré lo que me pidas... también durante un día. 
    - Te tomo la palabra. Preferirás no haber dicho eso nunca. 
    - Estoy bien tranquila -aseguré. 
    - Puedes estarlo; el día menos pensado será el día en que nuestra relación cambie por completo -me amenazó y añadió una malévola risa... que acabó en tos de viejo. 
Entonces, todos nos echamos a reír excepto Danny. 
    - Iros a la mierda -farfulló. 
Se acercó a mí y besó mi mejilla como despedida. Pero yo no podía dejarle marchar así como así; me abracé a su cuello y hasta que no estuve segura de tener mi cerebro lleno de eau de Jones no le solté. 
    - Adiós, Danny -me despedí y recibí una sonrisa como respuesta. 
    - Nos vemos... no sé cuando -dijo él dirigiéndose a todos nosotros. Se despidió de Tom, Dougie y Harry y salió por la puerta. 
    - Muy valiente al hacer la apuesta -murmuró Tom cuando escuchó la puerta principal cerrarse. 
    - Nunca estaré un día a su disposición. Ahora que se ha ido podría jugarme el cuello. -Era imposible que Danny Jones aguantara un día entero sin decir ni una sola guarrada. Imposible. 
    - Que sean dos -dijo Harry. 
    - Tres -añadió Dougie, que se estiró para quitarse toda la pereza acumulada durante la película. 
    - Podéis llamarme gallina, pero yo una vez aposté con él y recibí grabaciones de voz orgásmicas durante una semana entera -dijo esa vez Tom. 
    - Y por casualidad no seguirás guardado dichas grabaciones, ¿verdad? -En realidad no era una pregunta que quisiera formular en alto. 
    - ¡Alice! -gritó un espantado Dougie. 
    - Perdón. Una McFlyer se desconcentra con tanto sexo donde le pilla a uno y grabaciones orgásmicas... -intenté excusarme. 
    - Eres la hostia, peque. Y quien diga lo contrario es gilipollas -dijo Harry, riendo, y despeinó ligeramente mi pelo.

El final de esa nueva tarde con McFly terminó y Dougie y yo tuvimos que volver a marcharnos a casa de Matt, donde me esperaban mi madre y él, el segundo algo enfadado porque Dougie había incumplido lo de llevarme a la hora de la cena a casa, aunque como estaba completamente entera y sin ningún rasguño, le perdonó el domir en la caseta del perro -algo que yo, bajo ningún concepto, habría permitido.

Me despedí de Tom y de Harry por tiempo indefinido; seguiríamos hablando por teléfono, pero los compromisos con la prensa y demás no les dejarían demasiado tiempo libre, y el tiempo que tuvieran era obvio que preferirían pasarlo con sus familias y respectivas parejas. En eso yo no pensaba meterme.






Y aquí se acaba la historia. ¿Qué os ha parecido? ¿Me gusta? ¿No me gusta? Bueno, espero que me digáis cositas y si os ha decepcionado algo, no dudéis en comunicármelo.