- Alice... -escuché susurrar a alguien- Pequeña tenemos que rodar y he pensado que te gustaría verlo... -volvió a susurrar moviéndome ligeramente para que me despertara.
Reaccioné, tarde a pesar del sueño, pero reaccioné. Me levanté como si me hubieran metido un petardo por el culo, algo que hizo que me mareara y que, sino hubiera sido por Harry, me comiera el suelo. Aunque me agarró el brazo para que no cayera no pudo evitar reír, así que le dediqué una mueca de burla.
- No te enfades, tonta -dijo y besó mi frente- Buenos días -añadió en un susurró e hice como que me desmayaba para caer encima de la cama- ¡Alice! -gritó y en seguida lo tuve delante mía, apoyándose con las manos en la cama para no tocarme ni un milímetro- Ni se te ocurra volver a hacer eso, ¿entendido? -dijo muy serio y yo asentí antes de deslizarme por debajo suya y huír para que no viera hasta donde había llegado toda la sangre de mi cuerpo.
Corrí hacia donde sabía que se encontraba el cuarto de baño, encontrándome por el camino a Danny que gritó molesto un “Buenos días, eh” pero yo no podía pararme. Estaba demasiado ruborizada como para decir que, en el mes de noviembre, tenía calor, y tampoco podría alegar que tenía fiebre, ¿o sí? Quizá si tenía a Harry lo bastante cerca durante todo el día esa excusa serviría, ¿no?
Me encerré en el baño y me apoyé en la puerta hasta deslizarme y quedar sentada para impedir la entrada de nadie. Enterré la cabeza en mi brazos cruzados encima de las rodillas e intenté respirar con normalidad.
¿Qué me estaba pasando? No quería alejarme de Harry. Le necesitaba a mi lado. ¿Cómo le explicaba yo que el estar a su lado me producía ese comportamiento? O peor... ¿cómo disumular que no me ocurría nada? Me conocía demasiado como para darlo por alto y no dejaría de preguntarme hasta no obtener las respuestas que tanto necesitaba yo y que no conseguía tener.
- ¿Estás bien, Alice? -preguntó una voz al otro lado de la puerta, y esa voz por suerte no era la de Harry, pero ¿y si le había enviado porque ya me había notado rara? Él sabía que a Doug no podía mentirle. Estaba segura de que lo había hecho a drede.
- No lo sé... -murmuré.
- Abre -dijo pero yo negué aún sabiendo que no me veía. Pasaron los segundos y yo seguía sin abrir- ¿Alice? ¿Alice qué te pasa? -preguntó esta vez alarmado- Sabes que no tengo fuerza pero como no me respondas tiraré la puerta abajo -amenazó.
- ¡No! -grité- Estoy yo detrás... -murmuré y me levanté lentamente para abrir la puerta con la misma lentitud y unos brazos me rodearon al instante.
- ¿Estás bien, Alice? ¿Qué te pasa? -preguntó preocupado.
- Sí. No. No lo sé, Dougie, no lo sé... -dije negando contra su pecho.
- No te preocupes. Tranquilízate, ¿vale? -asentí. Agarró mi cara con ambas manos y se separó de mi lo justo para que le mirara- Estás ardiendo -me informó.
- Lo sé -suspiré.
- ¿Qué te ocurre? Estás rara desde ayer noche... ¿De verdad pensaste que Danny se moría? -bromeó y yo sonreí a la vez que negaba- ¿Qué te pasa entonces? -preguntó. Yo bufé porque aunque no sabía con exactitud lo que me ocurría, sentía que debía contárselo.
- ¿Me prometes que no se lo dirás a nadie?
- ¿A Harry tampoco?
- ¡No! -grité haciendo que reculara- Lo siento es que... -susurré e hice una pausa- A Harry no, no... Harry. Harry es el problema -intenté explicar.
- ¿Harry? ¿El problema? No entiendo, Alice -dijo confuso.
- Yo tampoco, créme que yo tampoco... -murmuré.
- Pero, ¿qué ha hecho? -preguntó de nuevo intentando entender algo que ni yo misma entendía.
- Nacer, supongo... -volví a murmurar.
- ¿Nacer? ¿Cómo que supones? ¿No sabes ni cuál es el problema? -preguntó muy rápido.
- Joder no, no lo sé. Comportarse conmigo de ese modo o... que no lo sé Dougie, no tengo ni idea... -suspiré.
- Bueno pues... -hizo una pausa pensativo- bajamos y si se te ocurre que pasa me lo comunicas ¿vale?
Antes de bajar me aseé: me lavé la cara, me peiné un poco y peiné también a Dougie porque me dejó ya que me hacía ilusión. Tenía el pelo suavísimo, así que comencé a hacer tenterías con él. Varias coletas con las que se carcajeó al verse en el espejo y después se lo puse hacia arriba, dándome cuenta de que hacía mucho que llevaba ese flequillo.
- Hace muuucho que no llevas el pelo así -comenté.
- Cierto... -murmuró- ¿Quieres que lo haga? -preguntó mientras alzaba una ceja.
- ¡No! Yo solo lo he dicho, tú tienes que llevarlo como te guste ¿No consiste en eso?
- Supongo... Ya nos deben de echar de menos ¿Y si me dejas peinarme decentemente y bajamos? -ofreció.
- Hum... bueno... vale... -murmuré y dejé su pelo caer entre mis dedos, quedándosele muy despeinado, por lo que nos echamos a reír de nuevo.
Como habíamos dicho, bajamos y nos encontramos a los chicos desayunando sin habernos esperado si quiera, pero en realidad me importaba bastante poco. Comenzaba a encontrarme mal de nuevo y estaba segura de que no era la presencia de Harry la que me hacía eso.
No estaban dentro de aquella enorme mansión sino en el jardín, sentados los tres en una mesa que, con los cinco, seguiría sobrando de todos los lados. En cuanto Tom dirigió la vista hacia nosotros me regaló una hermosa sonrisa acompañada de ese precioso hoyuelo que solo él tenía.
Andamos hacia ellos sin decir nada. Danny estaba de espaldas, mostrándome la parte superior de aquel tatuaje que amaba con toda el alma. Pero cuando mi vista se dirigió al batería que se encontraba enfrente de él y me encontré con esos azules ojos suyos, bajé la mirada, concentrándome en no tropezar.
Al llegar hasta ellos abracé a Danny por los hombros y planté un sonoro beso en su mejilla derecha, aplastando mis labios contra su piel.
- Buenos días -susurré al separarme de él.
- Ahora sí ¿no? -preguntó con finjido enfado.
- Lo siento, antes... no podía -expliqué y la abracé más fuerte.
- ¡Estás ardiendo, Alice! -exclamó al notar el contacto de mi mejilla en su cuello.
- Yo ya lo he dicho antes... -murmuró Dougie, que ya se había sentado y se comía un asqueroso plátano.
- Puag...
- ¿Qué pasa? -preguntó confuso.
- Plátano... -murmuré con asco mientras me alejaba de él.
- ¿Veis como no soy el único? -dijo Tom feliz.
- ¡No! ¡Vivan los anti-plátanos! -exclamé y todos se echaron a reír.
Acabamos de desayunar con la brisa de esa preciosa mañana acariciándonos suavemente. Después de eso Harry, Danny y Tom se fueron a rodar, pero Dougie se quedó conmigo alegando que si tenía fiebre tendría que cuidarme
Él estaba sentado, apoyando la espalda en un árbol cercano a la ya bautizada por mí como 'mansión'. Yo me encontraba tumbada en el césped, reposando la cabeza en su regazo y dibujando círculos en la palma de su mano derecha, a los que me respondía, a veces, cerrando la mano para atrapar la mía y que diera un pequeño salto por el asombro, provocando su risa.
- ¿No tienes que irte? -pregunté pasado mucho tiempo.
- ¿Quieres que lo haga? -preguntó él alzando una ceja.
- ¡No! -grité, haciendo que sonriera por mi negativa- Pero quizá tengas que rodar tú también... -murmuré.
- Si me necesitan me avisarán ¿no crees? -asentí, y en ese preciso instante escuchamos una voz llamarle así que no pude evitar echarme a reír a carcajada limpia.
- Ahora sí que te necesitan -dije sin parar de reír.
- Tonta... -se burló e hizo una pedorreta antes de levantarse lentamente para no hacerme daño.
Me quedé varios segundos sentada con las piernas cruzadas observando como se dirigía a la mansión a paso lento, hasta que reaccioné y fui junto a él corriendo. Cuando le alcancé, entrelacé nuestras manos y él besó mi mejilla como respuesta, aunque hizo una mueca al volver a notar mi ardor que ya podía confirmar que no era del todo debido a Harry.
- Anda, pero si ya han llegado los tortolitos... -anunción Danny con rintintín, que se llevó una colleja de Harry que pasaba por allí, así que Dougie y yo reímos- No hace gracia -se quejó Danny.
- Te equivocas -corrgí- Hace, y mucha -añadí y puso cara de enfado- Pero no te enfades, bobo... -susurré.
- Venga Danny, déjate de tonterías, y Doug, coge el bajo de una maldita vez -ordenó Tom bastante serio, pero sabía que era porque estaba concentrado en el trabajo y no porque estuviera enfadado.
Vi como Harry se sentaba delante de su batería y comenzaba a golpear con fuerza las baquetas contra ese instrumento suyo, haciendo sonar un ritmo al azar. Tom ya se había colgado su guitarra al cuello y tocaba varios acordes, comprobando que estaba afinada correctamente. Mientras, Dougie, sentado en una silla cualquiera que encontró en la sala , comenzó a tocar notas sin ton ni son. Y Danny... Danny estaba a punto de provocarme un infarto.
- Dime que no estoy viendo lo que creo que estoy viendo... -murmuré ojiplática dirigiéndome a Danny que por suerte se sintió aludido.
- ¿Qué es lo que estás viendo? -preguntó confuso y yo señalé el instrumento que sujetaba entre sus manos- ¿La guitarra? -preguntó y yo asentí- Joder, Alice, me habías asustado... Ni que me hubiese salido una cana... -bromeó, pero yo no estaba para fijarme en otra cosa.
- ¡Alice, vuelve! -gritó Dougie.
- P-pe-pe-pero ¿la habéis visto? -pregunté incrédula.
- Sí, es una malita Fender Telecaster, negra y más rayada que el traje de un presidiario -respondió Harry con cierto tono de burla.
- No, no, no -dije yo- Esa -dije volviéndola a señalar- Esa es la guitarra más envidiada del planeta. La guitarra que tantas McFlyers, incluída yo, han deseado o soñado alguna vez con sustituirla. El poder ser toqueteada, besada e incluso lamida por Danny Jones no tiene precio y esa guitarra lo sabe mejor que nadie -expliqué.
- Joder Alice, sabes que si quieres ser guitarra solo tienes que pedírmelo... -bromeó Danny, aunque a Dougie no le hizo gracia y mostró su descontento estampando una de sus púas en la cara del pecoso.
- Eres imbécil -murmuré refiriéndome a Danny.
- ¿Un imbécil te dejaría tocar la guitarra más envidiada del mundo? -desafió alzando una ceja.
- ¿D-d-de verdad? -tartamudeé sin poder creer lo que me estaba ofreciendo.
Agarró la guitarra por el mástil con una sola mano y extendió el brazo para, poco a poco, acercarse a paso muy lento a mí. Esa extrema lentitud me incomodó ya que sentía que podría tocar esa guitarra en cuanto me diera el arrebato de salir corriendo, pero en vez de eso, esperé impacientemente a que Danny llegara a mi lado. Antes de soltarla al fin, lamió de abajo a arriba el mástil y estampó la guitarra con delicadeza contra mi pecho.
- Disfrútala mientras meo -me explicó, aunque hubiera preferido que no se explayara con los detalles, lo que di a entender con una mueca de asco, provocando la risa de los cuatro miembros de McFly.
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