No me resistí más a aquella vuelta que yo no quería realizar. Prefería haberme quedado allí, debajo del árbol, y que las horas pasaran hasta que me viera capaz de dar una explicación a mi comportamiento. Darle una explicación a Harry.
Sentía balancearse mi cuerpo junto al de Danny, ya que yo había enterrado mi rostro en el hueco de su hombro porque no me atrevía a mirarle a los ojos al instante. Ahora era cuando venían los arrepentimientos, pero ya demasiado tardíos.
- Alice... -susurró Danny en mi pelo y supe que tenía que desenterrarme de él.
No estaba. Eso fue lo primero que vi. Estaban Tom, y Dougie, pero Harry no. Tom se dió cuenta de que llegábamos hasta allí, pero Dougie seguía inmerso en los pensamietos que yo desconocía y que no quería preguntar por miedo a lo que fuera.
- ¿Ya le has roto un pie? -preguntó Dougie al salir de su mundo y Danny le regaló una mueca de desprecio.
- Hay que ver lo gracioso que eres, eh -dijo molesto y por no dar mayor atención, me bajé de sus brazos al instante.
- ¿Y Harry? -pregunté.
- Dentro. Adivina qué está haciendo -me retó Tom y recordé lo que la noche anterior estuvo haciendo mientras nadie le prestaba atención.
Ambos acertamos. Allí lo vi, de nuevo con el torso desnudo, machacándose esos que ya eran unos desarrolladísimos músculos. Muchos habían sido los músculos que descubrí gracias a él, entre ellos, varios del culo.
- ¿Harry...? -pregunté con un hilo de voz.
Tenía miedo por si realmente estaba enfadado conmigo, porque tenía todo el derecho del mundo, pero yo no había querido enfadarme a drede. En cierto modo lo había hecho sin querer.
Podía parecer raro, de hecho lo era, pero supongo que solo fue una maldita reacción de mis asquerosas hormonas, al igual que el sonrojarme o comenzar a temblar cuando se encontraba a mi lado.
Paró. Dos minutos después, viendo que no me movería de allí, paró. Se incorporó en la banqueta donde había estado ejercitando sus brazos y me miró. No. Me asesinó con la mirada.
No un homicidio intencionado, pero es que él todavía no sabía, o si lo sabía entonces nos quería torturar, que esos ojos eran capaces de matar con una simple mirada de reojo. Bastaba el saber que te estaba observando, aunque esas fueran pocas veces, para poder darte un infarto.
No me dirigió una sola palabra. Seguía mirándome, y no apartó la vista de mí en ningún momento, pero no decía nada. Entonces... estaba enfadado. Sentí como algo en mi interior se rompía, y él lo notó. Su mirada cambió, lo vi.
- Dime, Alice -dijo serio, sabiendo que yo no podría aguantar un segundo más de silencio por parte de él.
- L-l-lo-lo siento... -tartamudeé y sin poder evitarlo las lágrimas se agolparon en mis ojos sin que yo quisiera.
Aunque me alegré de que lo hicieran. Eso fue lo que pareció hacer reaccionar a Harry, que se acercó cautelosamente a mí, y sin necesidad de volver a decir nada, me abrazó, queriéndome dar a entender que me perdonaba, o al menos eso era lo que yo quería interpretar.
Instintivamente rodeé su cintura con mis brazos, como si lo necesitara. Estaba sudado a causa del ejercicio hecho, pero eso no me importó. Era su sudor, y muchas habían sido las noches que había soñado recoger una toalla con esa sustancia aparentemente asquerosa.
Él subido en un escenario y yo abajo, gritando por haber conseguido el trofeo más preciado. Ahora lo tenía todo para mí, por lo menos durante los segundos que durara nuestro abrazo, porque quizá solo lo hubiera hecho por no verme llorar, aunque de poco había servido ya que yo había empapado su pecho ya rociado en sudor.
- Venga, peq... Alice, deja de llorar que no vale la pena hacerlo por mí -bromeó.
Me molestó su rectificación, pero supongo que lo hizo por lo que yo le había dicho, aunque se había saltado con sobresaliente lo de no tocarme, pero se lo agradecí, porque yo no quería nada de lo que había dicho.
También me molestó que dijera que no valía la pena llorar por él. Quizá lo fuera, pero yo me había pasado la vida haciéndolo, y repetirlo no me resultaba nada incómodo, y menos si él era el que estaba a mi lado para consolarme nuevamente.
- Eres tonto... -fue lo único que pude murmurar.
- Lo sé -dijo y yo golpeé su pecho con mi puño derecho, haciéndole reír- Ahora dime qué es lo que sientes -pidió sin hacer ningún otro movimiento.
Me quedé un instante más abrazándole, hasta que creí que necesitaba mirarle de nuevo. Me separé de él, solo lo justo para poder ver sus ojos. Azul. Ahí era hasta donde llegaba mi cerebro, y no me extrañó que un 23 de septiembre de 2004 se convirtiera en mi color favorito.
- No quiero que te alejes de mí, Harry. Quiero que me llames peque, que me toques... Lo siento. Yo... no quería decir eso. De verdad que no sé que me ha pasado. Es que... últimamente me pones nerviosa ¿vale? Sí. Hale, ya te lo he dicho. Me pones nerviosa y he intentado alejarme de tí para que no provocaras eso en mí. Para eso me ha ayudado refugiarme en Doug, porque siento que él me necesita; divertirme con Danny, porque pienso que he dejado reír como antes hacía; estar con Tom, porque necesito que me ayude a explicar lo que siento, aunque la mayoría de las veces no me guste su respuesta. Cambiaría muchas de las cosas que he hecho, pero... ya es tarde. ¿Podrás perdonarme que me haya comportado así? Te prometo que no volveré a enfadarme si me muerdes el cuello, de hecho, te doy permiso para que lo hagas siempre que se te antoje, como si alguna vez te quieres llevar parte de la carne que hay allí. No me molestará. Lo aseguro -dije rápidamente, sin querer pensar en lo que decía, porque sabía que así las palabras salían mejor, o por lo menos eran más ciertas.
No me respondió. ¿Por qué? Había vuelto a quedarse callado sin dejar de mirarme, pero esa mirada, de un modo u otro, me asustaba. Le había dicho lo que me ocurría... ¿le molestaba eso? No entendía nada, pero no tardé mucho en poder hacerlo.
- Yo no tengo que perdonarte nada, Alice. Te notaba rara, claro está, era evidente, por eso yo tampoco hacía nada por acercarme a tí, sino ya sabes que no habría dejado que el pecoso te tocara demasiado. Pero sentí que de algún modo... lo necesitabas -murmuró, pero yo le miré con la confusión dibujada en el rostro- Me explicaré: siempre me has dicho que nos necesitas para vivir, a los cuatro, pero estos días he visto que estabas a su lado más de lo normal, lo que solías estar conmigo o con Doug. Quizá sea por lo que me has dicho de que te pongo nerviosa, aunque no entiendo el porqué, y porque Dougie últimamente... ya sabemos como está, pero en fin, dejemos eso ahora...
- ¿Puedo pedirte un favor? -pregunté cuando supe que ya había acabado de hablar.
- Lo que quieras, ya lo sabes.
- Llámame peque, o pequeña, por lo que más quieras. Y me debes dos, que lo sepas -pedí.
- Que boba eres... ¿peque, peque? -dijo y yo me eché a reír- ¿Ves? No valía la pena llorar. Vamos fuera, anda, creo que se aburren... y se me ha ocurrido algo que hacer.
- ¿El qué? -pregunté curiosa, pero no obtuve respuesta.
Simplemente sonrió. Podría matarme cualquier día de esos con solo una sonrisa, pero no me importaría. Fue a coger la camiseta que llevaba antes y se le puso antes de pasar su brazo por mi cintura y conducirme al jardín, después de besar mi mejilla.
- Jones, Fletcher, solicito una revancha -anunció serio.
- ¿Revancha? -preguntaron confusos Doug y Danny.
- Revancha -afirmó- No acabamos aquel partido que comenzamos hace ya muuucho tiempo -dijo con una sonrisa en el rostro.
- No, no, no -se apresuro a decir Danny- Yo no hago revancha ninguna -negó rotundamente.
- ¿Por qué no? -pregunté yo.
- ¿A caso no recuerdas qué ocurrió la última vez? -preguntó enarcando una ceja.
- ¿Qué última vez? Esto solo me demuestra que eres una nenaza... -dije para picarle.
- Yo no soy una nenaza... -murmuró y corrió hasta entrar de nuevo en la mansión y salir a los poco segundos con una balón en su mano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario