viernes, 24 de agosto de 2012

65 ~ It was only a kiss.

Me habéis decepcionado, que lo sepáis. Un comentario y 9 Me gusta. Gracias a McHollyKruspeBouvier por el único regalito :]

Pero aquí estoy yo hoy, de nuevo con un capítulo que no me  hace demasiada ilusión (como últimamente ninguno) porque ¿qué mejor día para subir que en mi mesversario con McFLY? ¡Que ya son 21 meses! Pos' eso, que os dejo un capítulo nuevo y me callo porque sé que soy una pesada.

http://www.youtube.com/watch?v=9-kY5HeIv_U




Una bajo. Mi, esperaba, último regalo era un bajo. No había abierto aún el estuche pero no era tan tonto de no saber distinguirlo con los años que llevaba yo tocando ese instrumento que me lo dio todo. Y me bastaba con ver el estuche para saber que se había gastado un pastón. Bueno, ella no pues se lo habría pagado Matt, pero Alice lo había elegido, sin duda alguna.

Me miraba con espectación, le hacía más ilusión que lo abriera que el simple hecho de estar regalándole algo a uno de sus ídolos, aunque ya no nos viera como tales, o al menos yo había intentado ser un amigo para ella, pero a veces también tenía sus idas de olla en las que era capaz de pedirnos que la violáramos sin piedad.

Así que abrí el estuche... lentamente. Una pestaña. Dos pestañas. Tres pestañas. Levanté la tapa y... la odié por una milésima de segundo. Era el maldito bajo por el que había estado babeando el día anterior y que la propia Alice me había limpiado las babas con la manga de su chaqueta.

Era precioso, y desde ese momento supe que sería el bajo que utilizaría, sinó en todos los conciertos de las siguiente gira, en casi todos. Blanco. Golpeador negro. Leds amarillos o naranjas según los ojos. No supe qué decir. Ni qué decir ni qué hacer. Era sencillamente maravilloso, y no podría haber tenido un cumpleaños mejor, sin ninguna duda.

    - Es genial -me apresuré a decir. Veía cómo en los ojos de Alice se asomaba una pizca de desilusión, y en absoluto quería yo aquéllo-. Es jodidamente increíble. 
La sonrisa de Alice llegó a su tope. 
    - Gracias. 

Ella no respondió. Sólo sonreía, pero a mí eso me bastaba. El círculo de mi alrededor fue abriéndose hasta convertirse en Danny, Tom y Harry. A decir verdad quería poco más que ellos a mi alrededor, pero se agradecía aquella fiesta, y mucho.

    - Lleva un mes dándome la turra con que no sabía qué regalarte. Parece que al final ha acertado ¿no? -me dijo Harry, apoyando una mano en mi hombro. 
    - Ayer estuve babeando por él -expliqué. 
    - Y hoy la he acompañado yo a comprarlo -dijo Danny. 
    - Pues yo te he tenido en casa para que no descubrieras el pastel -me dijo Tom. 
Los cuatro nos echamos a reír. 

La fiesta continuó. La gente bebió más y más. Las borracheras aumentaron. Se formó una conga a la que obviamente no dije que no a liderar; era divertido dar tantas vueltas cuando la gente había bebido diez veces más que yo pues al final sólo quedamos unas cuantas personas. Comenzaron también las despedidas; todos me decían adiós. La sala se fue vaciando. Tan sólo quedamos Alice, Harry, Tom, Giovanna, Danny, Georgia, Carrie, Vicky, Jazzie, Jeff y yo.

Nadie podía coger el coche. Danny y Harry se habían negado a dejárselo a nadie y, aunque Tom le dejara conducir a cualquiera porque él no se veía en condiciones, no cabíamos todos en un mismo coche por lo que nuestras respectivas hermanas optaron por pedir un taxi y los demás nos fuimos a casa de Matt, andando, aprovechando que ni él ni la madre de Alice estaban esa noche allí.

Dejamos el bajo en el coche de Harry (éso sí que nos dejó hacerlo) y comenzamos a andar. A penas eran quince minutos de camino, pero con los dos borrachos con los que compartía banda se hizo eterno. A Alice le hacía muchísima gracia, de hecho les animaba a cantar cualquier cosa que se le ocurriera, intentó incluso que cantaran en español, pero obviamente fracasó pues no se les escuchaba demasiado españoles a ellos.

Cuando llegamos a la casa de Matt, aquellos dos mendrugos se tiraron al césped y fingieron jugar a lucha libre, aunque yo veía que alguno acabaría con un ojo morado por lo idiotas que resultaban de ver desde fuera y la de copas que habían tomado. Por una vez no sería yo el que la mañana siguiente no recordara lo que había sucedido por la noche...

Nada más entrar en casa Alice dio un par de patadas al aire para deshacerse inmediatamente de esos tacones que llevaba y que no entendía siquiera cómo había podido aguantar toda aquella noche, y besó el suelo dramáticamente, por lo que no pude evitar echarme a reír. Y también me compadecí de ella interiormente porque la estábamos echando a perder; antes de conocernos, o al menos las primeras dos semanas, no era así. Se podría decir que nosotros la estábamos reconvirtiendo... en algo peor.

Los ocho que quedábamos nos repartimos por el salón mientras Alice ya convencía a Danny y a Tom que hicieran un karaoke con ella, aunque a Harry no se lo preguntó... y creo saber porqué.

    - ¿Cantas tú también? -me preguntó con una sonrisa en los labios. Era difícil decir que no a éso. 
    - ¿Lo hacéis por equipos? 
    - Sí. Tú, Jeff y yo. Y los otros tres. Porque Georgia y Gi dicen que se van a dormir ya... 
    - Está descompensado -me limité a decir. 
    - ¿Por qué? -preguntó ella. 
    - Harry descompensa en cualquier lugar, pero si le sumamos la borrachera de Danny y la mini afonía de Tom, por muy malos que seamos Jeff y yo, contigo les ganamos -expliqué. Quedó más como un piropo que como la propia verdad que había dicho, pero ¿qué le iba a hacer? 
    - ¿Qué propones, entonces? 
    - No hacerlo. Hazles jurar que mañana harán una partida contigo. Danny no tendrá las plenas facultades de su voz, Harry tendrá tal resaca que cantará con tal de que no le amenaces con tocar el bombo de la batería con su cabeza cerca y a Tom quizá se le vaya un poco más la voz. Tú cantarás genial como siempre y tendrás la satisfacción de poder ganar a McFly en el karaoke. ¿Qué te parece? 
    - ¿Y tú? ¿Es que crees que no supones ningún peligro? -Alzó una ceja. 
    - No lo creo, lo sé. 
    - Ja. Ja. Ja. Te haré caso, pero ¿qué hacemos? Me aburro y no tengo sueño -se quejó. 
    - Aprovéchate de ellos -dijo Jeff como quien no quiere la cosa. 
    - ¿Que me aproveche de ellos? -preguntó, confusa. 
    - Piensa en algo que hayas deseado ver de ellos desde que los viste en internet por primera vez. Pídeselo. 
    - Hum... -La cara de Alice se transformó de repente. Y me dio miedo. Por suerte yo no había bebido lo suficiente como para que me engañara con lo que fuera que se le estaba ocurriendo... 

Harry y Danny habían desaparecido de nuevo, por lo que tuve que ir a buscarlos con mucho gusto para que Alice pudiera conseguir lo que quería de ellos. Cuando los traje de nuevo, Jeff me dijo que Tom ya había ido a echar la pota y no pude evitar carcajearme. Si no sabía beber, ¿por qué lo hacía? Pero los otros dos tampoco iban demasiado bien pues nada más ver entrar a Alice por el salón con un paquete de cervezas en la mano le dijeron que harían lo que ella les pidiese si les daba una de esas rubias. Yo sólo sé que no debieron hacerlo.

    - ¿Lo que sea? -preguntó para confirmarlo Alice, con una sonrisa malévola en los labios, pero ellos no parecían percatarse. 
    - Sí. Lo que sea -aseguró Danny. Y la cagó por completo. 

Yo volví a mi sitio con un cigarro en la boca y me senté en aquel futón de cualquiera manera menos de la correcta mientras le ofrecía otro cigarro a Jeff. Aquel espectáculo era digno de ver y necesitaba una preparación. Por el momento, Alice dejó el paquete de cervezas entre Jeff y yo, y, sin decir nada, nos preguntó con la mirada qué podía hacer.

    - ¿De quién te interesa más conseguir algo? -le preguntó Jeff, hablando en tono confidencial. 
    - No puedo elegir uno. De los dos por igual -dijo Alice de igual modo. 
    - A ver, cariño, de Danny no intentes conseguir lo que creo que pretendes conseguir porque aunque vaya pedo aun no conseguirás éso, así que... Ve a por Harry. Pídele que te enseñe el culo, o ¡qué se yo! Pero de Dan no intentes éso -le dije yo. 
    - No pretendía pedírselo, y no me vuelvas a llamar cariño que te violo ahora mismo. Lo de Harry no es una opción porqué ya lo he visto en la Attitude, aunque supongo que en directo no es lo mismo... Es que no sé que ped... ¡Ya lo sé! 
    - Oh Dios mío. No me pierdo esto por nada en el mundo. ¡Tom! ¡Tom, corre, ven! ¡Dan y Harry acaban de hacer una pacto con el mismísimo diablo! -grité a todo pulmón. 

Y en efecto. Por mucho que me lo negara Alice, la cara que se le había quedado al saber al fin qué iba a pedirles, no daba a entender que fuera una buena niña, de hecho, creía que podía intuir algo y di gracias a Dios por no haber bebido tanto aquella noche porque lo que les esperaba a Junes en absoluto les iba a gustar aunque a Alice fuera a hacerle la GD más feliz del mundo.

Y cuando se acercó a ellos a susurrarles lo que se le había ocurrido, sus caras me demostraron que me equivocaba poco en mi apuesta: beso. Por cómo se miraban entre ellos les había pedido que se besaran. Y ahí se determinaría lo borrachos y desesperados que estaban por una maldita cerveza. Pero por lo que pudiera pasar, preparé el móvil esperando vivir un momento inolvidable en mi vida gracias a aquella enana que me había conquistado sin quererlo.

    - ¿Si lo hacemos nos das el paquete entero? -preguntó Harry alzando la ceja. 
    - Si lo hacéis y levantas un poco más la ceja te robo una pasillo entero de alcohol de cualquier supermercado 24h -dijo. Estaba completamente loca. 
    - Trato hecho. 
    - Espera, espera, espera -saltó Jones enseguida-. ¿Y mi opinión no cuenta o qué? 
    - ¿Lo ha hecho alguna vez? Además, que quiero cerveza -decía Harry. Al final se lo follaba y todo por la maldita cerveza, y yo que no podía aguantarme la risa. 
    - Yo también. 
    - ¿Y entonces qué coño me reprochas? 
    - ¡Yo qué sé! Estoy borracho, olvida lo que digo como haces siempre. 
    - ¿Queréis ir rápido? El móvil se me queda sin batería -exclamó Jeff, que no sé cómo aguantaba la risa. Lo que estaba viviendo yo esa noche era de chiste. 
    - Vale. Pero nada de meter lengua -le advirtió el pecoso. 
Y yo me meaba. 
    - ¿Pero tú quién te crees que eres? ¡Que no me voy a volver maricón por un beso tuyo! 
    - Por si acaso. A ver si con el simple roce de mis labios ibas a emocionarte, porque solo va a ser roce, ¿entendido? 
    - Claro que entendido, gilipollas. 

Ése era el momento... en el que no me saldría una foto decente de lo que me temblaba el cuerpo por aguantarme las carcajadas que necesitaban salir de mí. Dos de mis mejores amigos a punto de besarse por unas cervezas, era increíble. Estaban los dos sentados en el suelo, mirándose muy fíjamente, y Alice observándolos atentamente desde detrás de Harry aunque en una posición óptima para poder ver el beso.

El tiempo que tardaron en acercarse pareció eterno, y no sabía si era porque realmente estaban intentando atrasar el momento al máximo o porque deseaba tanto verlo que me pasaba lento. Pero la cuestión es que toqué la pantalla del iPhone en el momento justo para poder pillar la imagen con la que les chantajearía de por vida. Los labios de Harry Judd y Danny Jones se juntaron por una milésima de segundo, y entonces pude estallar en carcajadas, al igual que Jeff, mientras Alice fangirleaba sola y Junes fingía escupir para quitarse así los posibles restos del otro. Me tiré por el suelo, con dolor de tripa por la panzada a reír que me estaba echando y justo en ese momento escuché a alguien bajar por las escaleras.

    - ¿Qué ha pasado? -escuché preguntar a Tom.

Intenté incorporarme, aunque me quedé cual cucaracha boca arriba e intenté explicarle al que faltaba lo que se había perdido mientras potaba, pero cada dos palabras volvía a reír, y como tampoco había nadie que ayudara a explicárselo, me limité a pasarle el móvil y que se deleitara el mismo con el espectáculo. Al verlo, se unió a nuestras risas y no parecía que pudiera parar tampoco.

    - Ya vale, ¿no? -se quejó Harry, visiblemente molesto, cuando ya estuvo harto. 
    - Espera -dije. Y volví a carcajearme-. Ya. 
    - Ja. Ja. Ja. Quiero cerveza -exigió a Alice, y ésta obedeció rápidamente-. Ya podéis volver a reíros si queréis -murmuró, abriendo una lata para darle un gran trago. 
Nos reímos, pero sólo por la frase. 

Luego nos acomodamos mejor en los sofás y nos pusimos a mirar en la televisión un programa de ésos que te van poniendo lo mejor de la semana, mientras Alice no dejaba de mirar una y otra vez el vídeo que Jeff ya se había encargado de pasarle para que no le rajara el cuello o lo que fuera capaz de hacer.

Poco después decidí que un poco de aire no me vendría mal, por lo que salí al jardín trasero con un nuevo cigarro ya encendido en la boca. Fuera hacía frío, mucho, pero a decir verdad en aquellos momentos me importaba bien poco coger una pulmonía o cualquier cosa mala, así que sin prestar atención al viento helado que me golpeaba por todos lados, me dirigí al gran árbol que había allí y me senté en el húmedo césped apoyando la espalda en el tronco.

No recuerdo cuánto tiempo pasó, ni cuántos cigarros me fumé, cuando escuché los pasos de alguien acercarse lentamente a mí. Tampoco me giré a comprobarlo, fuera quien fuera sabía que al final vendría a hablar conmigo de cualquier cosa. Pero no me fue nada difícil acertar quién era cuando vi de reojo las zapatillas con forma de perro que solía llevar por casa.

    - ¿No tienes frío? -me preguntó. 
Levanté la vista para ver que ya se había quitado el maquillaje -aunque seguía con ese vestido que tan bien le quedaba y que le habría arrancado a bocados si hubiera bebido un poco más-, que llevaba una manta envuelta al cuerpo y un refresco de naranja en una mano. 
    - No. ¿Y tú? 
Se limitó a negar con una dulce sonrisa en el rostro. Y como era ella y no otra persona cualquiera, palmeé el césped de mi lado invitándola a sentarse conmigo para hacerme compañía. 

Rápidamente se sentó a mi lado, no sin antes envolverme también con la manta, y abrazándome para que no se escapara ni una pizca de calor de nuestros cuerpos. No me quejaría; pocas veces en la vida había estado mejor que en su compañía, pero si encima me abrazaba con la delicadeza con que lo hacía no me importaría morirme ahí mismo de frío. Yo también pasé un brazo por su cintura después de apagar el cigarro y la acerqué más a mí si es que se podía.

    - ¿Quieres? -preguntó ofreciéndome de su refresco y alzó la cabeza de mi pecho para ver cómo le respondía. 
Pero sencillamente negué, y cuando volvió a colocarse, besé suavemente su coronilla antes de volver a apoyar la cabeza contra el tronco del árbol. 

Lo cierto es que estuvimos largo rato en esa postura, pero como a Alice tampoco parecía molestarle, no me moví ni un sólo centímetro de como estábamos. Durante aquel tiempo pensé, y pensé mucho, sobre todo lo que me estaba pasando en esos últimos meses. Sabía de sobra que nada de aquéllo tenía solución, que no la podía tener, pero mi mente siempre intentaba crearme falsas esperanzas. El por qué era más que obvio, pero era incapaz de aceptarlo.

Pero cuando estaba en el centro de mis pensamientos, inmerso como nunca antes y dándole más y más vueltas, Alice se revolvió entre mis brazos, y colocó sus piernas encima de las mías, haciendo así que la única parte de su anatomía que tocaba el suelo fuera su culo. ¿Para qué hablar en código?

    - ¿Alice? -pregunté. 
Ella murmuró algo, pero no llegué a entenderla. 
    - ¿Estabas dormida? 
    - Un poco... 
    - Las hormigas deben estar disfrutando de las vistas -bromeé. 
    - ¡¿Hormigas?! 

Como si de un resorte se tratara, saltó quedándose por completo encima mía, y digamos que... me quedé sin un huevo. Aunque sólo duro unos instantes, el dolor fue tan intenso que me hizo hasta sudar con el viento que seguía soplando, per intenté disimularlo cuando Alice se giró a mirarme con odio.

    - No vale cuando estoy medio dormida, sabes que las hormigas me parecen de lo más graciosas -murmuró. 
    - Perdona, pero es que seguro que te lo veían todo. -Reí, y besé su mejilla aunque intentó resistirse. 
    - Me voy a dormir -dijo, apartándose de mí, y se levantó. 
    - Espera, te acompaño. -Tuve que agarrarle de la muñeca para que no se escapara definitivamente. 
    - Sé ir sola, gracias por tu ayuda. 
    - No es por eso, boba -murmuré mientras me levantaba y la abracé por detrás a la vez que comenzábamos a avanzar-. Yo también tengo sueño -añadí para que me creyera un poco más. 

Dejó de oponer resistencia ante mi intento de abrazo, y pude pasar mi brazo derecho por sus hombros sin dejar de caminar hacia la casa de Matt. Era extraño vivir con ella, no lo negaré, y una locura si pensaba en que cuando acepté a hacerlo la conocía de tan sólo un mes y era una completa loca por McFLY, pero a Matt ya lo conocía, y esperé que Alice se comportara medianamente estando en presencia del que seguía sin considerar su padre aunque lo fuera.

    - Gracias, Alice -susurré antes de llegar a los escalones del porche trasero. 
    - ¿Gracias? ¿Otra vez? Mira que eres pesado... -dijo, y me creí que lo decía con tono cansino y de ligero asco hasta que me miró con una sonrisa burlona. 
    - No puedo evitarlo. Poca gente hace cosas parecidas a esta por mí, y es importante. No dejaré de agradecértelo por poco que te guste. 
    - No lo he hecho yo sola -dijo, para quitarle peso al asunto. 
    - Pero se te ocurrió a ti sola, ¿verdad? 
    - Verdad... -aceptó de mala gana. 
    - Entonces gano yo. 
Me hizo una pedorrera, y reí por ello. 

Habíamos subido los cuatro escalones con tal lentitud que aún habiendo mantenido aquella pequeña conversación no llegamos a abrir la puerta de la cocina que daba al jardín. Cuando al fin entramos, un repentino escalofrío me recorrió de pies a cabeza al sentir de nuevo aire caliente a mi alrededor.

Nos encontramos a Danny, Jeff y Harry esparcidos en los sofás y mirando un partido de fútbol en diferido, cosa que yo veía una auténtica estupidez. Tom ya se había largado, así que nos despedimos de aquellos tres con un simple Buenas noches que tan sólo nos respondió el más sobrio.

Muy a mi pesar me separé de Alice en cuanto llegamos al fondo derecho del largo pasillo de la segunda planta para ocupar nuestras respectivas habitaciones y camas, porque sinceramente no tenía ningún inconveniente en volver a compartir ambas. Pero no lo haría. Seguía lo suficientemente cuerdo como para no pedirle su virginidad como último regalo de cumpleaños.

La quería, sí, y no podía negarlo por mucho que intentara ocultarlo, pero sabía de sobra que aquéllo no podía ser, y que como amigos duraríamos muchísimo más que como algo mejor o peor según el punto de vista desde donde se mirara. Así que me despedí de ella, hasta el día siguiente, con un beso en la mejilla y un nuevo gracias antes de su mirada de reproche por habérselo repetido por... cuarta vez en la noche. No me importaba, se podría decir que había sido una gran y feliz noche.



Tachán. ¿Qué os ha parecido? Hacedmelo saber, ya sea por comentarios o por señales de humo, pero de verdad que lo necesito; siento que lo que escribo es una jodida mierda...

domingo, 5 de agosto de 2012

64 ~ Secrets.

HI, WE ARE McFLY! ¿Lo habéis leído como ellos lo dicen? ¡Genial, esa era la intención! Antes de nada: PERDONADME. Sé que me he retrasado muchísimo, y supongo que no tengo excusa, así que ruego que me perdonéis.


No hay un mejor día para subir capítulo que hoy. #9YearsMcFly. Espero que lo disfrutéis y GRACIAS POR LOS COMENTARIOS EN EL CAPÍTULO ANTERIOR, me hicieron muy feliz. Por cierto, que la canción, la segunda, era de Dani Martín, y aquí os la dejo porque me hace ilu y esas cosas.


http://www.youtube.com/watch?v=cY0J3Psu6VM


Este capítulo se lo dedico a @NoGuidinLight y a @Beatriz_ugarte. Y punto.


¡A leer!




La noche continuó con música que realmente merecía la pena -aunque hubieran excepciones, canciones que no me agradaron tanto-, y no yos que cantaban únicamente para Dougie, pues él era mi único fan y el único que tendría nunca por cuestiones más que obvias.

Se podría decir que vi a Dougie feliz, aunque la mayor parte del tiempo se alejaba del grupo o se excusaba con ir a fumar para salir y quedarse solo durante un tiempo indefinido que a mí se me pasaba eterno estuviera en compañía de quien fuera, pero al fin y al cabo sonreía. Y hablando de compañía, hacía dos malditas horas que estaba allí y no había visto a Harry por ningún lado, por lo que, aprovechando una de las marchas de Dougie, fui en su búsqueda.

Tuve que preguntar a un par de personas que parecían, a parte del agrado de Dougie, también del mío, e incluso me encontré a Carrie, a quien no había visto aún, y quien me distrajo un rato aunque después seguí buscando al comeladrillos que me había prometido estar conmigo y que se lo estaba pasando todo por el forro de los huevos. De hecho, dudaba también que hubiera visto a Dougie.

    - ¡Capullo! -le grité, sin un tono de enfado, cuando al fin lo vi salir de los aseos. 
    - ¿Alice? -la confusión se reflejó en su rostro al verme. 
    - No creo que nadie más te buscara de no encontrarte en ningún lado -dije, esa vez sí con un tono de reproche. 
    - ¿Te han dicho ya que estás preciosa? 
    - Sí, gracias -me limité a responder. 


Sin más dilación me encaminé nuevamente a la zona que se nos tenía asignada. Aunque tampoco es que yo sintiera que debía compartir lugar con personas muy importantes; me sentía así con la compañía en la que me encontraba en esa zona, y además no conocía a nadie que no perteneciera a ese destacado puesto del local.

    - Alice, espera -pedía Harry detrás de mí. 

Pero no me giré. Probablemente mi enfado con él se debiera al cúmulo de emociones que había sentido durante una escasa hora y que no había dejado salir del todo por miedo, o simplemente porque no quería llamar la atención en la noche de Dougie, y Harry no estuvo en ningún momento como me había dicho que estaría a mi lado.

    - ¿Qué pasa, pequeña? -Entonces me alcanzó. 
Me agarró del brazo e hizo que girara... demasiado fuerte; me estampé contra su pecho y no pensé con claridad durante varios segundos, hasta que reaccioné y me separé para mirarle a unos ojos que me dejaban igual de atontada. 
    - He cantado. Y no me has escuchado -aseguré. 
    - Eso no es cierto. 
    - Ya, claro, y ¿por qué no estabas con los demás cuando os he dedicado una canción? -le espeté. 
    - Porque estaba ahí abajo -dijo señalando el “escenario” donde había estado yo. 
    - Mentira. 
    - ¡Alice! Estaba ahí -repitió, sin soltarme el brazo, pero su agarre se volvió suave y volvió a desconcentrarme. 
    - No es verdad. 
    - Pues lo que tú digas, Alice. Si no estaba, no estaba. -Me soltó del todo y siguió la dirección en la que iba yo. 


No. No estaba. No pensaba decir lo contrario porque sabía perfectamente que no era lo que él decía. Puede que cualquier otra persona se me hubiera escapado, que no me hubiera fijado en su no-presencia, pero él no estaba donde debía estar. Ni donde debía ni en ningún otro lugar. No podría haber perdido sus ojos. Nunca. Pero él parecía no saberlo.

Esa vez no seguí yendo rápido, por lo que perdí de vista la espalda de Harry entre la multitud sin pararme a pensar nuevamente en si podría estar realmente enfadado conmigo.

Pero de camino me encontré con alguien. O más bien debería decir que ese alguien me encontró a mí. Ashleen. Apreció de la nada y, a decir verdad, me alegró muchísimo. Era obvio que Tom la tenía que haber invitado con lo bien que se llevaban ella y Dougie, pero con todo el barullo de la fiesta se me había olvidado por completo su posible presencia.

Como era libre de hacer lo que quisiera (y pobre del que me lo impidiera) me quedé con ella charlando y nos apartamos en una pequeña mesa redonda con varias sillas altas que nos permitieron hablar tranquilamente de cualquier cosa que se nos ocurriera.

    - Entonces, ¿cuánto hace que conoces a Dougie? -Nos habíamos limitado a hablar únicamente de McFly durante todo el rato y a piropearnos también en la primera parte de la conversación. 
    - Pues desde que tenía dieciséis años -respondió ella. 
    - Y ¿cuántos tienes tú? -me interesé, entonces. 
    - Veinticuatro también. 
    - Y... -Habría preguntado ¿cómo os conocisteis? de no haberme asustado por unas manos que se posaron en mis brazos de golpe y me empujaron ligeramente hacia delante-. ¡Dougie! -me quejé al girarme y verlo allí plantado. 
    - ¿Qué hacen las dos mujeres más increíbles del mundo hablando juntas? -se limitó a preguntar y ocupó la silla que tenía a mi derecha y que lo dejaba entre nosotras dos. 
    - Hablar -dije yo. 
    - Ja. Ja. Ja. ¿De qué hablabais? -Optó por girarse hacia Ashleen, dándome así la espalda y consiguiendo su objetovo: que me picara. 
    - De McFly, pero Alice iba a preguntarme algo antes de que interrumpieras. -Qué bien me caía Ashleen... 
    - ¿Cómo os conocisteis? -pregunté al fin, y aproveché que los tenía a los dos delante para ver sus reacciones. 
Ashleen se mostró impasible, de hecho, también buscó la reacción de Dougie, quien, después de removerse en la silla un poco, volvió su vista hacia la amiga con la que sospechaba que escondía algo y se encogió de hombros. 
    - ¿Quieres conocer a otra amiga? Te caerá de puta madre -dijo y, después de rápidamente besar la mejilla de Ashleen como despedida, me agarró por el brazo y me arrastró nuevamente hasta “nuestro sitio”. 

Hacerme eso a mí -o a cualquier otra persona- no hacía más que incrementar las ganas por saber cuál era la historia de ésos dos. ¿Qué era tan secreto que debía ser esquivado con la presentación de una nueva persona? Sólo se me ocurrió una teoría parecida a Pretty woman, pero la descarté rápido; era una estupidez enorme.

Lo dejé pasar. A cambio me tiré encima de Danny cuando lo vi medio tumbado en uno de los sofás rojos jugueteando con su móvil, aunque ni se inmutó. Y como así no era divertivo me senté como una persona civilizada y encontré mi siguiente presa: Harry.

    - ¿Izzy no ha venido? -pregunté cambiándome de lugar; sentándome en la banqueta que él también ocupaba. 
Sin apartar la vista de su copa, se limitó a responder: 
    - No. 
    - ¿Y eso? 
Entonces sí me miró. 
    - Ha ido a visitar a su familia. -Sonrió ligeramente. 
    - ¿No se llevan bien Dougie y ella? 
    - Claro que se llevan bien -obvió. 
    - Y, entonces, ¿por qué ha elegido estos días? 
    - ¡Y yo qué sé, Alice! -Se acabó su copa de un trago. 

Que me dijera eso me sentó como una patada en el culo. Y no porque me gritara, no, sino porque esa frase y su último gesto me indicaban que las cosas con Izzy no iban bien del todo, o al menos había algo raro. Y si una pareja como ellos sufría una crisis...

Descarté esa posibilidad de inmediato. A excepción de Tiovanna, eran la mejor pareja del mundo y hasta una no conocedora de McFly lo sabía, por lo que no podían estar mal... ¿no? Pero entonces me sentí culpable irremediablemente. No sería la primera McPareja que rompiera desde mi llegada a Londres, y más concretamente desde que los conocí. Obviamente los casos eran incomparables, pero siendo una gafe, lo era para todo.

    - Lo siento -le escuché decir a la vez que me abrazaba y nuevamente me dejaba sin pensamientos. Quizá se hubiera tomado mi quietud como síntoma de sentirme mal porque me hubiera gritado, pero no me quejaría estando en sus brazos, obviously. 
    - No te preocupes -logré decir yo. 
    - Sí, sí que me preocupo porque no debería pagar mis cosas contigo -dijo, volviéndose a separar de mí y limitándose a mirarme. 
    - Y ¿cuáles son esas cosas tuyas? -pregunté, con miedo por que me dijera lo que no quería que sucediera en la vida. 
    - Me he encontrado con... -miró a todos lados antes de acercarse a mi oído y susurrar-: Frankie. Y obviamente no podía dejar que entrara -añadió después con voz normal. 
    - Pero ¿estaba aquí? -pregunté sin poder disimular mi sorpresa. 
    - No, la he encontrado... ¿recuerdas dónde aparcamos la última vez que estuviste aquí? -preguntó. Cómo para no recordar aquella noche... Visualicé el coche a unas dos manzanas del local. 
Asentí por si realmente esperara mi respuesta. 
    - Pues ahí. Y ha insistido en entrar y al menos felicitar a Dougie, pero como comprenderás no me ha salido de los huevos. 

Claro que lo comprendía. Y pensar lo que tenía que haber aguantado Harry... Porque no fueron pocas las noches que Dougie me decía que no volvería porque estaría en casa de Harry, aunque ahora que lo pensaba quizá hubiera estado en cualquier otros sitio intentando arreglar las cosas de una manera poco adecuada...

    - Alice, ¿estás bien? -preguntó, preocupado. 
    - Sí, claro. -Sonreí para que creyera lo que le decía-. Pero tú no estabas -añadí y rápidamente me levanté para que no pudiera volver a alcanzarme. 
    - ¿Que no estaba dón...? -logré escucharle decir entre la música que volvía a sonar fuerte a mi alrededor, pero fui a protegerme junto a Tom-. ¡Alice! -gritó y yo me giré sólo para reírme. 
Al menos conseguí que él sonriera también como tan loca me volvía y a la vez negara como si me tratara de un caso perdido. 

Pasé un rato con Tom... cantando canciones de Disney. Frikis un rato, sí, y lo sabíamos, pero fuimos felices mientras cantábamos juntos después de que él me enseñara primero cómo eran las canciones en inglés pues yo siempre las había escuchado y cantado en español. Se nos unió Carrie al poco de empezar y fue aún más divertido, aunque la mayor parte del tiempo dejé que cantaran ellos dos solos para escuchar las voces de aquellos increíbles hermanos fusionarse y complementarse a la perfección.

Y cuando Carrie se disponía a enseñarme cómo era la canción de La bella y la bestia, una chica de cuerpo envidiable y dentadura perfecta se nos acercó para saludar a Tom. Llevaba un vestido color azul que le quedaba por encima de las rodillas, unos tacones simples, negros, y a penas un par de complementos; su pelo se parecía algo al mío en cuanto a color pues lo llevaba liso, aunque no sabía si era natural o no ya que la acababa de conocer; su maquillaje era sencillo, pero quizá a ella el exceso le gustara tan poco como a mí. Me la presentó como Bridget.

    - Déjame que te diga que has cantado genial -me dijo sonriente. 
    - Déjame que te diga que vas preciosa, pues -contraataqué; no llevaba bien eso de que me halagaran. 
    - Bueno... Gracias -murmuró ella, ruborizándose ligeramente. 

Hablé durante un rato con ella, bastante a decir verdad, y resultó ser también GD y la chica que tanto había buscado Dougie para presentármela, pero yo la había descubierto antes. También escuché una discusión de Tom y Danny pues al pecas no le hacía especial ilusión que ella estuviera allí... porque había sido pareja suya, o al menos habían tenido un rollo duradero. En aquel momento abusé de la confianza de GDs y le hice preguntas a Bridget que quizá no tendría que haber hecho; ya no lo vería como antes, no podría confiar en él la próxima vez que me dijera “Voy a hacer el amor con Georgia”. Yo quería mucho a Georgia, y eso... no comprendía cómo podía aguantarlo. Así que dejé de preguntar ante las carcajadas de Bridget por las caras que puse y los comentarios de pánico que hice.

Poco después me fui a la pista de baile... con el pecas. Llamadme masoca por hacer eso después de haber escuchado lo que había escuchado, pero fue algo así como tomarme un par de copas, porque de hecho comencé a perrear con él. No es que yo fuera una experta, pero viéndole a él creo que de fuera parecía que yo me pasaba los días bailando de aquel modo tan horroroso y que sólo hacía por pasar el rato y reírme... mucho.

No aguanté demasiado; era agotador. Por lo que le dejé el puesto a Harry... No, pero me habría gustado verlos. Me fui nuevamente al lugar donde estaban todos los que yo conocía y aproveché que Dougie trasteaba con su iPhone para sentarme a su lado en el sofá.

    - ¿Qué haces, lagarto? -pregunté. 
    - Nada importante. ¿Te lo has pasado bien con el pecas? -bromeó mientras se guardaba el teléfono en el bolsillo trasero de su pantalón. 
    - Me he reído un rato, sí. 
    - Perreas muy bien. -Me guiñó un ojo. 
    - ¡Doug! -me quejé yo, y le pegué un manotazo en el brazo-. Vas a quedarte sin regalo. 
    - ¿Qué regalo? ¿Más? -Los ojos se le abrieron como platos. 
    - Claro. 
    - Y... ¿por qué no me lo das ya? -ofreció y me dedicó una sonrisa... con la que no podía resistirme. 
    - Pero dame un beso. 
Se apresuró a besar mi mejilla y yo reí. 

Tuve que volver a meterme entre todos los bailarines o intentos de tal para llevarme a Danny a rastras pues el regalo seguía en su coche. Porque como se lo hubiera olvidado le habría cortado el cuello.

    - Me lo estaba pasando bien -se quejó cuando salimos y el aire fresco nos azotó de pleno en la cara. 
    - Luego te lo pasarás mejor. Me tienes que dar el regalo de Doug. 
    - Pues no llevo las llaves, lista. 
    - Te odio. ¿Dónde las has dejado? -pregunté, resignada. 
    - Creo que se las he dado a Georgia. 
    - ¿Sólo crees? 
La única respuesta que obtuve fue un encogimiento de hombros. 

Así que volví a entrar, ordenando a Danny que no se moviera ni un pelo aunque lo creyera imposible. Fui a la zona en la que se suponía que deberíamos estar, pero no encontré a Georgia. Miré por encima de la gente, pero tampoco la veía. Pregunté a Gi, pero no sabía si se había ido al baño. Seguí buscando, hasta que me encontró ella a mí y me dijo que se había encontrado a Danny fuera y le había pedido las malditas llaves.

Había perdido diez minutos para nada. Genial. Volví a salir. Tiré del brazo de Danny hasta que se despidió del fumador con el que estaba hablando y fuimos finalmente al coche en busca del puñetero regalo de mi lagarto. Antes de entrar llamé a Tom para que se asegurara de que Dougie no miraba la puerta ni nada para que no pudiera acertar su regalo antes de tiempo y fuimos todo lo ráìdo que me dejaron mis tacones hasta nuestro sitio, que ya estaba repleto de todas las personas que se suponía que debían haber estado allí desde un principio.

A Dougie me lo encontré en medio de aquel círculo con un Tom tapándole los ojos delicadamente que me sonrió al verme aparecer entre la multitud con el esperado regalo. Lo dejé encima de la mesa con todo el cuidado posible.

    - ¿Preparado? -pregunté. 
    - Hace media hora por lo menos. 
    - Pues te aguantas. Ya puedes abrir los ojos. 





¿Qué tal ha ido este? El próximo no lo tengo acabado del todo, pero adelanto que es POV del pollito.


VIVAN MCFLY Y LOS NUEVE MARAVILLOSOS AÑOS DE MÚSICA QUE NOS HAN REGALADO.