viernes, 28 de septiembre de 2012

67 ~ Freckeled.

Here I am! Esta vez no he tardado tanto, porque aprecio muchísimo a las que os habéis quedado aquí a pesar de mis tardanzas. Antes de nada, agradecer a todas los comentarios, que además me enteré que tengo una lectora chilena y eso es alskdjfhg. Así que nada, os dejo con un capítulo caca, pero qué se le va a hacer... Imaginación hay poca.

AVISO: Cuando acabé el anterior capítulo no sabía qué más hacer, así que ese día se acaba ahí, y el capítulo de hoy es ya... Viernes, 2 de diciembre de 2010.




Desperté antes que mi alarma del móvil sonara y creí estar en Mallorca por un momento. ¿Desde cuándo en Londres brillaba el sol? Por lo que rápidamente me levanté, ganándome también un pequeño mareo y corrí a abrir las cortinas para llenarme de toda la vitamina D que pudiera antes de volver a encerrarme en aquella prisión a la que los padres llaman instituto.

Mala idea lo de abrir las cortinas, sí. Pude ver en el jardín a Dougie, hablando por teléfono y moviéndose de un lado a otro. Sinceramente, no podría haber elegido esa imagen como demostración de la felicidad. Además, se escuchaban murmuros a través del cristal, pero estaba segura que en realidad estaba hablando más fuerte de lo normal.

Me preocupé, obviamente. ¿Qué estaba pasando? Y no pude quedarme en mi habitación, tranquilita como una buena persona, porque yo soy Galaxy Defender, y si alguno de ellos no está del todo bien... malo.

Corrí por el pasillo hasta llegar a las escaleras y las bajé con cuidado de no caerme, pero cuando llegué al último escalón comencé a ir lento y pisando lo menos posible hasta la cocina para espiar a Dougie desde la puerta que daba al jardín trasero.

Mala idea también. Se podría decir que mis peores sospechas se cumplieron, por desgracia: era Frankie, y no había ninguna duda. Corrí de puntillas hasta situarme al lado de la puerta pues no era tan tonta de quedarme delante cuando era de cristal. Peor idea.

    - ¡Que sí, hostia! Siempre todo como tú digas -gritaba él-. No te preocupes que mañana ya no habrá de mi mierda por ahí si es lo que quieres. -Un silencio. Hasta yo escuchaba a Frankie desde allí, pero las palabras no las distinguía-. Perfecto. Me parece perfecto -gruñó-. Adiós.

Un nuevo y descomunal instinto asesino se apoderó de mí, aunque yo deseé que se fuera. ¿Cómo era capaz de seguir jodiéndole? ¿Es que esperaba que yo la matara o era más tonta que las piedras?

    - ¡Joder! -Fue lo último que le escuché decir después de oír un pequeño estallido. ¿Era un móvil rompiéndose?

Me sentí una mierda. No por haberle espiado pues ese era el menor de los problemas, sino por saber que la cosa no había mejorado y que Dougie no podía seguir así. ¿Cómo estaría después de lo que yo acababa de escuchar? ¿Dejaría de hablarme? ¿Se iría a Dios sabía dónde?

Opté por aparentar que no había escuchado ni visto nada: me preparé un tazón de leche con cereales como cualquier otra día por si apareciera de un momento a otro, me senté a la mesa e intenté desayunar como si no hubiera pasado nada.

Pero sí había pasado, y dudaba de mí misma a la hora de poder dirigirme a Dougie. ¿Sabría disimular lo suficiente? Lo averiguaría en cuanto entrara por la puerta... y lo hizo. Estaba serio, muy serio, hasta que me vio allí sentada y esbozó un intento de sonrisa.

    - Buenos días -dijo. 
    - Buenos... Buenos días -murmuré yo.

Desapareció. Se perdió, quizá por el salón, o quizá a su habitación. No lo sé. Pero me lo mostró un par de minutos después cuando reapareció con un preciado paquete de tabaco y un mechero en la mano, y un cigarrillo ya en la boca. Y salió nuevamente al jardín.

No quise liarla más y en cuanto acabé de desayunar subí a mi cuarto en vez de salir yo también y preguntarle qué le pasaba como habría hecho de no haberlo escuchado. Me vestí, me aseé, cogí mi móvil y bajé para sentarme en el sofá y ver si Tom había tweeteado algo desde que yo no me conectaba.

Pero por desgracia la hora de marcharme llegó, así que me despedí de Matt, de mi madre, de Jeff, de la ya embarazadísima Beth... y también tenía que hacerlo de Dougie si lo que debía era aparentar que no había escuchado nada. Y así hice, encontrándomelo sentado en el balancín del porche trasero con los pies encima de la mesita y el cenicero a su lado con un par de colillas ya.

    - Dougie, me voy... -susurré. 
Él se limitó a asentir, por lo que retrocedí un sólo paso. 
    - ¿Y mi beso? 
No pude esconder mi emoción después de que me dijera eso y rápidamente me acerqué a él para besar su mejilla sonoramente. Y después de que me dedicara una sonrisa sí que me dispuse a entrar en casa para poder irme al instituto muy a mi pesar. 
    - Alice. -Su voz me detuvo cuando estaba a punto de pisar el parqué de la cocina, por lo que me giré. 
    - Dime. 
    - ¿Has escuchado algo? 
    - ¿Cuándo? -pregunté, inocente. ¿Colaría? 
    - Nada... Tonterías mías. 
    - Pues yo me voy ya... a no ser que quieras impedírmelo -insinué. 
    - No querría que te pasaras el único día de sol que verás en Londres conmigo, prefiero que lo hagas aburrida y encerrada en ese sitio al que yo no pienso volver -bromeó él.

Las cosas estaban bien, o al menos parecía que Dougie haría caso a Danny y aparentaría ser feliz para que los demás no se preocuparan tanto por él... aunque yo seguiría preocupándome igual por él por haberme metido donde no me llamaban.

Así que fui a casa de los Graddon para dirigirnos juntos al instituto y por el camino me encontré con un Tombie que iba a despertar a Danny sólo para molestarle un poco ya que Giovanna se había ido de casa temprano y Georgia también estaba fuera desde el día anterior.

Las perocupaciones desaparecieron durante la mañana; hice dos malditos exámenes que me salieron realmente bien teniendo en cuenta que no eran de mis asignaturas preferidas (filosofía y latín), disfruté del sol que creía ya desparecido en los recreos y charlé con Brooke y unas cuantas GDs más que había conseguido conocer gracias a ella.

    - ¿Por qué no podemos decir nada sobre que los conoces? -me preguntó nuevamente de camino a casa, cuando tan sólo estábamos ella y yo. 
    - Porque no quiero que deseen matarme sólo por ser su amiga... que ya bastante me cuesta asimilarlo a mí. 
    - ¿Sólo por ser su amiga? Alice, ¡Dougie vive contigo! -exclamó, incrédula por mis palabras. 
    - ¿Y tengo yo la culpa? 
    - Fuiste  la que le ofreció hacerlo -me recordó, mirándome como si fuera a asesinarme. 
    - Pero no le obligué. En su derecho estaba de decir que no... 
    - Y le habrías arrancado a Willy de haber sido así. 
    - ¡Brooke! -me quejé. 
    - ¿Es o no verdad? 
    - Pues claro que no. ¿Tú lo habrías hecho? 
    - Lo habría amenazado, por lo menos -dijo como si fuera lo más normal del mundo. 
No pude evitar reír. 
    - Anda que esperáis. -Mark apareció de repente, parecía incluso que el corazón se le iba a salir por la boca de lo que había corrido para llegar hasta nosotras ya que no estábamos precisamente cerca del instituto. 
    - ¿No tenías examen de economía a última hora? -le preguntó su hermana. 
    - Sí. 
    - Pues eso. 
Mark se limitó a bufar, y yo tuve que reír por la situación. Aunque ellos tuvieran algunas discusiones, ni por asomo su relación era tan destructiva como la mía con mi hermano. 
    - ¿Te quedas a comer en casa? -me preguntó Brooke, después de haber escuchado en silencio 5 colours in her hair y Nothing; siempre escuchábamos su música por el camino. 
    - No, yo me voy a casa de Matt. 
    - ¿Puedo preguntarte algo? -Mark hizo su primera intervención después de su repentina aparición. 
    - Claro. 
    - ¿Por que la llamas casa de Matt y no simplemente mi casa, o casa? -inquirió. 
    - Pues porque... no es mi casa. 
    - Vale -murmuró, insatisfecho por mi respuesta. 
    - Dale recuerdos a Dougie -me dijo Brooke aprovechando que ya habíamos llegado a su casa. 
    - No sé si pasaré primero por casa de Tom... -dejé caer, aunque en realidad me fuera directa a donde desde un principio había dicho. 
    - Zorra -murmuró por lo bajo. 
    - Yo también te quiero. -Reí y pasé de largo su casa. 
    - ¡Adiós! -me gritaron ambos hermanos. 
Yo los despedí con un movimiento de mano, sin molestarme en girarme siquiera.

Volví a casa de Matt en autobús porque de repente me entró una pereza increíble. Seguí escuchando música, y justo cuando el bus se detuvo en mi parada recibí un mensaje del genialísimo Danny.

¿Te vienes a comer conmigo? Me aburro y los capullos que tengo por amigos están “ocupados”

No le respondí. Era más rápido llamarle, por lo que así hice... Y el capullo tardó la vida en cogérmelo. Menos mal que se aburría...

    - Acabo de llegar a casa de Matt, Danny... -le dije en cuanto al fin descolgó. 
    - Lo sé, te estoy viendo.

Colgué. Yo todavía no lo había visualizado, pero si me decía que me veía... no podía estar lejos. Y no lo estaba; lo vi en su coche, aparcado justo enfrente del jardín, con la rueda de la parte del copiloto encima del bordillo.

Habría preferido que no saliera de su flamante BMW serie 3, o al menos que no lo hiciera tan sexymente como lo hizo. Obviamente llevaba esas Ray-Ban de pasta negras que tan bien le quedaban, que para un día que hacía sol... Y las combinaba con unos pitillos grises, unas Vans negras y el chaquetón a cuadros rojos y negros, consiguiendo que me diera un mini infarto después de que se apoyara con una sola mano en el coche y me esperara con una radiante sonrisa.

Cuando llegué a su lado me abrazó. 
    - ¿Así que soy tu última opción? -le recriminé. 
    - Es que no quiero ser el causante de tu fracaso escolar... Ahora vas a estar una semana pensando en esta tarde aunque no hagamos nada de lo que podamos arrepentirnos. 
    - Danny, no voy a malinterpretar cada frase que digas. Sé controlarme -dije. Me parecía increíble que siguiera con lo mismo después de haberlo solucionado todo. 
    - Por si acaso. Venga, entra -me instó. 
    - Espera que avise a mi madre y eso ¿no? 
    - ¿Por qué coño tendrás que ser menor? Hay veces que no lo pareces... 
    - Vale. Ahora vuelvo. 
Él se limitó a asentir, por lo que salí corriendo para entrar y poder irme con el pecoso rápido.

Subí la mochila a mi habitación y dejé los auriculares que no me había quitado de las orejas tirados de cualquier manera por la cama porque con Danny no necesitaba ponerme música en mi móvil, cualquiera que él pusiera (cantara aún mejor) era sencillamente genial.

Y entonces comencé a llamar a mi madre y a Matt a voz de grito una y otra vez mientras bajaba las escaleras, pero no obtuve respuesta. Dougie debía haberse esfumado también porque supongo yo que habría aparecido de haberme escuchado a mí gritar como una loca...

Así que sólo me quedaba probar si estaban en el jardín pues sinó tendría que improvisar una nota de tipo “Mamá, me he ido a comer con Danny. No sé cuando volveré, pero no te preocupes por lo que todos estos años te he contado sobre él; en realidad es buena persona, o al menos conmigo lo intenta” y después dejaría de verlo.

Pero lo que vi al abrir la puerta trasera no me gusto demasiado. Dougie. Si no estaba en la misma posición en la que lo había dejado, se había movido bien poco. Pero la pila de colillas que ya se acumulaban en el cenicero que seguía a su lado me indicaba que, por lo menos, había tenido que ir a por otro paquete de tabaco.

    - ¿Te pasa algo, Dougie? -me atreví a preguntar en un susurro.

No me contestó. Cierto era que tenía los ojos cerrados, pero no estaba dormido. Demasiadas fotos le había hechado Harry durmiendo como para no saber diferenciarlo yo en aquel momento. Me decidí a moverme de donde me había quedado petrificada y me senté en el balancín al otro lado de Dougie, y fue entonces cuando abrió los ojos de repente y sólo cuando me vio su rostro se suavizó y consiguió esbozar una sonrisa.

    - ¿Estás bien? -logré preguntar de nuevo. 
Obtuve un sencillo asentimiento como respuesta.

No, no lo estaba. Agaché la cabeza y, esperando que no se enfadara conmigo, cogí su mano con la mía, viendo que tenía hasta los dedos amarillos de lo que había fumado; él se apresuró a apretarme la mano y yo le correspondí.

    - ¿Sabes dónde están mi madre y Matt? -le pregunté volviendo mi vista hacia él. 
    - Jeff me ha dicho que se iban los cuatro a comer no sé dónde -murmuró. Su voz sonó ronca, demasiado para poder gustarme. 
    - Pues a mí me ha dicho Danny que vaya con él. Dice, además, que sois unos capullos -añadí la última frase con una sonrisa para ver si conseguía que le cambiara la cara... y algo hice. 
    - No le digas que estoy aquí, se supone que estoy ocupado -me guiñó un ojo. 
    - Vale. ¿Le dirás tú a Matt dónde estoy? No sé cuándo me traerá de vuelta, pero tengo que estudiar griego. 
    - Claro. Obviaré lo de estudiar porque entonces te hará venir pronto. 
    - Gracias -dije alargando mucho la segunda “a”. 
    - Mi beso -me recordó en cuanto me levanté. 
Mi beso -me recordó en cuanto me levanté.

Entré en el coche de Danny como si nada hubiera pasado, con una sonrisa en mis labios, y me respondió mirándome con un falso desdén, encendió el motor, sonó Crazy de Aerosmith, y comenzó el viaje que no sabía dónde acabaría... por lo que pregunté:

    - ¿Dónde me llevas, pecas? 
    - No sé si te llevaré a ningún sitio tardando lo que tardas y llamándome como me llamas -murmuró, intentando parecer enfadado. 
    - Ya te he dicho que tú a mí no me das clases de puntualidad, y te llamo como te llamo porque te picas y es divertido. 
    - Enana... -murmuró de nuevo, pero esa vez mucho más bajito intentando que no lo escuchara. 
    - Lo tengo más que asumido, pecoso. -Recalqué la palabra con todo el rintitín del mundo.

Su cara se volvió muchísimo más seria: le había tocado la fibra. Quizá no me hablara durante un rato, por lo que acabé de cantar la canción y, en cuanto se paró en un semáforo me apresuré a abrazarle y besar su mejilla sonoramente.

    - Si sabes que te quiero más que a nada, tonto. 
    - ¿No ves que estoy conduciendo? -me riñó. 
    - Estás parado. Y no intentes enfadarte conmigo porque perderás. 
Se giró hacia mí y alzó una ceja. Yo le respondí con el mismo movimiento, pero entonces el coche de atrás nos pitó porque se veía que el semáforo se había puesto en verde para nosotros. Y tuve que reír. 
    - ¿Qué es lo que perderé, si se puede saber? 
    - Tengo que pensarlo. Pero no me retes, Jones. Sé más de tu vida que tú mismo, así que tú verás... 
    - Eres perversa, y a veces te odio -se limitó a decir. 
Subió el volumen del reproductor cuando la canción que sonaba era Because the night, de Bruce, y siguió conduciendo como si nada.

Había ganado yo.




See ya! <3

sábado, 22 de septiembre de 2012

66 ~ Not what they thought.

LO SIENTO. Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento... Sé que merezco morir sin escuchar el nuevo CD de McFLY, pero por favor, perdonadme. Os juro por lo que más quiero que no volverá a pasar tanto tiempo hasta que su ba el siguiente capítulo, pero es que he tenido una serie de problemas bastante grandes en casa... Y no tengo que contaros mi vida. Os dejo con el capítulo, que encima de mala escritora, soy una pesada.

Este capítulo se lo dedico a @NoGuidinLight (otra vez, creo) porque la quiero, y porque me da la gana, y punto. Es un poco caca, y os pido de nuevo disculpas, pero intentaré que los próximos sean mejores.




La noche anterior había estado repleta de momentos que nunca habría esperado vivir, pero ¿y aquella mañana que desperté con los brazos de alguien rodeándome por completo, en mi cama, y sin que yo volviera a acordarme de nada?

Intenté sin ningún resultado llegar al momento de mi memoria en que me metía en la cama con alguien, pero lo último que recordaba era haberme metido en ropa interior -sin pararme a poner el pijama por lo cansada que estaba- después de despedir a Dougie justo delante de la puerta de mi habitación.

No había abierto los ojos, y temía hacerlo pues esos en absoluto eran los brazos de Dougie. Y sabía perfectamente de quién eran cuando me paré a analizar la situación, a realmente sentir esos músculos rodeándome y un pecho duro que descansaba ligeramente sobre mi espalda, su aliento cálido impactando en mi nuca y haciéndome llegar un horrible olor a alcohol.

Era Harry, sí, y me tenía literalmente presa entre sus brazos. Por más que intentara moverme para separarme de él, su agarre era férreo y no me dejaba salir de ningún modo si yo seguía con la intención de no despertarlo. Y seguía con ella, porque en aquellos momentos, sin haberme tomado mi vaso de leche con Nesquick de cada mañana, no me apetecía nada tener que discutir con alguien que tendría una resaca infernal por qué pasó para que acabara durmiendo en mi cama sin mi consentimiento. De eso estaba segura: no le había invitado a entrar.

Gracias a Dios, y nunca mejor dicho pues fue él mismo quien apareció, escuché a Tom -tenía que serlo- silbando la marcha nupcial de camino, supuse que dirigiéndose al cuarto de baño que había al lado de la habitación de Dougie. Quizá se dirigiera a alguna de nuestras habitaciones, pero lo dudaba bastante.

Así que comencé a gritar su nombre en susurros con tal de no despertar al gigante con el que inesperadamente compartía cama. Primero dejó de silbar y prestó antención por si no eran imaginaciones suyas que alguien le pedía socorro, así que volví a llamarle y segundos después vi su cabeza asomarse por la puerta de mi habitación. Y su cara al enfocarme bien en la oscuridad -y también a mi acompañante- no fue nada que no esperara.

    - ¿Qué coño...? -Abrió aún más los ojos si es que se podía. 
    - Esas palabras, Tom -le regañé yo. 
    - Son necesarias en este momento. ¿Me explicas qué es esto? 
    - No lo sé. Pero sácame de aquí, por favor -supliqué. 

Tom se acercó a mí sigilosamente. Era una suerte que puediera dejar a un lado su enorme lado cotilla y viniera a ayudarme, aunque sabía que después me esperaba... algo que no llegaba a identificar con claridad. Él también intentó sacarme de ahí con delicadeza, pero como no funcionaba ni estirándome de los brazos ni de las piernas, optó por hacerlo con tanta fuerza que cuando consiguió que saliera cayó al suelo de culo. Y yo encima suya.

Tuve que contener la risa, aunque lo mío me costó pues la situación era realmente para reírse. Pero la risa dejó paso a la vergüenza cuando Tom comprobó mi indumentaria.

Sabía yo que no tendría que haber hecho caso de Georgia, quien insistió en que me lo comprara porque era sexy y me quedaba muy bien -porque sí, también me dijo que debía probármelo-, ni a Brooke cuando me obligó a ponérmelo por si Dougie reclamaba su polvo cumpleañero.

Estaba claro que yo no me veía ni sexy ni muy bien con él puesto porque siempre había sido la persona con menos autoestima del planeta, y tampoco habría pretendido nunca darle un polvo cumpleañero a Dougie por mucho que pudiera fantasear con que él me regalara el mío, pero las hice caso porque... no sé porqué las hice caso, pero la cuestión es que lo hice y conseguí así que, al verme Tom y quedarse con la misma cara llena de sorpresa, desconcierto y hasta también vergüenza, mis mejillas se tiñeran de rojo en una respuesta involuntaria de mi cuerpo pues yo habría preferido esconderme debajo de la tierra y no volver a salir de allí.

Pero obviamente eso no ocurrió. Me quedé igualmente en la posición que la caída me había dejado, encima de Tom, con ese conjunto de lencería, rosa y negro, con encaje.

Hasta que Tom reaccionó y rápidamente se quitó la camiseta para ofrecérmela como buen caballero que él es, sin pararse a pensar que estábamos en mi habitación y que podría haber cogido una de las mías, pero ¿para qué regañarle esa vez? Mentiría si dijera que no me quedé varios segundos sin reaccionar pues tenía una estrella de lo más bonita delante adornando el pecho de uno de mis amados.

    - Alice, por favor... -me instó.

Entonces fue él el que se puso colorado, así que me apresuré a ponerme la camiseta que me había ofrecido -de Tom & Jerry-, me levanté de un salto, le ofrecí la mano a Tom para ayudarle a levantarse y salí de la habitación escoltada por mi salvador.

Tom dejó que desayunara tranquilamente mientras veía la MTV para comenzar a interrogarme y se dedicó a trastear con el móvil mientras tanto.

    - ¿Qué ha pasado? -me preguntó en cuanto dejé mi taza de Mickey Mouse en la mesita del salón, donde nos habíamos instalado. 
    - No lo sé. Ayer no estaba en mi cama cuando yo me dormí -aseguré. 
    - Pero le dejaste entrar después -dijo como si realmente hubiera pasado. 
    - ¡No! Te prometo que no tenía ni idea de que estuviera allí hasta que me he despertado. 
    - ¿Entonces...? -pretendió insinuar. 
    - ¿No recuerdas el pedo que pilló ayer? Pues se metió en mi cama así porque sí -dije-. Por cierto... -rápidamente cogí mi móvil pues la noche anterior lo dejé en la misma mesita donde ahora reposaba mi tacita ya sin mi desayuno y busqué el último vídeo y foto que me pasaron. 

Estaban ahí. No era un sueño. Había conseguido un beso entre Harry y Danny y con eso ya me podía morir tranquila sin esperar nada más a cambio en este mundo. Me recosté de nuevo en el sofá, y no sé qué cara debí poner, pero Tom enseguida me pregunto, confundido:

    - ¿Y ahora qué?

Yo me limité a teclear en el iPhone akjdhdusfieb y a enseñárselo para que comprendiera lo que pretendía decirle. Y así lo hizo, pues se echó a reír enseguida.

Pasé la siguiente hora y media interrogándole. Preguntas que siempre había deseado que me respondiera pero que obviamente nunca había hecho porque quizá lo que realmente ocurría era que mi twitter era invisible y el millón de tweets que le enviaba al año no se veían reflejados nunca y obviamente así tampoco podían ser respondidos. Era divertido, y Tom estaba dispuesto a responderlo todo ya que tampoco era tan tonta de preguntarle nada imprudente. Pero entonces escuchamos unos pasos bajar las escaleras perezosamente y vimos que era Dougie aunque él ni se dignó a mirar en nuestra dirección, sino que fue directo a la cocina, o quizá al jardín a fumarse su primer cigarro.

    - Déjalo, le afecta esto de cumplir años. Tú es que nunca lo habías vivido -bromeó Tom al ver que lo miraba con preocupación. 
    - Cierto... -murmuré yo, aún mirando la entrada del comedor por si aparecía de nuevo. 
    - Venga, sigue con las preguntas -me instó, aunque sabía que era básicamente para que dejara a Dougie tranquilo. 
    - Tom, nunca pensé que iba a decir esto, pero... -Volví a mirar su rostro, y vi que estaba completamente confundido. ¿Qué pensaría que iba a decirle?- Se me han acabado las preguntas. 
    - ¿Segura? 
    - Bueno... Al menos no se me ocurre ninguna otra. 
    - ¿Y te ha cundido esta sesión? 
    - Por supuesto. -Sonreí ampliamente. 
    - Entonces me alegro. 

Lo siguiente que hicimos fue ver Pingu. Y no, no fui yo la que suplicó ver eso y no seguir haciendo zapping, que conste por escrito. Pero entonces una duda me inundó y no tuve más remedio que interrumpir un interesante momento en el que Pingu llega a su casa con su macuto y se encuentra a su madre cocinando.

    - Tom... 
    - ¿Otra pregunta? 
    - ¿Sí? 
    - ¿Era esa la pregunta? 
    - No. 
    - Pues dale. 
Diálogo de lo más intelectual porque a eso no nos ganaba nadie. 
    - Ahora ya solo quedan veintitrés días para el cumpleaños de Harry... 
    - ¿Me vas a dar la lata como hiciste con él para el cumpleaños de Doug? 
    - No tanto, a ti te quiero más. 
    - Awww. Venga, que te has ganado un abrazo -dijo. 
Me lo tomé como una broma y ni me moví del sofá, en plan indio como me encontraba. 
    - ¿Me dices que me quieres y luego me rechazas? -Alzó una ceja notablemente, aunque ni punto de comparación con el que debía seguir durmiendo la mona en mi cama. 
    - ¿Lo decías en serio? -Hasta yo supe que se me habían iluminado los ojos-. ¡Pensé que bromeabas! 

Me tiré a sus brazos, reconfortables como siempre, o al menos desde que tenía el placer de poder comprobarlo. Estaba en el sillón de la derecha del sofá en el que yo estaba, por lo que no me costó nada levantarme, llegar hasta él y dejar que me envolviera con sus brazos suavemente, como yo tanto había soñado.

    - Te veo medio culo. 
En cuanto escuché la voz de Dougie decirme eso al otro lado del salón intenté taparme todo lo que pude con la camiseta que Tom me había prestado y me senté rápidamente en el sofá, muerta de la vergüenza de nuevo. 
    - No he dicho que me disgustara -bromeó. Se acercó a mí y me besó mi izquierda y ardiente mejilla después de aquel comentario suyo tan oportuno-. ¿Por qué no me avisasteis, joder? Sabéis que nunca digo que no. 
    - ¿A qué? -preguntamos Tom y yo al unísono, aunque quizá mi voz no hubiera salido especialmente fuerte de mi garganta. 
    - ¿Cómo que a qué? ¿Harry durmiendo en tu cama y tú llevando la camiseta que casualmente Tom no lleva y aún me preguntas qué? -Me lo recriminaba a mí, y no entendía el porqué. ¡No había hecho nada! 
    - Me voy a duchar -anuncié, sin más. No me gustaba esa situación, y aunque fuera de cobardes, huí en cuanto pude. 

Corrí escaleras arriba hasta el cuarto de baño que quedaba al lado de la habitación de Dougie para no tener que volver a entrar en la mía mientras alguien que no era yo siguiera ocupando la cama, recé por que a nadie se le ocurriera entrar pues los baños no tenían pestillo y me metí en la ducha rápidamente para ordenar mis pensamientos.

Definitivamente no había pasado nada con Tom, como era más que obvio, pero ¿y con Harry? No recordaba nada de eso, y tampoco bebí ni la mitad que la noche en que gracias a la sensatez de Dougie al verme en aquel estado no perdí mi virginidad. Quizá dos copas en toda la noche, pero... No. No podía haber hecho nada con Harry.

Y por otro lado estaba Dougie, claro. Él siempre entraba en mis pensamientos aunque a veces no lo quisiera al cien por ciento. ¿A qué venía ese enfado? ¿Es que realmente pensaba que había ocurrido algo? ¿Tom? ¿Harry? ¿De verdad creía que habían sido capaces de hacer algo en la misma cama, con alguien que no fuera ni Giovanna ni Izzy? Por supuesto que no, pero si había sido capaz de lograr un beso Junes, quizá... Giré la maneta del grifo hacia el agua fría para dejar de pensar estupideces. Acabábamos de entrar en diciembre, y a decir verdad en Londres no se estaba tan bien -en cuanto a clima- como en Mallorca, y me arrepentí de aquel movimiento mío, por lo que salí inmediatamente, más rápido de lo que había entrado.

Por suerte, cuando volví a mi habitación con una toalla rodeándome el cuero y otra en el pelo para no dejarlo todo chorreando como solía hacer en mi propio cuarto de baño, ya nadie ocupaba la cama y pude elegir mi ropa y vestirme tranquilamente, tomándome mi tiempo porque a decir verdad tampoco me apeteceía bajar, a excepción de por ver a Tom. ¿Estaría Dougie enfadado también con Harry? ¿Se habría ido ya el segundo?

Lo comprobé en cuanto bajé de nuevo las escaleras, contando tres segundos entre escalón y escalón que bajaba, sin hacer ruído, ya vestida con unos simples vaqueros y una sudadera de The Who, y descalza pues me encantaba sentir el calor del suelo. Y para mi desgracia ya estaban ahí todos los que se habían quedado a dormir aquella noche en casa de Matt, excepto Giovanna que se había ido a hacer unas cosillas, según me había dicho Tom, y Jeff, que no tenía ni idea de dónde debía estar.

Intenté evitarlo, pero cuando vi a Danny -con Georgia encima de su regazo- en el sillón que antes había estado ocupando Tom y a Harry en la esquina del sofá más cercana a él, no pude evitar quedarme mirándolos, sin decir nada, y vi en sus ojos que no entendían el por qué, así que sería una sorpresa lo de decirles que se habían besado por unas simples cervezas.

    - ¿Qué? -preguntó al fin Danny, exasperado.

Dougie se apresuró a sacar su móvil del bolsillo trasero de su pantalón y a rebuscar en él. Harry pegó sus cabezas pues lo tenía a la izquierda; Danny dejó a Geo en el sillón y corrió hasta colocarse, en una posición forzosa, entre Tom y Dougie, para ver también qué era lo que estaba ocurriendo. Sus caras al encontrar Dougie la foto que buscaba fueron de cuadro, literalmente, y luego, al mismo tiempo, levantaron las cabezas y se miraron con los ojos extremadamente abiertos, sin poder creer lo que estaban viendo.

Pasada la conmición del momento ambos nos repitieron hasta la saciedad que no podía ser cierto, que habíamos jugado con el photoshop o lo que fuera, pero que ellos no podían haber hecho eso, que iba en contra de su religión dijo Danny. Hasta que al final les enseñé yo el vídeo que había grabado Jeff, que incluía la pequeña discusión que tuvieron antes de hacerlo, y tuvieron que aceptarlo porque no les quedaba otra.

    - Entonces... -comenzó a cavilar Tom en voz alta- Si es verdad eso que dicen que cuando besas a una persona y luego a otra es como si esa otra besara a la una... Georgia a besado a dos cuartas partes de McFly -rió. A veces se comportaba como un niño, y era lo más adorable del mundo cuando lo hacía. 
    - Y a Alice -murmuró Dougie.

Y lo hizo sin pensar en que no era el comentario más adecuado del mundo pues se llevó un capón de Danny que incluso sonó a dolor e hizo que Dougie por poco no se comiera sus propias rodillas. Aunque el pollito no se quejó, fue algo involuntario -o lo pareció- el siguiente movimiento de Harry: idéntico al de Danny pero esa vez para él, y eso sí, ni la mitad de fuerte. Y rápidamente Tom golpeó también la cabeza de Danny, sin venir a cuento.

    - ¡Eh! -se quejó él, y con razón. 
    - Perdón, pensaba que jugábamos -dijo Tom, inocente, y todos nos echamos a reír al instante.

Ahí se quedó la cosa pues sabéis que si en algún momento alguno se enfadaba con otro duraba bien poco aquéllo, pero yo no podía sacerme de la cabeza la actitud de Dougie. ¿Qué se suponía que había hecho mal?




Feo, ¿verdad? Lo siento, intentaré subir el viernes, o el domingo como muy tarde.


p.d.: Subo capítulo el 23 de septiembre, día que debéis recordar como el cumpleaños del Boss. Más conocido comúnmente por Bruce Springsteen.