Lo conseguimos. Sin pactarlo siquiera conseguimos que Danny se picara y jugara al fútbol como él sabía. Me costaba la vida alcanzarlo, pero luego me gratificaba con una sonrisa por haberme ganado, y eso me hacía feliz.
Hicimos un improvisado campo y delimitamos las porterías con vasos de plástico que Dougie llenó de tierra para no tener que ir a recogerlos a cada instante porque se iban volando constantemente.
Dougie, al no gustarle el fútbol, decidió ser árbitro por un día y aseguró que lo habíamos comprado ya que pitaba faltas inexistentes a favor nuestra, por suerte. Flones jugaba realmente bien, y conmigo, Harry necesitaba la ayuda que el árbitro nos proporcionaba.
- Retiraos, os vamos a humillar -“aconsejó” Danny, doblando su cuerpo hacia delante y apoyando las manos en las rodillas para coger aire, mientras Dougie iba a recoger el balón que Harry había mandado a la otra punta de aquel lugar.
- A ver si el que sale perdiendo aquí eres tú -le respondió Harry.
- Vamos 13-9, Haz, no nos superais ni queriendo -dijo y se puso nuevamente recto.
- ¿Y si os ganamos? -reté yo.
- Me haces un masaje.
- ¡Pero ahí salgo yo perdiendo! -me quejé.
- Se siente...
- Si ganais vosotros me cantas 'My beautiful reward' -dije yo, con toda la intención del mundo.
- Hecho -dijo sin pensárselo un segundo y me ofreció su mano para cerrar el trato.
En aquel momento mi cerebro se fue de paseo. De paseo por el sol. No. Se fue. Pero no sé donde. Y no solo mi cerebro. Mi corazón dejó de latir en cuanto oí aquello. Tenía trampa. Debía tenerla.
- ¿Tienes fiebre? -pregunté mirándole incrédula.
- No. ¿Por qué?
- Entonces me estás mintiendo, o piensas engañarme. Tienes un as debajo de la manga -aseguré yo.
- ¿Hay o no hay trato? -dijo agitando su mano para que la aceptara de una vez.
- ¿Prometes jugar limpio, como tú sabes, y no dejarnos ganar en ningún momento? -pregunté enarcando una ceja, entonces dejó caer su brazo al lado de su costado- Lo sabía. Eres un mentiroso de mierda -murmuré.
- ¿Ocurre algo? -preguntó Dougie al llegar, con el balón en sus manos.
- Que nos han ganado y punto -dije y me metí en la mansión.
¿Enfadada? Sí. Si sabía yo que los sueños, sueños son... Pero siempre lo había intentado y siempre lo haría aunque fracasara en cada intento, aunque corriera el riesgo de enfadarme tantísimo de ser capaz de no hablarle...
Fui hasta uno de los sofás y me dejé caer de espaldas en él, quedándome tumbada y con la mitad de las piernas colgando por un brazo de éste. Suspiré y me quedé mirando el techo. Odiaba enfadarme por eso...
- ¿Alice? ¿He hecho algo mal? -preguntó Dougie acercándose a mí.
- No -me limité a responder.
- ¿Quién ha sido entonces? -preguntó sentándose en el brazo del otro sofá y mirándome preocupado.
- El tonto -dije sin más y volví mi vista al techo.
- ¿Danny? Danny no es tonto -dijo.
- Sí que lo es.
- Pues vale... -murmuró- ¿Se puede saber qué ha hecho?
- Nacer. Descubrir a Bruce Springsteen. Amarlo tanto como yo. Tatuarse esa frase de esa precisa canción. No cantarla.
- Te gusta mucho, ¿verdad?
- Mucho no, muchísimo -corregí.
- Para él también es importante.
- Me alegro.
- Me refiero a que... le impone. El hecho de gustarle y ser de Bruce... Teme hacerlo tan mal que después del golpe no se pueda recuperar. ¿Recuerdas cuando me dijiste que nunca me cantarías una canción de... Aquel español al que fuiste a ver con Harry, porque sabías que nunca lo podrías igualar? Pues a él le pasa lo mismo multiplicado por un millón -explicó.
- No es lo mismo -murmuré yo.
- No, no lo es. Es un millón de veces peor.
- No. No es lo mismo porque él puede hacerlo. Nunca quedará por los suelos. No digo que pueda superarlo, obviamente, Bruce es Bruce, pero puede hacer una cover dignísima y no estamparse contra el suelo -dije.
- Vale, pues enfádate si quieres, pero no le harás cambiar de opinión. Podrás pasarte días sin hablarle que él no se sentirá culpable, en absoluto, y tú te harás daño solita. ¿Ahora quieres que me vaya? -preguntó, y pareció que se enfadaba y todo.
- No. Lo siento, pero... No importa. Son tonterías mías, como siempre. Voy a dar una vuelta -murmuré mientras me levantaba.
- Hasta luego -canturreó.
- ¿No vienes? -pregunté extrañada.
- No, me quedaré por aquí... Pídeselo a Harry -ofreció.
- No, iré sola. No pienses mucho ¿vale? -dije a modo de despedida y besé su mejilla antes de volver a salir y adentrarme en el bosque.
Nadie dijo nada al verme. Observaron en silencio como iba a paso normal hacia el bosque, posiblemente sorprendidos de que no estuviera o enfadada como para pisar tan fuerte que me clavara en el suelo, o llorando como para ir corriendo.
Seguí caminando, obviamente sin rumbo fijo, y no quise pensar demasiado porque entonces saldría mal. Intenté seguir el consejo que le había dado a Dougie, que por cierto, seguía sin decirme nada respecto a su... Cambio de humor.
No pasé demasido tiempo fuera, o quizá es que andé tanto que el tiempo se me pasó muy rápido... No es que el lugar fuera enorme y pudiera perderme, pero fui dando vueltas y más vueltas, hasta que me cansé y decidí volver.
Al llegar vi a “los mayores” en lo que parecía una reunión, así que, como pequeña que era, quise meterme y enterarme del asunto. Corrí hasta llegar a sus posiciones y me coloqué detrás de Harry, ocultádome tras su hombro.
- ¿De qué habláis? -susurré.
- De tu idea -me respondió Tom.
- ¿Qué idea? -pregunté.
- Tenemos una nueva tonta. Danny, siéntete halagado -dijo Harry, que se ganó un puñetazo en el brazo por mi parte, aunque no pareció hacerle daño ya que rió.
- ¿Pero qué idea? -volví a preguntar haciendo una pequeña rabieta.
- Dougie -se limitó a susurrar Danny, para no ser él quién la cagara.
- Oh, vale, entiendo. ¿Y qué pasa?
- ¿Qué día la hacemos? -preguntó Tom.
- El treinta -dije sin pensarlo.
- ¿No cantará mucho? Es decir, que su fiesta sorpresa sea el mismo día de su cumpleaños... -dijo Harry.
- ¿Creéis que será muy sorpresa si nos ve a los cuatro hablando y excluyéndole? -bromeé y le saludé, ya que estaba al otro lado del campo.
Me reí yo sola al ver la escena y corrí hasta donde se encontraba Dougie. Ya me daba igual la conversación que pudieran tener ellos, simplemente quería abrazarle y lo haría si a él no le molestaba.
Me tiré a su cuello y enredé mis piernas a su cintura, haciéndole perder el equilibrio por un momento, aunque después escuché como se carcajeaba por ello. Besé su mejilla antes de bajarme y cuando me quedé en el suelo le miré sonriente.
- ¿Sabes qué? -le pregunté.
- ¿Qué? -preguntó él, curioso.
- Te quiero -dije y me sonrió como si la vida le fuera en ello.
- ¿Se puede saber qué te pasa ahora? -preguntó extrañado por mi repentino cambio de humor.
- Nada. Soy feliz. ¿Me dejas?
- Siempre -susurró y me abrazó fuertemente por encima de los hombros.
Era extraño. No era niguno de los abrazos que me había dado durante todo aquel tiempo, ni siquiera se acercaba. Era algo más que un simple abrazo, lo sabía, pero no entendía porqué me lo daba en aquel momento, sin darme ninguna explicación.
- Pequeña, siento cortaros el rollo, pero mañana es lunes y si no quieres dejar de vernos... Tenemos que llevarte a casa -dijo Harry al pasar por nuestro lado.
- Llévame ya a casa -exclamé al comprender lo de no volverles a ver, y provoqué que rieran.
- Yo la llevo -se ofreció Dougie- Así de paso arreglo unas cosillas -añadió.
- Vale, no me destroces el coche -le dijo como despedida y le tiró las llaves- Adiós, pequeña, nos vemos el miércoles -dijo y me besó la frente.
- ¡¿El miércoles?! -pregunté alarmada.
- Esto no se hace en dos días, y bastante hemos acortado ya -informó Tom.
- Pero... ¿Qué hago yo tres días sin vosotros?
- Vida social -se limitó a responder Harry con una sonrisa en el rostro, y comenzó a empujarme hasta el coche.
- Yo no quiero vida social si no os tengo a vosotros, idiota -me quejé pero seguí andando por obligación.
- Muy bonito lo que dices, pero prefiero no quedarme sin cuello a verte, así que... Adiós, pequeñaja mía -se despidió y me metió en el coche para cerrar inmediatamente la puerta de éste.
- ¡Tonto! -grité para que me oyera a través del cristal y se echó a reír.
Me giré inmediatamente para poder despedirme de Tom, aunque fuera con la mano, ya que Danny ya no estaba fuera, y él me respondió también agitando su mano rápidamente hacia mí, con una enorme sonrisa dibujada en el rostro.
Dougie entró en el coche y me miró sonriente, encendió el motor y, antes de arrancar, besó mi mejilla con delicadeza para posteriomente marcharnos de ese lugar haciendo un pequeño derrape, solo para hacer enfadar un poco a Harry.
- ¿Qué son esas cosillas? -pregunté cuando ya habíamos emprendido el camino a casa de Matt.
- ¿No te olvidas, eh?
- Nunca olvido nada de lo que tú dices, por suerte o por desgracia... -informé.
- Está bien saberlo.
- Venga, no te escaquees. ¿Qué tienes que arreglar? -volví a preguntar.
- No es nada, ir a visitar a una amiga.
- ¿Quién es esa amiga? -pregunté esa vez preocupada.
- Ashleen -respondió y una sonrisa involuntaria se formó en su rostro, y me alivió, más de lo aparentemente normal.
- ¿Y es solo amiga?
- Solo amiga.
- ¿Nada más?
- Nada más.
- Y... ¿es una amiga con la que te gustaría tener algo más?
- ¿Es Harry un ídolo con el que te gustaría tener algo más?
- ¡Eso no vale! -me quejé e hice pucheros, pero él se carcajeó.
- Era broma, solo quería demostrarte que molestaba.
- Lo siento... -murmuré.
- No te preocupes, tonti. Ashleen es una amiga, y la quiero mucho, sí, pero es solo amiga... De momento. Pero no te emociones -dijo rápidamente al ver mi expresión- En ningún momento he dicho que pueda pasar, solo que... No me molestaría, así que conversación zanjada -añadió.
- Jope... -me quejé.
- Puedes preguntar... Pero no masivamente -advirtió.
- No, de momento no tengo preguntas.
- Genial. Pues cuando lleguemos tengo que... Hablarte de algo -murmuró.
- Está bien -me limité a decir.
- Ya lo sabes -informó.
- Quizá te equivoques...
No dijo nada más. Se limitó a mirar fíjamente la carretera y se quedó en silencio, pero no me molestó. Supongo que subió el volumen de la radio para que no pareciera tan siniestro, y después de eso, alargó su brazo hasta enlazar nuestras manos.
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