sábado, 18 de febrero de 2012

56 ~ Surprise.

¡Holoooo! Aquí vuelve a estar la pesada de yo, aunque esta vez por un motivo mayor...: ¡inauguro Blog! La razón es bien simple: el metroBlog no me dejaba "copiar y pegar", y como comprenderéis no puede reescribir unos capítulos que comienzan a alargarse...
Pues bien, la cuestión es que aquí vuelvo con un nuevo capítulo que espero que os guste mucho, como empiezan a gustarme a mi los últimos que estoy escribiendo. Me gustaría que me comentarais, sino por aquí, por comentario en tuenti, pero ya que yo me esfuerzo en escribir y en avisaros... me gustaría obtener una mínima recompensa a ser posible, aunque sé de sobra que la mayoría no me hará demasiado caso...

Os dejo disfrutar de el capítulo con una nueva apariencia y esas cosas.
Hope you like it :)



Al día siguiente, cuando Dougie se dispuso a despertarme a lo grande, comprobó que mi fiebre de ese fin de semana se debía a algo, y es que tenía una gripe de caballo, por lo que obviamente ese dia no fui al instituto.

Ni ese día ni toda aquella la semana. ¿Razón? Mis gripes eran gripes de verdad, y cuando me ponía enferma no era ninguna tontería, así que... me pasé una maldita semana en la cama, literalmente.

No podía moverme; me dolía todo el cuerpo, y además tenía la temperatura corporal por las nubes, y no precisamente por mirar la “Attitude” que guardaba como un tesoro en el cajón de mi mesilla de noche.

Por suerte, Dougie estuvo escapándose del rodaje de la tal película todos los días para venir a verme, comprobar que estaba bien y pasar un rato juntos que se me pasaba corto pero que era de lo más agradable a la vez.

Tom y Harry también vinieron -más el segundo que el primero- y me acompañaron en la dura tarea de sobrellevar tanto tiempo en cama. No dejaban de bromear, y eso me ayudaba a olvidarme del dolor de cabeza, o del dolor de huesos que me mataba.

Aunque... no pude disfrutar de la compañía de Danny. Me dolió mucho, muchísimo que no me visitara ni un solo día, que ni siquiera se preocupara en llamarme, pero... ¿quién era yo para pedir tal cosa?

Tan solo hacía tres meses que lo conocía personalmente, y obviamente no le podía exigir que se interesara por mi ya que muy posiblemente no sintiera ni la mitad del afecto que yo sentía hacia él.

Quizá yo me hubiera pasado... No. Me había pasado. ¿Cómo me había podido enfadar porque no cantara esa canción sabiendo ya que nunca lo haría? Aunque igual eso se debiera a que admiraba tanto a Bruce que quería escuchar a su mayor fan cantar mi canción favorita... Pero eso no era excusa, para nada.

La cuestión era que casi cada día tenía a tres de mis razones de vivir metidas en mi habitación para ayudarme a pasar el rato y para hacerme feliz, aunque eso no se lo confesara a ellos directamente.

Pero ya era sábado y yo me encontraba mucho mejor, por lo que era el momento de levantarme y mirar si podía molestar a alguien. Aunque antes de nada, me duché y me vestí con unos simple vaqueros y una sudadera de The Who, acompañados de las Vans Era azules.

En cuanto estuve lista fui a la habitación de Dougie para ver si podía despertarle ya que eran las nueve de la mañana y, a sabiendas que no tenía que hacer nada, estaba segura de que un sábado no se levantaría tan temprano. Pero fallé.

¿Dónde estaba Dougie en un día de descanso sino durmiendo? ¿Me lo habían cambiado tan pronto? Por si así fuera, me aseguré antes de que no estaba en el baño, pero tampoco, así que... decidí bajar a buscarlo.

¿Salón? Nada. ¿Cocina? Nada. ¿Aseo? Nada. ¿Dónde se había metido? ¿Patio delantero? Nada. ¿Porche? ¡Bingo! Ahí estaba, de espaldas a mi, con el hombro izquierdo apoyado en un mástil y fumándose un asqueroso cigarro, pero en fin...

    - ¡Dougie! -grité lo más fuerte que pude, sobresaltándole y haciendo que se girara de lo más sonriente al verme bien.
    - ¡Ya eres persona! -exclamó y tiró la colilla al césped para acercarse rápidamente a mi y abrazarme por la cintura hasta levantarme del suelo, por lo que reí- ¿Qué tal estás hoy? -preguntó al bajarme.
    - Genial, ¿y tú?
    - Bien -se limitó a responder.
    - Últimamente estás demasiado sólo bien, eh.
    - Bueno... Ya estaré muy bien algún día -murmuró y besó mi mejilla-. ¿Hacemos algo? -preguntó mientras me empujaba ligeramente por la cintura para que volviera a entrar.
    - Y ¿qué hacemos? -pregunté yo.
    - No lo sé, yo he preguntado. Se suponía que tú debías tener alguna idea -bromeó.
    - Quedarnos en casa y hacer algo no productivo -ofrecí.
    - ¡No! -exclamó, asustándome-. Ya sé lo que tenemos que hacer, pero es sorpresa. -Sonrió ampliamente.
    - Sabes que odio las sorpresas... -me quejé.
    - Pero esta te gustará. Lo prometo. Lo juro -aseguró y me guiñó un ojo.

Acepté. De mala gana, pero acepté. ¿Cómo no hacerlo cuando quien te lo pedía era Dougie? Era imposible, y por eso lo elegían a él para que me lo comunicara. Porque sí, era una sorpresa de los... cuatro. Incluído Danny.

Sin querer esperar demasiado, Dougie me obligó a entrar en su coche y poner la radio mientras él avisaba a Matt de que me raptaría durante un tiempo indeterminado pero que me traería de vuelta antes de la hora de la cena, y entera.

Quiso taparme los ojos o simplemente que los cerrara porque aseguraba que se fiaba de mí, pero al decirle que yo me mareaba si no veía lo que tenía delante hasta el punto de poder llegar a vomitar en su precioso coche, se le quitaron las ganas de que fuera del todo sorpresa. Por lo que la tan sorpresa descubrí que se escondía en casa de Tom.

    - ¡Tom! ¡Gi! ¡Traigo una sorpresa! -gritó al abrir con la llave que el primero le había dejado por si algún día se le ocurría ir allí.
    - ¿No se suponía que la sorpresa era para mí? -me quejé en un susurro con tal de que no me escucharan.

No me gustaban las sorpresas, y menos las suyas pues con ellas se gastaban demasiado dinero. No quería que se gastaran nada en mí; no lo merecía. Pero si me decían que tenían una sorpresa para mí y al final no me la daban... tampoco me gustaba. Diría incluso que me molestaba más.

    - ¡Alice! -exclamó mi chico de ojos marrones favorito al verme- ¿Estás ya mejor?
    - Bien del todo -aseguré yo.
Entonces, Tom se acercó a mí todo lo rápido que pudo y me abrazó fuertemente; acción que obviamente le fue correspondida.
    - ¿Y Gi? -pregunté cuando se separó. Hacía mucho que no la veía.
    - Se ha ido con sus padres. Habría ido de no haber estado esperando a que te recuperaras para poder darte nuestra sorpresa. -Sonrió de una forma que me indicaba que todavía no había llegado la hora de que me mostraran mi ya ansiada sorpresa.
    - ¿Cuánto tengo que esperar? ¡Estoy impaciente! -me quejé.
    - ¿No dices que no te gustan las sorpresas? -preguntó Dougie, detrás de mí.
    - Sí, pero si me lo dices me haces querer verla, cacho de trozo de burro. -Hice una pedorreta dirigida a él.
    - Cacho de trozo de burra tú -contraatacó.
    - ¿Se puede saber qué haces insultando a Alice? ¿Se te ha olvidado todo lo que te he enseñado ya? Venga, tira pa' el salón -le riñó Tom.
No pude evitar reír al ver a Dougie obedecer las órdenes de su “superior”.

Mientras esperábamos al otro mendrugo y a Danny -después de lo que había hecho no quería ni llamarle mendrugo- hicimos una partida al Trivial de Disney y, en contra de todo pronóstico... ¡gané yo!

Yo había apostado por Tom, por lo que me fastidió bastante ganarle, y más aun teniendo en cuenta la “ligera obsesión” que tenía él por dicha factoría. Pero tenía que reconocer que yo también me había tragado todas las películas... un par de veces como mínimo.

Nos dio tiempo a comenzar otra y, cuando Tom llevaba cuatro quesitos, Dougie uno y yo dos, el timbre sonó y Tom fue a abrir rápidamente, envuelto en su especial y única bata. Cuando volvió le seguían Harry y Danny.

Obviamente no pude quedarme ni un segundo más sentada encima del regazo de Dougie y tuve que correr a abrazar a mi oso particular.

    - Has salido de esta, peque, pero no puedo permitir que vuelvas a acercarte a Dougie a menos de un kilómetro. Corres el biológico peligro de volverte rara, extravagante e incluso más pequeña aún de lo que ya eres -dijo, muy serio, pero obviamente bromeando.
    - ¡Y una mierda! ¡Prefiero morirme a estar lejos de él!

Hasta que todos se quedaron en silencio no me di cuenta de lo que acababa de decir. Me ruboricé como nunca sin entender del todo el motivo; no era raro que demostrara mi amor hacia ellos, y menos aun hacia Dougie. ¿Qué tenía aquel día de extraño? ¿Por qué se habían quedado tan en silencio y mirándome tan fíjamente?

Giré lentamente la cabeza hacia Dougie cuando noté que la cara dejaba de arderme y vi que también me miraba. En cuanto nuestras miradas se encontraron me sonrió débilmente y, entonces, lo comprendí.

¡Seré idiota! pensé. Hacía tan solo unos días era él quien habría preferido morir a estar lejos de... alguien. Probablemente ya les habría contado a todos qué me dijo en nuestra última conversación decente y todos sabían cómo se sentía mi pollito respecto a ese tema, pero no se apresuraron a decir nada para que el ambiente mejorara.

    - Y ¿a ti qué te tengo dicho de decir “mierda”? -Tom reaccionó tarde, muy tarde, pero reaccionó al fin y al cabo.
    - Lo siento... -me disculpé yo, desviando la mirada de la de Dougie.
    - Quedas disculpada. -Sonrió burlonamente y yo le devolví la sonrisa.
    - Bueno, ¿qué? ¿Estás preparada para tú... sorpresa? -preguntó Harry a mis espaldas.

Cuando me giré para mirarle, comprobé también que Danny había desaparecido de su lado. A penas me había dado tiempo a ver sus incontables pecas y ya me ignoraba como había hecho durante toda la semana. Me sentí mal, muy mal, pero intenté disimular mi tristeza con una sonrisa que dejaba que desear, pero que por el momento nadie había captado que era falsa.

    - Siéntate, Alice. Me toca a mí entregarte tu esperada sorpresa y estoy seguro de que me agradecerás que te haya obligado a hacerlo -dijo Dougie.
Se levantó del sillón que había estado ocupando durante el tiempo que llevábamos allí y yo aproveché para ocupar el sitio que había dejado vacío.
    - Ahora sí tienes que cerrar los ojos. -Hasta que no obedecí, no sentí cómo cogía mis dos manos con una de las suyas y depositaba algo en ellas.

Era una pequeña cajita... con forma de CD. Mi corazón se aceleró en aquel instante pues, después de tanto tiempo esperando, estaba segura de que tenía uno de los primeros ejemplares del nuevo disco de McFly, o al menos eso fue lo que pensé antes de abrir lo ojos...

Lentamente, comencé a abrirlos para entrever por las pesatañas que tendría que desenvolverlo para poder ver el conetenido de mi preciado paquetito; estaba envuelto en un papel lila con miles de estrellas negras. Le quité el celo con delicadeza procurando no romper ni un poco el papel y cuando conseguí deshacerme de él sin rasgarlo, me dio un vuelco el corazón.

Mis mejores sospechas se habían cumplido, pero no podía creerme que tuviera al fin un CD conseguido “por mí misma”; los otros los había encontrado al llegar a casa de Matt, sin esperarlos siquiera.

La portada me sorprendió, mucho; no era en absoluto a lo que me tenían acostumbrada. Pero la protagonizaban los cuatro, vestidos con unas ropas bastante extrañas, eso sí, pero seguían siendo mis McGuys. También me fijé en que el logo de McFly había cambiado, pero aunque si me hubieran hecho elegir entre aquel y alguno de los anteriores habría elegido otros, ese tampoco me desagradaba.

En teoria, ese era el momento en el que les decía lo muchísimo que me gustaba su regalo pero que no podía aceptarlo. Les decía que eran geniales y todo lo que ya sabían, pero las palabras no me salían. Estaba demasiado atontada como para decir nada. Estaba... aturdida.

    - No te gusta, ¿verdad? -La decepción se reflejó en la voz de Dougie.
Negué rápidamente. Me habría gustado poder decir algo más, pero... no me salía.
    - Sabemos que es muy diferente, pero... ¿no te gusta nada de nada? -preguntó Tom, decepcionado.

¡No! No, no, no. Claro que me gustaba, pero no sabía expresalo. Miré aterrada a Harry, intentando así que me leyera el pensamiento como tan bien hacía, pero no parecía captarlo.

    - Me encanta. -Las palabras me salieron como si algo dentro de mí les hubiera pegado una patada para echarlas-. No... No... -Definitivamente, las palabras se habían atascado-. Lo siento -dije a modo de remedio.
    - Y ¿por qué no dices nada? -A Dougie le había sentado realmente mal que no supiera decir nada respecto a su nueva apariencia.
    - Es... Esto... Es demasiado. Yo... no sé cómo agradecéroslo... -Sonreí, pero eso no evitó que una lágrima traicionera recorriera mi mejilla rápidamente.
Logré que Dougie sonriera. Hacía mucho que no veía una sonrisa tan sincera procedente de él. 
    - Eres MUY tonta, ¿lo sabías? -Se acercó a mí para abrazarme, por lo que me levanté para poder hacerlo yo también de un modo normal.
    - No me llames tonta, jope... -me quejé.
    - ¿Lo ves? -Se separó de mi para mirarme, sosteniendo mi cara entre sus manos y me sonrió. Luego, se acercó más a mi y me susurró al oído, de modo que sólo yo pudiera oírle-: Pero ese es uno de los motivos por los que te quiero.

No creo que disimulara demasiado bien que un intenso escalofrío me recorrió la columna vertebral de arriba a abajo, pero tampoco nadie dijo nada al respecto.

    - Entonces... ¿te gusta? -preguntó Tom. Seguía sin creérselo del todo.
    - ¡Claro que me gusta! Es genial. El mejor regalo que me hacen... desde mi cumpleaños. -Todos rieron-. De verdad, me encanta. Muchísimas gracias. -Esbocé la mejor de mis sonrisas.
Eso les bastó para acercarse a mí rápidamente y abrazarme tan fuerte que casi se me salió el corazón por la boca.

Pero entonces reparé en la ausencia de alguien. Llevaba toda la semana culpándome de ser tan gilipollas y cada minuto que pasaba de ese día me lo parecía más aún. Me faltaba el pecoso de risa estridente. Me faltaba mi fiel compañero de gustos musicales aunque por ello peligrara nuestra relación a cada pequeño debate que surgía. Me faltaba al que todos denominaban tonto pero yo sabía de sobra que no era así. Me faltaba... Danny.

    - ¿Y Danny? -pregunté. Había vuelto a desaparecer.
    - Por la cocina, creo -me respondió Harry, indiferente.

Y aunque me encantara estar abrazada a mis razones de ser, no podía seguir ni un segundo más torturándome con pensamientos que no llevaban a ningún lugar. No podía ser tan difícil explicarle a Danny porqué había reaccionado así. Además, contándoselo quizá ganara el que me volviera hablar.

El “no” ya lo tenía...



p.d.: He comenzado por poner nombre a TODOS los capítulos, dentro de poco seguiré por editar los más viejos y que tan poco me gustan para ponerles algo de chicha y hacerlos más legibles.


GRACIAS por seguir ahí. ¡No os olvidéis de votar!

55 ~ Painful things.

Llegamos a casa de Matt media hora después aproximadamente. No volvimos a dedicarnos palabra alguna, simplemente nos limitamos a cantar las canciones que salían de la radio. Algunas él. Algunas yo. Algunas los dos. Algunas ninguno. Algunas imitábamos cutremente al cantante para carcajearnos un rato... y lo conseguimos con varias.

Dougie aparcó bastante mal delante de la casa, pero dijo que no hacía más maniobras porque se meaba encima, así que accedí a que lo dejara con la rueda delantera derecha sobre el bordillo solo para no presenciar el momento.

  • ¿Alice? -preguntó mi madre cuando escuchó que abría la puerta principal.
  • No, soy Matt -dijo Dougie, intentando poner su voz, pero obviamente no le salió.
  • Pero si estoy aquí -murmuró él, asomándose por las escaleras.
  • Ups -se limitó a decir Dougie y yo no pude evitar carcajearme, aunque su risa también me acompañó al instante.

Cuando nuestras risas cesaron salimos corriendo en direcciones opuestas. Dougie para ir al baño y yo para saludar a mi madre con un sonoro beso en la mejilla. Después de eso le dije que iría arriba con Doug y, aunque prefería que estuviera un poco más de tiempo con ella, no supo ofrecerme nada mejor para que me quedara abajo.

Subí las escaleras rápidamente y me encontré a Matt allí, por lo que le saludé a él también de la misma forma y esperé a que Dougie saliera del baño entre las puertas de nuestras habitaciones.

  • Listo -exclamó al salir de éste, levantando las manos como si hubiese ganado algo imaginario.
    Sonreí al verle.
  • Te dejas una cosa -advertí cuando estuvo a dos pasos de mí.
  • ¿El qué? -preguntó, confuso.
  • La bragueta -susurré.
  • Ay, que se me resfría Willy -bromeó mientras se subía la cremallera y entraba en su habitación, por lo que le seguí-. ¿Y tú por qué te fijas en estas cosas? -acusó.
  • Manías... -bromeé.
  • Pues vaya manías más raras tienes tú... -murmuró mientras se tiraba en la cama boca abajo.
  • No han sido pocas las veces que te he recordado donde tengo yo los ojos, eh. Además, que tú a mí no me haces cuentas.
  • Eres menor, y corro el riesgo de hacerte perder parte de tu inocencia -volvió a murmurar.
  • Sí, claro. Tú a mí me vas a quitar a mí mucha inocencia, vamos... -ironicé.
  • No he dicho qué parte, y a callar que soy el mayor -sentenció-. Lo siento, me hacía ilusión decirlo. Es que es la primera vez -explicó, riendo.
  • ¿De lo que querías hablar era de mi inocencia? De haberlo sabido no habría accedido...
  • No, no. Pero para eso... me tengo que poner serio. Es largo y complicado de explicar -dijo, incorporándose y quedándose sentado con las piernas cruzadas sobre la cama, ofreciéndome asiento a su lado.
  • Tengo todo el tiempo del mundo, e intentaré poner los cinco sentidos -dije mientras me sentaba enfrente de él.
    Suspiró y comenzó su relato.

Me lo contó todo, desde el principio. No quise pararle aunque me doliera escucharle, porque podía sentir su dolor como mío. No entendí porqué decidió explicármelo desde el comienzo, desde que esa relación empezó hacía unos dos años, pero en ningún momento me quejé.

Todo. Todo. Todo. Con lujo de detalles, explayándose, pero le dejé. Dejé que lo hiciera aunque no me gustara escucharlo. Sabía que ese era su modo de desahogo, de descarga, y no sería yo quién lo interrumpiera por mi “bienestar”.

Llegó al momento peor, al que le había llevado a aquella situación, a la de parecer un muerto viviente. Quise morir. Algo en mi interior se quebró, algo muy grande y que costaría reparar. Porque yo podía aguantar estar mal, pero que lo estuviera él, y más aún por aquel motivo... No podía soportarlo.

Le dejé acabar, obviamente, aunque no sin un grandísimo esfuerzo por mi parte. Acabó su historia con lágrimas en los ojos. En los ojos y esparcidas a lo largo de sus mejillas, pero yo no me había dado cuenta ya que bajé la mirada en cuanto comencé a llorar, fijándome en las nerviosas y temblorosas manos de Dougie, que intentaban expresar lo que no podía hacer con palabras.

En aquel momento, cuando lo vi peor que en toda mi vida pues aquella vez en la que se fue a casa de Harry no tenía ni punto de comparación, me bloqueé. No supe qué hacer. Mis músculos no me respondían.

Dougie. Dougie estaba mal. Dougie estaba mal y yo no me sentía con fuerzas como para ayudarle. No sabía como ayudarle. No sabía como ayudarle y odiaba aquello, porque también odiaba verle de ese modo.

Él me dio la respuesta. Se quedó varios minutos mirándome, buscando en mis ojos algo que yo no sabía y que estaba segura de que no me querría decir y luego, cuando se vio capaz, atravesó con su cuerpo el espacio que nos separaba y me abrazó.

Entonces comprendí el abrazo que me había dado cuando yo le dije que le quería sin venir a cuento. Ese era la continuación de aquel, la segunda parte, y no habría tenido ninguno de los dos si Danny no hubiera intervenido.

  • ¿Sirve de algo desahogarse? -pregunté contra su cuello.
  • Sirve... Sirve de mucho... Sirve para darme cuenta de que te quiero más de lo que pensaba y que no sabes la falta que me hacía alguien como tú... -susurró contra mi pelo.

Volví a llorar sin separame de él, sin querer hacer ruido para no preocuparle. Yo me estaba dando cuenta, cada día más, que confirmaba lo que yo siempre había pensado: no podía vivir sin ellos, pero tampoco podía vivir si ellos estaban mal.

  • Dougie... -sollocé todavía abrazada a él, sin intención de deshacer el abrazo- Esto suena a tópico, pero... Yo siempre estaré aquí, para lo que sea. Lo juro... -susurré.

Entonces fue él quien nos separó. Siguió agarrándome por los hombros y me miró a los ojos, volviendo a buscar algo que desconocía. Luego, cuando la última lágrima recorrió su mejilla izquierda, volvió a abrazarme para susurrar junto a mi oído un “Gracias” que hizo que se me erizara el vello de la nuca.

  • ¿Cómo puedes ser tan importante para mí con lo pequeña que eres? -preguntó al separase de nuevo, ya con una sonrisa en los labios.
  • Puedo decir lo mismo... -murmuré entrecerrando los ojos.
  • No te enfades, que era por no estar así. No es divertido. -Secó las lágrimas que se habían quedado en mi rostro con sus pulgares.
  • Lo sé... -volví a murmurar, agachando la mirada.
  • Cambiemos de tema... ¿Cómo lleváis lo de mi fiesta sorpresa? -En cuanto le oí preguntar aquello levanté la mirada.
  • ¿Qué fiesta? -pregunté, confusa.
  • Venga va, no disimules que cantaba un huevo y medio...
  • Pues hijo, no sé qué es lo que cantaba... -murmuré, intentando distraerle y que se olvidara del tema.
  • Vale, contigo es imposible... Luego probaré con Harry. ¿Ya tienes mi regalo?
  • No.
  • ¿Lo dices enserio?
  • ¿Te he mentido alguna vez? -pregunté, enarcando una ceja.
  • No, pero... -Se quedó callado.
    En ese mismo instante mi móvil sonó.

Odiaba que me llamaran cuando hablaba con alguien, y más aún si ese alguien era Dougie, pero cuando me disponía a responder borde vi en la pantalla la foto que le tenía asignada a Harry: una ardilla con los ojos extremadamente abiertos.

  • Dime, Harry -dije al descolgar.
  • ¿Habéis llegado sanos y salvos, sin ningún tipo de rasguño? -preguntó cual madre.
  • Enteritos estamos. ¿Llamas solo por eso?
  • No, en realidad era por si Dougie ya había hecho esas cosillas de las que hablaba. Le echo de menos -bromeó.
  • Ohhh. Pues no, no ha hecho esas cosillas porque se ha quedado conmigo, ¿vale?
  • Pues vale, pero dile que venga que Tom se enfada... Y él ya sabe cómo es Tom enfadado -advirtió.
  • Yo nunca he visto a Tom enfadado...
  • Ni lo quieras ver -respondieron a la vez, Harry por el móvil y Dougie a mi lado, por lo que me eché a reír.
  • Tú encima ríete, listilla -se burló Harry.
  • ¿Ya está? ¿Eso es todo lo que me tenías que decir? -le pregunté.
  • Joder, peque, ¿te molesto? ¿Has dejado de quererme tan pronto?
  • No, pero yo estaba muy bien aquí con Dougie. Además, tú me has echado de allí -dije con tono dramático.
  • Vale, vale, hoy estás susceptible por lo que veo... Bueno, pues buenas noches para cuando te vayas a dormir. Y dile a Doug que venga, sino esta noche, mañana a primera hora -se apresuró a decir.
  • De acuerdo, irá mañana a primera hora porque esta noche lo quiero yo -dije y no le di tiempo a responder ya que colgué.
  • ¿Está noche me quieres tú? -preguntó Dougie, alzando una ceja.
  • En efecto, mi queridísimo Poynter. Y ahora me voy a tocar el piano que ya me echa de menos -anuncié y me levanté de la cama.
  • ¿Puedo bajar y escucharte? Es que lo haces tan bien... -murmuró.

Como había dicho, me puse a tocar el piano. Primero simples canciones que me habían enseñado en el conservatorio, Mozart, Beethoven, Bach, alguna canción de dibujos animados... Pero luego se me ocurrió hacer algo nuevo: una versión. Y para eso necesitaba a Dougie.

¿Por qué? Porque la canción que pretendía versionar con el piano era Take me there y nadie sabía mejor que él cómo esa precisa canción debía quedar, porque para algo era suya, aunque él la considerara mía ya que la había escrito para mí...

Después de varias horas de muchos intentos -fallidos en su mayoría- logramos hacer algo decente que acompañado por una guitarra, e incluso tan sólo por el bajo, sonaba realmente bien, más de lo que yo habría esperado, por lo que no dudamos en grabarlo para poder enseñárselo a Tom y que se sintiera orgulloso de nosotros.

Después de eso me obligó a interpretar varias canciones de McFly, pero aunque insistí en no hacerlo ya que las únicas que sabía tocar no eran precisamente adecuadas para aquel momento, tuve que hacerlo porque me jugaba el que se fuera con Tom a vivir. Y yo lo necesitaba a mi lado demasiado como para dejar que se marchara por no tocarle -que no cantar- varias canciones poco acordes con su estado de ánimo.

Al final toqué -por obligación, claro está- The heart never lies, POV, Bubble wrap, The end... Y cuando ya me cansé, antes de irnos a dormir, fui yo la que le obligó nuevamente a él a ver Just my luck.

Era divertido pues lo habíamos hecho todas las noches desde que vivía en casa de Matt, y siempre había intentado escaquearse con excusas demasiado poco elaboradas, por lo que siempre acababa sentado en el sofá conmigo, viendo y comentando una película que aseguraba odiar.

Al acabar, y después de haber cenado de pizzas, cada uno se fue a su habitación; no sin antes nuestro ritual de buenas noches, que consistía en ir a darle las buenas noches el uno al otro, y viceversa, hasta siete veces, que eran los años que hacía que McFly se había formado.

Parecía estúpido, de hecho lo era, y más aún cuando decías que uno de los dos tenía ya casi veintitrés años, pero a nosotros nos divertía y era un pequeño tiempo que pasábamos juntos, por lo que me bastaba para hacer cada día la misma tontería si como recompensa obtenía su compañía.

54 ~ Fucking liar.

Lo conseguimos. Sin pactarlo siquiera conseguimos que Danny se picara y jugara al fútbol como él sabía. Me costaba la vida alcanzarlo, pero luego me gratificaba con una sonrisa por haberme ganado, y eso me hacía feliz.

Hicimos un improvisado campo y delimitamos las porterías con vasos de plástico que Dougie llenó de tierra para no tener que ir a recogerlos a cada instante porque se iban volando constantemente.

Dougie, al no gustarle el fútbol, decidió ser árbitro por un día y aseguró que lo habíamos comprado ya que pitaba faltas inexistentes a favor nuestra, por suerte. Flones jugaba realmente bien, y conmigo, Harry necesitaba la ayuda que el árbitro nos proporcionaba.

  • Retiraos, os vamos a humillar -“aconsejó” Danny, doblando su cuerpo hacia delante y apoyando las manos en las rodillas para coger aire, mientras Dougie iba a recoger el balón que Harry había mandado a la otra punta de aquel lugar.
  • A ver si el que sale perdiendo aquí eres tú -le respondió Harry.
  • Vamos 13-9, Haz, no nos superais ni queriendo -dijo y se puso nuevamente recto.
  • ¿Y si os ganamos? -reté yo.
  • Me haces un masaje.
  • ¡Pero ahí salgo yo perdiendo! -me quejé.
  • Se siente...
  • Si ganais vosotros me cantas 'My beautiful reward' -dije yo, con toda la intención del mundo.
  • Hecho -dijo sin pensárselo un segundo y me ofreció su mano para cerrar el trato.

En aquel momento mi cerebro se fue de paseo. De paseo por el sol. No. Se fue. Pero no sé donde. Y no solo mi cerebro. Mi corazón dejó de latir en cuanto oí aquello. Tenía trampa. Debía tenerla.

  • ¿Tienes fiebre? -pregunté mirándole incrédula.
  • No. ¿Por qué?
  • Entonces me estás mintiendo, o piensas engañarme. Tienes un as debajo de la manga -aseguré yo.
  • ¿Hay o no hay trato? -dijo agitando su mano para que la aceptara de una vez.
  • ¿Prometes jugar limpio, como tú sabes, y no dejarnos ganar en ningún momento? -pregunté enarcando una ceja, entonces dejó caer su brazo al lado de su costado- Lo sabía. Eres un mentiroso de mierda -murmuré.
  • ¿Ocurre algo? -preguntó Dougie al llegar, con el balón en sus manos.
  • Que nos han ganado y punto -dije y me metí en la mansión.

¿Enfadada? Sí. Si sabía yo que los sueños, sueños son... Pero siempre lo había intentado y siempre lo haría aunque fracasara en cada intento, aunque corriera el riesgo de enfadarme tantísimo de ser capaz de no hablarle...

Fui hasta uno de los sofás y me dejé caer de espaldas en él, quedándome tumbada y con la mitad de las piernas colgando por un brazo de éste. Suspiré y me quedé mirando el techo. Odiaba enfadarme por eso...

  • ¿Alice? ¿He hecho algo mal? -preguntó Dougie acercándose a mí.
  • No -me limité a responder.
  • ¿Quién ha sido entonces? -preguntó sentándose en el brazo del otro sofá y mirándome preocupado.
  • El tonto -dije sin más y volví mi vista al techo.
  • ¿Danny? Danny no es tonto -dijo.
  • Sí que lo es.
  • Pues vale... -murmuró- ¿Se puede saber qué ha hecho?
  • Nacer. Descubrir a Bruce Springsteen. Amarlo tanto como yo. Tatuarse esa frase de esa precisa canción. No cantarla.
  • Te gusta mucho, ¿verdad?
  • Mucho no, muchísimo -corregí.
  • Para él también es importante.
  • Me alegro.
  • Me refiero a que... le impone. El hecho de gustarle y ser de Bruce... Teme hacerlo tan mal que después del golpe no se pueda recuperar. ¿Recuerdas cuando me dijiste que nunca me cantarías una canción de... Aquel español al que fuiste a ver con Harry, porque sabías que nunca lo podrías igualar? Pues a él le pasa lo mismo multiplicado por un millón -explicó.
  • No es lo mismo -murmuré yo.
  • No, no lo es. Es un millón de veces peor.
  • No. No es lo mismo porque él puede hacerlo. Nunca quedará por los suelos. No digo que pueda superarlo, obviamente, Bruce es Bruce, pero puede hacer una cover dignísima y no estamparse contra el suelo -dije.
  • Vale, pues enfádate si quieres, pero no le harás cambiar de opinión. Podrás pasarte días sin hablarle que él no se sentirá culpable, en absoluto, y tú te harás daño solita. ¿Ahora quieres que me vaya? -preguntó, y pareció que se enfadaba y todo.
  • No. Lo siento, pero... No importa. Son tonterías mías, como siempre. Voy a dar una vuelta -murmuré mientras me levantaba.
  • Hasta luego -canturreó.
  • ¿No vienes? -pregunté extrañada.
  • No, me quedaré por aquí... Pídeselo a Harry -ofreció.
  • No, iré sola. No pienses mucho ¿vale? -dije a modo de despedida y besé su mejilla antes de volver a salir y adentrarme en el bosque.

Nadie dijo nada al verme. Observaron en silencio como iba a paso normal hacia el bosque, posiblemente sorprendidos de que no estuviera o enfadada como para pisar tan fuerte que me clavara en el suelo, o llorando como para ir corriendo.

Seguí caminando, obviamente sin rumbo fijo, y no quise pensar demasiado porque entonces saldría mal. Intenté seguir el consejo que le había dado a Dougie, que por cierto, seguía sin decirme nada respecto a su... Cambio de humor.

No pasé demasido tiempo fuera, o quizá es que andé tanto que el tiempo se me pasó muy rápido... No es que el lugar fuera enorme y pudiera perderme, pero fui dando vueltas y más vueltas, hasta que me cansé y decidí volver.

Al llegar vi a “los mayores” en lo que parecía una reunión, así que, como pequeña que era, quise meterme y enterarme del asunto. Corrí hasta llegar a sus posiciones y me coloqué detrás de Harry, ocultádome tras su hombro.

  • ¿De qué habláis? -susurré.
  • De tu idea -me respondió Tom.
  • ¿Qué idea? -pregunté.
  • Tenemos una nueva tonta. Danny, siéntete halagado -dijo Harry, que se ganó un puñetazo en el brazo por mi parte, aunque no pareció hacerle daño ya que rió.
  • ¿Pero qué idea? -volví a preguntar haciendo una pequeña rabieta.
  • Dougie -se limitó a susurrar Danny, para no ser él quién la cagara.
  • Oh, vale, entiendo. ¿Y qué pasa?
  • ¿Qué día la hacemos? -preguntó Tom.
  • El treinta -dije sin pensarlo.
  • ¿No cantará mucho? Es decir, que su fiesta sorpresa sea el mismo día de su cumpleaños... -dijo Harry.
  • ¿Creéis que será muy sorpresa si nos ve a los cuatro hablando y excluyéndole? -bromeé y le saludé, ya que estaba al otro lado del campo.

Me reí yo sola al ver la escena y corrí hasta donde se encontraba Dougie. Ya me daba igual la conversación que pudieran tener ellos, simplemente quería abrazarle y lo haría si a él no le molestaba.

Me tiré a su cuello y enredé mis piernas a su cintura, haciéndole perder el equilibrio por un momento, aunque después escuché como se carcajeaba por ello. Besé su mejilla antes de bajarme y cuando me quedé en el suelo le miré sonriente.

  • ¿Sabes qué? -le pregunté.
  • ¿Qué? -preguntó él, curioso.
  • Te quiero -dije y me sonrió como si la vida le fuera en ello.
  • ¿Se puede saber qué te pasa ahora? -preguntó extrañado por mi repentino cambio de humor.
  • Nada. Soy feliz. ¿Me dejas?
  • Siempre -susurró y me abrazó fuertemente por encima de los hombros.

Era extraño. No era niguno de los abrazos que me había dado durante todo aquel tiempo, ni siquiera se acercaba. Era algo más que un simple abrazo, lo sabía, pero no entendía porqué me lo daba en aquel momento, sin darme ninguna explicación.

  • Pequeña, siento cortaros el rollo, pero mañana es lunes y si no quieres dejar de vernos... Tenemos que llevarte a casa -dijo Harry al pasar por nuestro lado.
  • Llévame ya a casa -exclamé al comprender lo de no volverles a ver, y provoqué que rieran.
  • Yo la llevo -se ofreció Dougie- Así de paso arreglo unas cosillas -añadió.
  • Vale, no me destroces el coche -le dijo como despedida y le tiró las llaves- Adiós, pequeña, nos vemos el miércoles -dijo y me besó la frente.
  • ¡¿El miércoles?! -pregunté alarmada.
  • Esto no se hace en dos días, y bastante hemos acortado ya -informó Tom.
  • Pero... ¿Qué hago yo tres días sin vosotros?
  • Vida social -se limitó a responder Harry con una sonrisa en el rostro, y comenzó a empujarme hasta el coche.
  • Yo no quiero vida social si no os tengo a vosotros, idiota -me quejé pero seguí andando por obligación.
  • Muy bonito lo que dices, pero prefiero no quedarme sin cuello a verte, así que... Adiós, pequeñaja mía -se despidió y me metió en el coche para cerrar inmediatamente la puerta de éste.
  • ¡Tonto! -grité para que me oyera a través del cristal y se echó a reír.

Me giré inmediatamente para poder despedirme de Tom, aunque fuera con la mano, ya que Danny ya no estaba fuera, y él me respondió también agitando su mano rápidamente hacia mí, con una enorme sonrisa dibujada en el rostro.

Dougie entró en el coche y me miró sonriente, encendió el motor y, antes de arrancar, besó mi mejilla con delicadeza para posteriomente marcharnos de ese lugar haciendo un pequeño derrape, solo para hacer enfadar un poco a Harry.

  • ¿Qué son esas cosillas? -pregunté cuando ya habíamos emprendido el camino a casa de Matt.
  • ¿No te olvidas, eh?
  • Nunca olvido nada de lo que tú dices, por suerte o por desgracia... -informé.
  • Está bien saberlo.
  • Venga, no te escaquees. ¿Qué tienes que arreglar? -volví a preguntar.
  • No es nada, ir a visitar a una amiga.
  • ¿Quién es esa amiga? -pregunté esa vez preocupada.
  • Ashleen -respondió y una sonrisa involuntaria se formó en su rostro, y me alivió, más de lo aparentemente normal.
  • ¿Y es solo amiga?
  • Solo amiga.
  • ¿Nada más?
  • Nada más.
  • Y... ¿es una amiga con la que te gustaría tener algo más?
  • ¿Es Harry un ídolo con el que te gustaría tener algo más?
  • ¡Eso no vale! -me quejé e hice pucheros, pero él se carcajeó.
  • Era broma, solo quería demostrarte que molestaba.
  • Lo siento... -murmuré.
  • No te preocupes, tonti. Ashleen es una amiga, y la quiero mucho, sí, pero es solo amiga... De momento. Pero no te emociones -dijo rápidamente al ver mi expresión- En ningún momento he dicho que pueda pasar, solo que... No me molestaría, así que conversación zanjada -añadió.
  • Jope... -me quejé.
  • Puedes preguntar... Pero no masivamente -advirtió.
  • No, de momento no tengo preguntas.
  • Genial. Pues cuando lleguemos tengo que... Hablarte de algo -murmuró.
  • Está bien -me limité a decir.
  • Ya lo sabes -informó.
  • Quizá te equivoques...

No dijo nada más. Se limitó a mirar fíjamente la carretera y se quedó en silencio, pero no me molestó. Supongo que subió el volumen de la radio para que no pareciera tan siniestro, y después de eso, alargó su brazo hasta enlazar nuestras manos.

53 ~ I'm sorry...

No me resistí más a aquella vuelta que yo no quería realizar. Prefería haberme quedado allí, debajo del árbol, y que las horas pasaran hasta que me viera capaz de dar una explicación a mi comportamiento. Darle una explicación a Harry.

Sentía balancearse mi cuerpo junto al de Danny, ya que yo había enterrado mi rostro en el hueco de su hombro porque no me atrevía a mirarle a los ojos al instante. Ahora era cuando venían los arrepentimientos, pero ya demasiado tardíos.

  • Alice... -susurró Danny en mi pelo y supe que tenía que desenterrarme de él.

No estaba. Eso fue lo primero que vi. Estaban Tom, y Dougie, pero Harry no. Tom se dió cuenta de que llegábamos hasta allí, pero Dougie seguía inmerso en los pensamietos que yo desconocía y que no quería preguntar por miedo a lo que fuera.

  • ¿Ya le has roto un pie? -preguntó Dougie al salir de su mundo y Danny le regaló una mueca de desprecio.
  • Hay que ver lo gracioso que eres, eh -dijo molesto y por no dar mayor atención, me bajé de sus brazos al instante.
  • ¿Y Harry? -pregunté.
  • Dentro. Adivina qué está haciendo -me retó Tom y recordé lo que la noche anterior estuvo haciendo mientras nadie le prestaba atención.

Ambos acertamos. Allí lo vi, de nuevo con el torso desnudo, machacándose esos que ya eran unos desarrolladísimos músculos. Muchos habían sido los músculos que descubrí gracias a él, entre ellos, varios del culo.

  • ¿Harry...? -pregunté con un hilo de voz.

Tenía miedo por si realmente estaba enfadado conmigo, porque tenía todo el derecho del mundo, pero yo no había querido enfadarme a drede. En cierto modo lo había hecho sin querer.

Podía parecer raro, de hecho lo era, pero supongo que solo fue una maldita reacción de mis asquerosas hormonas, al igual que el sonrojarme o comenzar a temblar cuando se encontraba a mi lado.

Paró. Dos minutos después, viendo que no me movería de allí, paró. Se incorporó en la banqueta donde había estado ejercitando sus brazos y me miró. No. Me asesinó con la mirada.

No un homicidio intencionado, pero es que él todavía no sabía, o si lo sabía entonces nos quería torturar, que esos ojos eran capaces de matar con una simple mirada de reojo. Bastaba el saber que te estaba observando, aunque esas fueran pocas veces, para poder darte un infarto.

No me dirigió una sola palabra. Seguía mirándome, y no apartó la vista de mí en ningún momento, pero no decía nada. Entonces... estaba enfadado. Sentí como algo en mi interior se rompía, y él lo notó. Su mirada cambió, lo vi.

  • Dime, Alice -dijo serio, sabiendo que yo no podría aguantar un segundo más de silencio por parte de él.
  • L-l-lo-lo siento... -tartamudeé y sin poder evitarlo las lágrimas se agolparon en mis ojos sin que yo quisiera.

Aunque me alegré de que lo hicieran. Eso fue lo que pareció hacer reaccionar a Harry, que se acercó cautelosamente a mí, y sin necesidad de volver a decir nada, me abrazó, queriéndome dar a entender que me perdonaba, o al menos eso era lo que yo quería interpretar.

Instintivamente rodeé su cintura con mis brazos, como si lo necesitara. Estaba sudado a causa del ejercicio hecho, pero eso no me importó. Era su sudor, y muchas habían sido las noches que había soñado recoger una toalla con esa sustancia aparentemente asquerosa.

Él subido en un escenario y yo abajo, gritando por haber conseguido el trofeo más preciado. Ahora lo tenía todo para mí, por lo menos durante los segundos que durara nuestro abrazo, porque quizá solo lo hubiera hecho por no verme llorar, aunque de poco había servido ya que yo había empapado su pecho ya rociado en sudor.

  • Venga, peq... Alice, deja de llorar que no vale la pena hacerlo por mí -bromeó.

Me molestó su rectificación, pero supongo que lo hizo por lo que yo le había dicho, aunque se había saltado con sobresaliente lo de no tocarme, pero se lo agradecí, porque yo no quería nada de lo que había dicho.

También me molestó que dijera que no valía la pena llorar por él. Quizá lo fuera, pero yo me había pasado la vida haciéndolo, y repetirlo no me resultaba nada incómodo, y menos si él era el que estaba a mi lado para consolarme nuevamente.

  • Eres tonto... -fue lo único que pude murmurar.
  • Lo sé -dijo y yo golpeé su pecho con mi puño derecho, haciéndole reír- Ahora dime qué es lo que sientes -pidió sin hacer ningún otro movimiento.

Me quedé un instante más abrazándole, hasta que creí que necesitaba mirarle de nuevo. Me separé de él, solo lo justo para poder ver sus ojos. Azul. Ahí era hasta donde llegaba mi cerebro, y no me extrañó que un 23 de septiembre de 2004 se convirtiera en mi color favorito.

  • No quiero que te alejes de mí, Harry. Quiero que me llames peque, que me toques... Lo siento. Yo... no quería decir eso. De verdad que no sé que me ha pasado. Es que... últimamente me pones nerviosa ¿vale? Sí. Hale, ya te lo he dicho. Me pones nerviosa y he intentado alejarme de tí para que no provocaras eso en mí. Para eso me ha ayudado refugiarme en Doug, porque siento que él me necesita; divertirme con Danny, porque pienso que he dejado reír como antes hacía; estar con Tom, porque necesito que me ayude a explicar lo que siento, aunque la mayoría de las veces no me guste su respuesta. Cambiaría muchas de las cosas que he hecho, pero... ya es tarde. ¿Podrás perdonarme que me haya comportado así? Te prometo que no volveré a enfadarme si me muerdes el cuello, de hecho, te doy permiso para que lo hagas siempre que se te antoje, como si alguna vez te quieres llevar parte de la carne que hay allí. No me molestará. Lo aseguro -dije rápidamente, sin querer pensar en lo que decía, porque sabía que así las palabras salían mejor, o por lo menos eran más ciertas.

No me respondió. ¿Por qué? Había vuelto a quedarse callado sin dejar de mirarme, pero esa mirada, de un modo u otro, me asustaba. Le había dicho lo que me ocurría... ¿le molestaba eso? No entendía nada, pero no tardé mucho en poder hacerlo.

  • Yo no tengo que perdonarte nada, Alice. Te notaba rara, claro está, era evidente, por eso yo tampoco hacía nada por acercarme a tí, sino ya sabes que no habría dejado que el pecoso te tocara demasiado. Pero sentí que de algún modo... lo necesitabas -murmuró, pero yo le miré con la confusión dibujada en el rostro- Me explicaré: siempre me has dicho que nos necesitas para vivir, a los cuatro, pero estos días he visto que estabas a su lado más de lo normal, lo que solías estar conmigo o con Doug. Quizá sea por lo que me has dicho de que te pongo nerviosa, aunque no entiendo el porqué, y porque Dougie últimamente... ya sabemos como está, pero en fin, dejemos eso ahora...
  • ¿Puedo pedirte un favor? -pregunté cuando supe que ya había acabado de hablar.
  • Lo que quieras, ya lo sabes.
  • Llámame peque, o pequeña, por lo que más quieras. Y me debes dos, que lo sepas -pedí.
  • Que boba eres... ¿peque, peque? -dijo y yo me eché a reír- ¿Ves? No valía la pena llorar. Vamos fuera, anda, creo que se aburren... y se me ha ocurrido algo que hacer.
  • ¿El qué? -pregunté curiosa, pero no obtuve respuesta.

Simplemente sonrió. Podría matarme cualquier día de esos con solo una sonrisa, pero no me importaría. Fue a coger la camiseta que llevaba antes y se le puso antes de pasar su brazo por mi cintura y conducirme al jardín, después de besar mi mejilla.

  • Jones, Fletcher, solicito una revancha -anunció serio.
  • ¿Revancha? -preguntaron confusos Doug y Danny.
  • Revancha -afirmó- No acabamos aquel partido que comenzamos hace ya muuucho tiempo -dijo con una sonrisa en el rostro.
  • No, no, no -se apresuro a decir Danny- Yo no hago revancha ninguna -negó rotundamente.
  • ¿Por qué no? -pregunté yo.
  • ¿A caso no recuerdas qué ocurrió la última vez? -preguntó enarcando una ceja.
  • ¿Qué última vez? Esto solo me demuestra que eres una nenaza... -dije para picarle.
  • Yo no soy una nenaza... -murmuró y corrió hasta entrar de nuevo en la mansión y salir a los poco segundos con una balón en su mano.