lunes, 31 de octubre de 2011

5 ~ Tattoos.

Me desperté tarde, las diez y media para ser exactos… Así que me duché muy rápidamente, me vestí -una camiseta de manga corta, blanca, con la bandera británica incrustada en un corazón que en la parte de atrás, justo en la parte del trasero, ponía Party girl, y unos shorts vaqueros con mis viejas zapatillas azules y llenas de barro, las típicas Converse, las de la portada de Zapatillas- y bajé. No había nadie, pero antes de salir fuera a ver si estaban en el jardín, del cual solo había visto la parte delantera, tenía que tomarme mi vaso de leche con Nesquik. [No Internet and no Nesquik makes Úrsula go crazy]

Salí fuera y un perro vino corriendo hacia mi, un precioso ejemplar de Husky Siberiano, por lo que me agaché un poco para tocarlo, pues era peludito y muy suave.

    - Matt: ¿Ya has acabado tu sueño?
    - Yo: Creo que por fin sí. -bromeé- ¿Es tuya? -pregunté señalando al perro.
    - Matt: Sí, ayer no te la enseñé porque en cuanto viste tu cuarto no quisite ver nada más… -murmuró.
    - Yo: Ya... Pues es preciosa. ¿Cómo se llama? -pregunté mientras seguía acariciándola.
    - Matt: Sky, se lo puso Jeff hace ya un tiempo. -explicó.
    - Yo: Bueno... ¿Vamos a hacer algo hoy?
    - Matt: No que yo sepa ¿por qué?
    - Yo: Por hacer algo ¡que me aburro! -me quejé.

Y en ese preciso instante alguien me abrazó por detrás. Al principio me asusté, pero al ver que Matt se reía no podía ser nadie desconocido, al menos para él. Entonces pude ver el tatuaje, ese que tanto me gustaba.

    - Yo: ¡Jeff, me has asustado! -grité y me crucé de brazos a la vez que hacía pucheros.
    - Jeff: Perdona… Quería darte una sorpresa, y como he oído que buscas algo que hacer... Tengo planes para ti. -anunció sonriente.
    - Yo: ¿Planes... para mí?
    - Jeff: Quizá no te guste, pero yo te lo propongo... ¿Recuerdas el chico del que te hablé ayer, el de la tienda de tatuajes?
    - Yo: Sí… Shannon si no recuerdo mal… -murmuré.
    - Jeff: Ese, ese. Pues... ¿Qué te parece si vamos a verle? Podríamos negociar lo de tu primer tattoo… -insinuó.
    - Yo: ¿Mi… mi primer tattoo? -pregunté y los ojos casi se me salieron de las órbitas.
    - Jeff: ¡Exacto!
    - Yo: Vale… Me encantaría... - murmuré, pero no sonó demasiado convincente.
    - Jeff: Ya, si se te ve ilusionadísima. -bromeó- Bueno, ¿te vienes o no?
    - Yo: ¡Claro! ¿Puedo, Matt? - pregunté y me giré para esperar su respuesta.
    - Matt: Sí, claro que puedes. -respondió él sonriéndome.
    - Yo: Gracias.

Jeff y yo nos dirijimos hacia el coche y, cómo no, me quedé flipando. Me paré en seco, con los ojos abiertos y creo que hasta la boca, pero aquel coche era impresionante.

    - Jeff: ¿Pasa algo? -preguntó preocupado.
    - Yo: ¿Eso… es… un Lamborgini Murciélago SV?
    - Jeff: Me gusta como lo dices… Y sí, lo es, ¿por qué?
    - Yo: ¡Porqué me encanta! -exclamé y provoqué que riera.
    - Jeff: Me alegro, pero entra ya que al final no llegamos.
    - Yo: Voooy.

Nos subimos al coche y comprobé lo cómodo que era. Ambos nos abrochamos el cinturón, y Jeff enseguida puso la radio.

    - Jeff: ¿Tienes alguna cadena favorita?
    - Yo: La tengo... pero es de España. -murmuré.
    - Jeff: Es verdad, se me olvidó... Venga, si corres y vas a buscar un CD tuyo te lo pongo. - aseguró y me guiñó el ojo. Y lo que me gustaba que lo hiciera...

Salí del coche y corrí hacia el palacio. Charlie me abrió la puerta y sin decirle nada subí corriendo también las escaleras. Tropecé un par de veces, pero no me detuvo nada. Entré en mi habitación y me paré delante de la súper-estantería.

Sabía que quería uno de McFly, pero lo difícil era elegir, así que cogí los cinco. Bajé más rápido de lo que había subido y corrí nuevamente hacia el coche. Cuando Jeff me vió entrar, abrió los ojos como platos.

    - Yo: Es que no sabía cual elegir… -expliqué.
    - Jeff: Pues trae. -Los cogío todos, los desordeno un poco, pero con cuidado de no rayarlos y cogió el primero que había. Tocó Motion in the Ocean-. ¿Este te vale?
    - Yo: Perfecto.

Lo puso y estuve cantando todo el camino. Quizá asustara a Jeff por ello, pero no me importó a la hora de hacerlo, hasta que llegó la mía... La tenía que poner a tope y así hice, a la vez que cantaba.

PEOPLE MARCHING TO THE DRUMS, EVERYBODY IS HAVING FUN TO THE SOUND OF LOOOOVE…

    - Jeff: Cantas muy bien, pero hace un rato que hemos llegado… -dijo interrumpiendo mi momento.
    - Yo: Jo... -me quejé- ¿Sabes? Cuando canto, me olvido de todo, aunque ahora te odio por haberme cortado el rollo…
    - Jeff: Eso yo a veces también lo hago, y respecto a lo de odiarme, ya dejarás de hacerlo algún día… -bromeó.
    - Yo: Ya veo lo mucho que te importo. -ironicé.
    - Jeff: Que yo te quiero mucho, tonta, pero tenemos prisa si quieres tener el tatuaje pronto.

Que yo supiera no le había dicho nada de tener un tatuaje pronto, pero por lo que parecía se lo estaba tomando enserio, así que entramos al local. Era increíble, sin más. Había fotos de tatuajes flipantes por todos lados, piercings y hasta cámaras de gas expuestas en las paredes, cosa que no había visto nunca.

Jeff se acercó al mostrador y abrazó al chico que había detrás de este, y supuse que sería Shannon… El pelo lo tenía cataño con mechas rubias y le llagaba por los hombros; los ojos eran claros, pero no podía distiguir el color, aunque eran muy bonitos, y pude ver que en el cuello llevaba tatuada una calavera que le ocupaba toda la parte derecha.

    - Jeff: ¿Alice?...
    - Yo: ¿Yo? ¿Eh? ¿Qué?
    - Jeff: Estás empanada... -murmuró- Bueno, que este es Shannon y todo eso.
    - Yo: ¿Y todo eso? Bueno, dejémoslo.
    - Shannon: Sí, mejor que lo dejéis, que tengo solo diez minutos para estar con vosotros.... O sea que tú eres la que tiene tantos tattoos en mente, ¿no? -preguntó dirigiéndose a mi.
    - Yo: No sé, quizá sea yo esa, sí...
    - Shannon: ¿Y cuál es el primero que te quieres hacer? -preguntó a la vez que se arremangaba la camiseta, dejando al descubierto sus brazos llenos de tatuajes- ¿Pasa algo? -preguntó al ver mi cara de sorpresa.
    - Yo: No, nada, que me chiflan los tatuajes y... Tus brazos me encantan -expliqué y se echó a reír.
    - Shannon: Un día que tenga tiempo te los enseñaré más detenidamente. -aseguró y me guiñó el ojo. Qué manía tiene los ingleses de guiñar los ojos.
    - Jeff: ¡¿Todos?! -preguntó espantado.
    - Yo: ¿No puedo? -pregunté temerosa por su reacción.
    - Jeff: Por poder puedes, pero…
    - Shannon: A lo que se refiere es a que tengo uno en la pelvis, así de simple.
    - Yo: ¿Y no te dolió?
    - Shannon: Nada que no se pudiera soportar. -bromeó.
    - Yo: Joder… Ah, y lo que me has preguntado antes, que el que primero querría… Son las iniciales de mi padre en la muñeca. -dije.
    - Shannon: Qué mona… ¿Solo eso? Joder, te lo podría hacer ahora mismo.
    - Yo: ¡NO! No hace falta… -me apresuré a decir.
    - Shannon: Vale, pues será mi regalo de cumpleaños… -insinuó y entonces recordé la fecha exacta de mi cumpleaños.
    - Yo: Pero… ¡Tan solo quedan tres días! -exclamé alarmada.
    - Shannon: ¿Tres días? ¿Naciste el mismo día que Jeff? -preguntó confuso.
    - Yo: Lo único que yo se es que fue el 31 de agosto…
    - Jeff: ¡Entonces como yo! -dijo él sorprendido.
    - Shannon: Ea, pues vendréis los dos. Ahora fuera de aquí, que tengo que trabajar.
    - Jeff: Uy, que el señorito tiene que trabajar…
    - Shannon: Claro, como tú lo tienes todo pagado ¡no te jode! -se picó.

Entonces estiré a Jeff del brazo para que nos fuéramos hacia casa, pues me había entrado una prisa repentina... Al llegar, encontramos un coche más aparcado enfrente de la acera, pero obviamente no sabía de quién era.

    - Jeff: Oh, oh… -murmuró Jeff.
    - Yo: ¿Pasa algo? -pregunté preocupada.
    - Jeff: No, nada… -murmuro, evidenciando que sí pasaba algo.

Pero ¿qué? Algo pasaba seguro, y posiblemente estuviera relacionado con el coche. Sí, el coche tenía la clave de todo, pero no pregunté nada ya que lo descubriría al entrar en el palacio muy probablemente.


Efectivamente. Entramos en la casa, y al girar a la izquierda para ir hacia el salón… Me desmayé.

4 ~ Chapter with no name.

Volví a mi cuarto, a ver si por fín podía ver la revista, pero al final pensé, aunque no me gustara demasiado mi pensamiento, que a esas horas eso no podría ser bueno. Así que me dispuse a deshacer mi equipaje cuando me di cuenta de que la última vez que vi mis maletas fue al entrar en casa -me impresionó lo rápido que ya llamé “casa” a esa mansión de la que tan solo conocía tres estancias-, pero ya no me apetecía bajar, así que…

    - Yo: ¡Maaaaaaaaaaaaaaaaaatt! -grité lo más fuerte que pude.
    - Matt: ¡¿Quéééééeééééeéééééééééé?! -me imitó haciéndome reír.
    - Yo: ¿Dónde está mi equipaje? -pregunté ya con voz normal para que me escuchara, pero sin llegar a gritar.
    - Matt: ¿No está en el armario? Le dije a Charlie que te colocara el equipaje...
    - Yo: ¿En el armario? Pues no sé, tenía le intención de colocarlo yo… -murmuré.
    - Matt: Ah, por eso no te preocupes.
    - Yo: No lo haré. Por cierto, ¿a qué hora cenáis aquí?
    - Matt: ¿Tienes hambre?
    - Yo: La verdad es que un poco sí…
    - Matt: Vale, ahora le digo a Charlie que prepare algo. ¿Quieres algo en especial?
    - Yo: Nada, lo primero que se le ocurra -dije y le sonreí.
[No lo había dicho, pero yo me asomaba por el pasamanos mirando hacia abajo, con el vértigo que yo tenía, y Matt estaba abajo mirando hacia donde yo estaba, por lo que me vio]
    - Matt: Vale, pues te aviso cuando este listo -me dijo y sonrió también.
    - Yo: Pero sube, que tengo la música y no os escucho -avisé antes de volver a entrar en la habitación.

Al cabo del rato, cuando ya había escuchado varias canciones del CD que todavía no había cambiado, oí como habrían la puerta. No habían llamado antes, pero por suerte pude oírlo y cuando me giré...

    - Jeff: Aaaaaliiiiiiiiiiiiice, tu cena ya esta liiiiiiista… -canturreó y reí por ello.
    - Yo: Gracias por avisar -dije sonriente.
    - Jeff: Nada mujer. ¿Qué, te vienes?
    - Yo: Sí, claro. Paro esto y voy enseguida. -murmuré y me atreví a guiñarle el ojo.
    - Jeff: Venga, que te espero.

En cuanto apagué la minicadena y volví a dejar el CD en su sitio -estaba todo tan perfecto que no quería ni pisar el suelo- bajé corriendo. Cenamos todos la deliciosa comida que nos preparó Charlie y después nos fuimos, Matt, Jeff y yo, a ver la tele. 

Nos sentamos en ese orden, así que aproveché para preguntarle a Jeff sobre su tatuaje. Este me dijo que era chino o algo así. Era como un árbol, las raíces eran los dedos y... algo raro, pero me gustaba. Y también me enseñó un dragón que tenía en la pierna derecha, y estaba en negro, no como el otro que tenía coloreado.

Hablamos mucho tiempo sobre tatuajes, y le dije todos los que pensaba hacerme ya que me infundió una confianza que creía imposible que nadie me diera. Él me contó que tenía un amigo que llevaba una tienda de tatuajes, y que, si me portaba bien, me lo podría regalar por mi cumpleaños o por Navidad, pues le saldría a precio de amigo.

    - Yo: Bueno, creo que me voy a ir yendo a arriba, que tengo sueño…
    - Jeff: ¿Tan pronto? -preguntó confuso.
    - Yo: Sí. El jetlag, supongo... -bromeé y los dos se echaron a reír.
    - Jeff: Buenas noches, entonces -dijo y me sonrió ampliamente.
    - Yo: Buenas noches, Jeff. Buenas noches, Matt -murmuré y les sonreí.
    - Matt: Buenas noches, Alice.

Subí a mi cuarto y me puse otro CD, esta vez de El Canto Del Loco, Estados de ánimo. Me puse el pijama -que me costó un rato encontrarlo- y me tumbé en la cama.

Pensé sobre el día que había tenido. Pasó tan rápido… Pero ya quería que fuera el siguiente. Seguro que Matt me tenía algo preparado, aunque difícilmente superaría mi habitación... Y cansada de pensar, y muerta de sueño como estaba, comencé a cantar.

Ya nada volverá a ser como antes,
Nunca dejaré que nada me cambié…













La habéis visto un millón de veces, sí, pero estoy segura de que no os cansáis de verla, por lo que os pongo la foto de la portada de la preciada revista de Alice, que todavía no ha podido disfrutar...

3 ~ What a bedroom!

Seguí a Matt que me condujo a la cocina. Una gran cocina, a juego -obviuosly- con el resto de la casa. Las paredes seguían siendo blancas, pero los muebles de cocina y todos los "accesorios" que allí habían eran de color rojo. Y me encantó esa combinación de colores. Me enseñó dónde podía encontrar todo lo que me apeteciera para comer, y que si necesitaba algo o me apetecía justo en aquel momento, que no dudara en pedirselo a Charlie, pero a mi eso me parecía demasiado, por lo que posiblemente me limitaría a comer lo que hubiera.

Subimos al piso de arriba y antes de que me dijera nada, fui corriendo hacia la habitación del fondo a la derecha, estaba llena de letras y me llamó la atención. Cuando estuve más cerca comencé a leer: My beautiful reward, La suerte de mi vida, The heart never lies, Bad Romance, Brilliant disguise, 16 añitos, I’ll be ok, Poker Face, etc., etc., etc. La puerta estaba llena de TODAS las canciones de Bruce Springsteen, El canto del loco, McFly, Lady Gaga y otras pocas que me gustaban, estas de artistas varios. Supe que esa era mi habitación, tenía que serlo, y en el caso que no lo fuera, arrancaría la puerta para llevarla a la mía.

    - Matt: Veo que ya has encontrado tu habitación… ¡Qué rápida! -bromeó.
    - Yo: ¿Eso... es... mi... habitación? -pregunté asombrada.
    - Matt: ¿De quién iba a ser sino?
    - Yo: No sé… ¿Puedo verla?
    - Matt: ¡Es tu habitación! Haces unas preguntas muy raras, yo ya habría entrado…

En cuanto dijo eso abrí la puerta, pero despacio, no fuera cosa que las letras se movieran del sitio. Nada más ver un poquito la abrí de golpe. ¡Eso era el paraíso! Tenía una cama de matrimonio enorme, posiblemente de dos por dos, un armario que ocupaba una pared entera y las otras tres paredes, completamente llenas de pósters de los artistas que antes he mencionado, algunos nunca los había visto. Pero me fijé sobretodo en uno, uno de McFly que tenía cuatro borrones. Me acerqué y lo que yo pensé en un principio que eran borrones, se convirtieron en las firmas más perfectas que había visto nunca.

En eso momento, caí de rodillas al suelo y Matt acudió rapidísimo a mí, a ver si me había hecho daño. Pero todo lo contrario, estaba mucho mejor que bien. Tenía las firmas de cuatro de los hombres más perfectos del planeta: Dougie Lee Poynter, Thomas Michael Fletcher, Daniel Alan David Jones y por último, pero no menos importante, ni mucho menos, Harold Mark Christopher Judd.

Podría haberme quedado mirando esos perfectos “borrones” toda la vida, pero sentía la necesidad de examinar el resto de la habitación. Miré otra pared, en esa estaba el escritorio y una gran estantería. En ella estaban TODOS los CD’s de mis artistas preferidos, incluso los que no tenía en Mallorca. Miré el escritorio nuevamente y en aquel momento pensé que moría. Esa revista que tanto había deseado tener en mis manos, pero que por desgracia no vendían en España. Sí chicas, estoy hablando de la deseada Attitude.

    - Yo: Matt, creo que de momento puedo vivir con la cocina y el cuarto, así que te agradecería que fueras a tomarte algo donde narices este donde te tomes las cosas. -murmuré mientras me dirigía al dicho escritorio.
    - Matt: Jajajajaja. Vale, creo que lo he pillado... Si me necesitas algo en algún momento, no dudes en llamarme a mí o a Charlie, ¿vale?
    - Yo: Claro, claro, no te preocupes. Ahora vete, anda…
    - Matt: Vale, vale, tranquila... -se fue carcajeándose.

Por fín a solas con mi revistita... Pero antes de abrirla y morir, cogí el primer CD de McFly que encontré -salió de pura casualidad Radio:Active- y lo puse en la minicadena de encima del escritorio. A continuación me tiré en la cama y... ¿Eran cosas mías o eso era un colchón de agua?

En tal caso era el mejor en el que me había acostado en mi vida, por lo que empecé a ojear la revista cuando me acordé que tenía que llamar a mi madre. En seguida cogí el movil, y marqué su número. Sin saldo. Era la hostia… No podía dejar a mi madre preocupada, así que muy a mi pesar, bajé.

    - Yo: Matt…
    - Matt: ¿Ya has mirado la revista? Qué rápida… -bromeó.
    - Yo: No… Es que tengo que llamar a mamá, pero no tengo saldo… ¿Me dejas llamar con tu móvil?
    - Matt: Claro. -se sacó el móvil del bolsillo y me lo ofreció.
    - Yo: Gracias -dije al cogerlo-. No tardaré mucho, solo es para que no se preocupe -aseguré.
    - Matt: Tarda todo lo que necesites. -murmuró y siguió haciendo las cosas que hacía con el ordenador.
    - Yo: Gracias de nuevo. -le sonreí.
    - Matt: No hay de qué.

Llamé a mi madre como le había prometido y respondí al millón de preguntas que me había hecho, añadiendo también la descripción de mi nuevo y favorito cuarto.

miércoles, 12 de octubre de 2011

1 ~ Goodbye Mallorca. Hello London.

POV Alice.


    Supe desde un principio que ese día cambiaría mi vida por completo. Siempre había deseado irme a algún otro lugar, Londres era una de las ciudades de mis sueños, pero me costaba hacerme a la idea de que perdería todo lo cosechado en mi Mallorquita. Nunca fui una persona habladora ni a la que le gustara tener amigos, por eso solo tenía dos -Anna y Saray- y algunos otros conocidos y compañeros de clase; nada más.


    Lo único en lo que podía pensar en aquel momento era en los problemas que tendría al llegar allí. Cierto era que tenía un inglés casi perfecto y que la comunicación no sería del todo imposible, pero... ¿Cómo hablarles cuando me costaba hablar en mi propia clase? No sabía con cuantos desconocidos me encontraría en aquella nueva ciudad y no me capaz de entablar una conversación normal en menos de unos meses...


    La hora de los arrepentimientos llegó cuando ya tuve las maletas listas. Había metido toda mi poca ropa y los zapatos que tenía. No quise coger nada más. Confiaba en que algún día volvería a mi casita, a mi pequeña habitación, y me reencontraría con los pocos pósters que había sido capaz de recolectar, y volvería a escuchar los pocos CDs que tenía, y me quedaría allí, siendo feliz con mis queridos y... con una vida normal.


    Me despedía de mi pequeño periquito amarillo, al que probablemente le quedara poco tiempo de vida pues ya había durado mucho tiempo. Era mi Chicken Little, y aunque parezca una tontería querer tanto a un simple pájaro, para mí era más que eso. ¿Sabéis lo que es ponerte a contarle todas tus penas a un animal, que sabes que, por norma general, nunca te abandonará? Pues mi pollito no me abandonó; la que lo abandonaba era yo. Echaría de menos dejarle la portezuela de la jaula abierta para que pudiera volar a sus anchas por mi habitación, pero no me lo podía llevar... Lo que iba diciendo: me despedía de Chicken Little cuando unos golpes en la puerta me sobresaltaron ligeramente; todavía no había llegado la hora.


    - ¿Podemos pasar, Alice? -preguntó al otro lado de la puerta una voz que también echaría de menos: mi gran amiga Anna, compañera también de gustos musicales.
    - Claro -me limité a decir yo.


    Y allí estaban. Anna y Saray. Me miraban con tristeza; ninguna sabía cuándo volveríamos a vernos, pero confiábamos que fuera pronto y que no nos diera tiempo a olvidarnos las unas de las otras. Ambas vestían igual, parecían haberse puesto de acuerdo eligiendo unos shorts oscuros, una camiseta blanca -la de Anna tenía una bandera de Reino Unido estampada en la parte delantera. La de Saray, en cambio, ponía "I'm with a stupid →"-, y converse, rojas y negras respectivamente.


    - Estás a tiempo de decir que no, Alice. No puedes irte... -murmuró Saray.
    - Es cierto... Vamos a echarte mucho de menos -la apoyó Anna.
    - Y yo a vosotras también, tontis, pero ya está decidido -dije yo.
    - ¿Y te quedas así de a gusto? ¿Vas a dejarnos, con lo que te cuesta relacionarte con la gente? -se quejó Saray.


    Me molesto, y mucho, que me recordara que no hacía amigos con facilidad. Pero en realidad era la verdad y... no podía discutírselo aunque no me gustara un pelo.


    - Bueno, pues aprenderé a hacer amigos. Joder, que no lo hago exclusivamente porque quiera. Es también una necesidad, y lo sabéis...
    - Pero Alice, tampoco conoces al hombre con el que vas a vivir -quiso convencerme Anna.
    - Lo sé, pero... es mi -carraspeé- padre. Tendré que aceptarlo... -murmuré.
    - ¿Te ayudará eso en algo? -preguntó Anna.
    - Confío en ello.
    - Entonces no volveré a decir nada al respecto. ¿Tienes tiempo para ir a dar la última vuelta? -ofreció. Sus ojos brillaron, y me emocionó.


    Obviamente accedí. Todavía no había pasado la hora de comer y mi vuelo salía a las 19:05h. Me daba tiempo de sobra, por lo que dimos un paseo por Palma que no sabíamos cuándo volvería a repetirse. Comimos en un McDonalds y Anna y yo pedimos nuestro último McFly juntas; nuestro preferido era el de m&m's y caramelo.


Pero la hora llegó, aunque no sin sus correspondientes nervios, y me hallaba yo junto a mi madre en el aeropuerto por segunda vez en mi vida cuando escuchamos el aviso de mi vuelo. Podría decirse que las piernas me temblaron ligeramente... pero es que tuve que sentarme incluso por lo que conllevaba coger aquel vuelo.


    - Llámame en cuanto llegues, ¿de acuerdo? -advirtió.
    - Sí, mamá.
    - Pásatelo bien -me dijo.
    - Lo prometo. -Sonreí para alargar el momento de las lágrimas.
    - Te echaré de menos, Alice... -murmuró y me abrazó. Yo también la abracé todo lo fuerte que supe- Te quiero.
    - Y yo a ti... -dije. Una lágrima recorrió mi mejilla y yo me apresuré a secarla con disimulo para que mi madre no se preocupara.


Finalmente me dirigí al que sería el billete a una nueva vida. A una nueva y confiaba mejor vida. Pasé por el control y me despedí por última vez de mi madre agitando mi mano en el aire. En el avión me tocó el sitio de la ventanilla junto a una mujer mayor que estaba segura de que era inglesa y no española que quería viajar, pero no le dije nada por no perder la tradición.


No dejé de mirar por la ventanilla -ignorando mi vértigo- hasta que no dejé también de ver la pequeña isla que estaba a punto d cambiar por una de más grande y diferente...

Pequeña introducción.

    Alice, nuestra protagonista de quince años, no es una chica de las que suele destacar entre las demás, es incluso, de las que prefieren pasar desapercibido. Para eso le ayuda su largo, castaño y rebelde cabello, sus marrones ojos y su complexión; la gente no la mira ni por estar extremadamente delgada ni por estar tampoco gorda. Es española y vive en Mallorca aunque ella considera que es una americana/inglesa encerrada en un cuerpo de española.


    Hace tres años no pasó por su mejor momento pues decidió -no sin mucho consultarlo con sus amigas y su madre- cambiarse el apellido del que ella siempre había nombrado papá por el que realmente era su padre.


Explicaré esto último pues es algo difícil de comprender: Miguel Ángel Martín es el padre que siempre ha considerado suyo Alice, pero hace siete año muriós, y cuatro después su madre, Esmeralda García, le informó que su verdadero padre no era el dicho sino Mathew Brooks, un londinense con el que se iría a vivir porque, a parte de que el sueño de su vida había sido siempre viajar a Londres, su madre y ella pensaron que de esa forma cambiaría de aires y conseguiría olvidar la gran tragedia que marcaba su vida.


    Alice debe alejarse de su vida, que no considera perfecta pero que se suponía que nunca cambiaría. Alejarse de se familia, sus amigas... Su madre, su hermano (aunque tampoco lo quisiera demasiado a veces), su abuela, sus tíos y tías, Anna, Saray... Su casa, la única casa en la que había vivido, al menos que ella recuerde... Su Mallorca que tantas veces había querido abandonar pero que, ahora que va a hacerlo, siente que no quiere moverse nunca.


Obviamente, en un fic en el que McFly es protagonista, los chicos saldrán en algún momento de la historia que todavía no sabemos cómo, o al menos no lo sabéis vosotras...