Seguía pensando en las palabras que Danny le había dirigido a Dougie. Seguía en el baño. Seguía llorando irremediablemente. Seguía en silencio. Y seguía sin intención de moverme de allí.
- ¿Ocurre algo, Alice? -escuché la voz preocupada de Dougie detrás de la puerta.
- No, no, estoy bien -dije rápidamente.
- ¿Qué te ha pasado? -volvió a preguntarme.
- Esto... erm... eh... -tenía que pensar rápido, demasiado rápido para pensar nada lógico, así que dije lo primero que pasó por mi cabeza- Tenía... ganas de vomitar -mentí, pero salió bastante bien.
- ¡¿Qué?! -preguntó alarmado.
- Estoy bien, de verdad. Espera un segundo -dije.
Sequé las lágrimas que había estado derramando rápidamente y lavé la cara intentando disimularlo un poco, aunque era imposible. Intenté poner mala cara, y por suerte la fiebre que seguía teniendo me ayudó a hacerlo.
Abrí la puerta y allí me lo encontré, esperándome agitado por haberle mentido con que había vomitado. Era increíble como, a pesar de tener los ojos rojos a causa de todo el rato que había estado llorando, seguía igual de perfecto que siempre.
Ese era el chico del que realmente me enamoré hacía ya siete años, cuando lo vi por primera vez en un tal videoclip llamado “5 colours in her hair”, al principio pensando que se llamaba Danny. Esos mismos ojazos azules que me encandilaron. Esa “concentración” mientras tocaba el bajo...
- ¿Estás bien? -preguntó asustado.
- Sí, perdona. Estaba... recordando -murmuré.
- ¿Recordando qué? -preguntó curioso.
- La... la primera vez que te ví, en “5 colours in her hair” -le dije ¿para qué mentirle?
- He cambiado mucho ¿no? -bromeó.
- No te creas -dije y añadí una sonrisa.
- Bueno, ¿pero estás bien? ¿Necesitas ir al médico? ¿No te habrás emborrachado y por eso has potado, no? -preguntó muy rápidamente.
- Estoy bien, pero no quiero ir al médico y ¡no! No me he emborrachado -respondí.
- Eso está... medianamente bien.
Se quedó callado. No añadió nada más. Y también se quedó parado, mirando fijamente el suelo, sus pies, o los míos. Yo me quedé mirándole a él. ¿Estaba pensando ya en como decirme lo que Danny le había “obligado” a hacer?
- ¿Dougie?
- Sí, perdona -reaccionó.
- ¿Qué piensas? -inquirí.
- ¿Yo? Nada, mujer, nada. ¿Bajamos? Creo que Danny nos espera -dijo escaqueándose.
- Claro, vamos.
Y me apeteció entrelazar los dedos de nuestras manos para arrastrarle hasta el piso inferior. Y sí, lo hice simplemente porque me apeteció. No pensé que a Dougie le importara, o que fuera a quejarse así que... simplemente actué.
También actué porque sí cuando, al llegar al piso inferior, me tiré a la espalda de Danny. Solo entonces las lágrimas volvieron a mí al recordar cada una de las palabras que le había dirigido a Dougie.
- ¿Sabes que te quiero? -susurré en su oído, y sin querer le provoqué un escalofrío.
- ¿No?
- Tonto.
- Eso sí que lo sabía -dijo y rió.
- Vale, retiro lo dicho.
- ¿Por qué? -preguntó y yo me acerqué más a su oído.
- Lo que le has dicho a Dougie no lo dice alguien que es tonto -susurré muy, muy bajito para que él no me escuchara.
- ¡Buenos días Tom! -exclamó.
Capté el mensaje y me bajé de su espalda directamente, mirando de lo más sonriente al mencionado, pero él no me miraba a mí, ni a Danny que era el que le habia saludado. Fijaba la vista en un libro de... crucigramas, que miraba muy concentrado.
- Palabra de seis letras... -murmuró pensativo.
- Cabrón -dije yo sin pensarlo dos veces.
- ¡Alice! -gritó en cuanto lo escuchó.
- Ups, se me escapó -dije inocente provocando la carcajada de Danny.
Salimos nuevamente al jardín y nos sentamos en el césped justo delante de la puerta de entrada. Dougie insistía en que teníamos que esperar a Harry para desayunar, pero poco les faltó a Tom y Danny para desayunárselo a él.
Seguíamos esperando a que Harry saliera. Yo observaba cada movimiento, por mínimo que fuera, que Dougie hacía. Grité. No grité por nada que hiciera Dougie, pero algo había mordido mi cuello. Pegué un bote y ahí estaba el que faltaba, descojonándose vivo.
- ¡Palabra de seis letras! -grité.
- ¿Perdón? -enarcó una ceja.
- Que te acaba de llamar cabrón.
- ¡Danny! -le riñó Tom.
- ¿Ha sido lo que ha dicho o no?
- No, ella lo ha dicho muy bien.
- Bueno... -murmuró cansino alargando la 'e'.
- ¿Alice? ¿Estás bien? -inquirió Dougie.
- 'De puta madre' -dije en español.
- Tom, Alice ha encontrado la forma de decir tacos sin que te enteres -adviritó Danny.
- ¿Y tú que sabes? -me encaré yo.
- Intuición masculina -respondió indiferente.
- Danny, tú no tienes de eso -se mofó Harry.
- ¿Y tú sí? -pregunté yo.
- ¿No te habrás enfadado? -preguntó acercándose a mí.
- No, y no te acerques.
- Oh, vamos, peque -dijo agarrándome del brazo, pero me deshice de él zarandeándolo.
- Que no me toques, ni me llames peque.
- ¿Se puede saber que coño te pasa?
- No me pasa nada. ¡Déjame! -grité.
Me alejé de allí. ¿Que por qué había reaccionado así? Sinceramente no tenía ni idea pero... los nervios habían sido substituidos por el enfado sin quererlo. Odiaba tener que estar así, pero no lo hacía a propósito. Me salía sin querer...
Me andentré en aquel “bosque”, siguiendo con el paso lento con el que había comenzado, y cuando supuse que ya no me verían, me coloqué detrás de un árbol y me deslicé por la corteza de éste hasta quedarme sentada en el húmedo suelo.
¿Y ahora qué? ¿Tendría que aguantar mucho más tiempo así? Lo odiaba. Lo odiaba mucho. ¿Ahora que por fin mi sueño desde los diez años se había cumplido se tenía que joder por mis estúpidas reacciones sin sentido? No quería.
En una situación normal se me habrían caído las bragas si Harry Judd me hubiese mordido el cuello. ¿Por qué había reaccionado entonces de esa forma? Estaba cambiando, y odiaba ese cambio...
No quería que nadie viniera en mi “búsqueda”, pero intuía de quién podían ser las pisadas que escuchaba que se acercaban a mi a paso lento, vacilante. Porque el propietario de éstas también sabía que quería estar sola.
- No estoy de humor, Danny -murmuré.
- ¿Cómo has sabido que era yo? -preguntó frustrado.
- Intuición femenina...
- Lo siento -murmuró y se sentó a mi lado.
- No tienes que disculparte por nada, Danny.
- Pero si no hubiera hablado quizá...
- No. No sé que me pasa, pero no es nada que tú hayas provocado, te lo aseguro -expliqué para que no se preocupara, ni que se echara las culpas.
No añadió nada más. Pasó su brazo por encima de mis hombros y besó mi coronilla para quedarse en silencio durante mucho tiempo. Tiempo que me pareció realmente eterno, y más aún tratándose de Danny.
- Eres demasiado buena -dijo al fin.
- ¿Por qué dices esa tontería?
- Supongo que porque soy tonto... -bromeó- No, pero no creo que sea yo el que merezca este trato por tu parte -dijo.
- ¿Qué trato? ¿Por qué no tendrías que merecerlo? -pregunté confusa.
- Sabes que la he cagado, Alice, no me lo niegues. Pero aun así me tratas como si no hubiera hecho nada, y te enfadas con gente con la que no tendrías que enfadarte.
- No has hecho nada... -cuando vi que quería replicar le tapé la boca con la mano- tan importante como para malgastar saliva hablando de él.
- ¿Ahora resulta que dejar a tu amigo en el hospital significa no hacer nada? ¿No es importante? -preguntó irónico.
- Tú no has dejado a nadie en ningún lugar.
- Ya, claro...
¿Seguía echándose la culpa? ¿Se habían reconciliado y seguía pensando que era por su maldita culpa? Que yo supiera yo no me negué en ningún momento, por tanto teníamos la misma parte de culpa. ¿Por qué se martirizaba de aquella manera entonces?
- No fue solo culpa tuya -murmuré.
- ¿Ves? Eres demasiado buena -afirmó.
- Si fuera buena no habría gritado a una de las personas más importantes en mi vida que me dejara... -volví a murmurar.
- Hay momentos en la vida en los que las personas...
- Danny, cállate -le corté.
- ¿Por qué? -preguntó confuso.
- Ponerte filosófico no te queda bien -dije y se echó a reír.
- Dejémonos de bromas ¿vale?
- Vale.
- ¿Por qué has reccionado así? No es normal que tú hagas eso, y menos con Harry... Siempre estais tan... juntitos, tan bien, es como un nuevo Pudd. ¡Que coño! Es un maldito Puddin como tú dices, porque el enano siempre está de por medio...
- No le llames enano -volví a cortarle.
- Está bien... Pero responde a mi pregunta.
- No lo sé. A mí tampoco me gusta estar así ¿sabes? De estar nerviosa paso a... eso. No me gusta. No soy yo. Es... extraño, y lo odio.
- Pues intenta solucionarlo.
- Parece fácil y todo cuando lo dices.
- No te enfades pero es que es verdad... Joder, en la vida he visto a nadie que se enfade porque el imbécil ese le muerda el cuello. ¡Ahora todo el mundo se lo pide!
- ¿Te molesta que lo hagan? -pregunté enarcando una ceja.
- No... yo ya he tenido mis siete años de gloria, supongo que un par de meses de descanso no me vendrán mal.
- Fanfarrón -murmuré.
- Pero te gusta -dijo y me guiñó un ojo.
- Pues también es verdad... -volví a murmurar y escuché esa carcajada que tanto amaba.
- Venga, vámonos.
- Ve tú, yo te alcanzo.
- No te vas a mover de aquí, que ese truco me lo conozco yo. Venga -volvió a decir alargando la 'e' y se levantó para estirar de mi brazo.
- Tendrás que llevarme a rastras -informé.
- Pero te vas a ensuciar -dijo.
- Eso ya no es mi problema -dije divertida, haciendo que bufara.
Su siguiente movimiento me pilló desprevenida, por lo que un ahogado grito salió de mi boca sin poder evitarlo. Me cogió en vilo y, por mucho que pataleara e intentara pegarle, no me soltó ni un poco.
Cuando capté que iría a donde estaban todos quisiera o no, me crucé de brazos e hice pucheros por si eso fuera a funcionar, pero tratándose de Danny... estaba segura de que que no lo haría.
Besó mi mejilla sonoramente intentando que le perdonara, o que al menos no me enfadara con él y... Lo consiguió. ¡Vamos que si lo consiguió! ¿Cómo estar enfadada, o molesta, después de un beso de Danny Jones?
No hay comentarios:
Publicar un comentario