Llegamos a casa de Matt media hora después aproximadamente. No volvimos a dedicarnos palabra alguna, simplemente nos limitamos a cantar las canciones que salían de la radio. Algunas él. Algunas yo. Algunas los dos. Algunas ninguno. Algunas imitábamos cutremente al cantante para carcajearnos un rato... y lo conseguimos con varias.
Dougie aparcó bastante mal delante de la casa, pero dijo que no hacía más maniobras porque se meaba encima, así que accedí a que lo dejara con la rueda delantera derecha sobre el bordillo solo para no presenciar el momento.
- ¿Alice? -preguntó mi madre cuando escuchó que abría la puerta principal.
- No, soy Matt -dijo Dougie, intentando poner su voz, pero obviamente no le salió.
- Pero si estoy aquí -murmuró él, asomándose por las escaleras.
- Ups -se limitó a decir Dougie y yo no pude evitar carcajearme, aunque su risa también me acompañó al instante.
Cuando nuestras risas cesaron salimos corriendo en direcciones opuestas. Dougie para ir al baño y yo para saludar a mi madre con un sonoro beso en la mejilla. Después de eso le dije que iría arriba con Doug y, aunque prefería que estuviera un poco más de tiempo con ella, no supo ofrecerme nada mejor para que me quedara abajo.
Subí las escaleras rápidamente y me encontré a Matt allí, por lo que le saludé a él también de la misma forma y esperé a que Dougie saliera del baño entre las puertas de nuestras habitaciones.
- Listo -exclamó al salir de éste, levantando las manos como si hubiese ganado algo imaginario.Sonreí al verle.
- Te dejas una cosa -advertí cuando estuvo a dos pasos de mí.
- ¿El qué? -preguntó, confuso.
- La bragueta -susurré.
- Ay, que se me resfría Willy -bromeó mientras se subía la cremallera y entraba en su habitación, por lo que le seguí-. ¿Y tú por qué te fijas en estas cosas? -acusó.
- Manías... -bromeé.
- Pues vaya manías más raras tienes tú... -murmuró mientras se tiraba en la cama boca abajo.
- No han sido pocas las veces que te he recordado donde tengo yo los ojos, eh. Además, que tú a mí no me haces cuentas.
- Eres menor, y corro el riesgo de hacerte perder parte de tu inocencia -volvió a murmurar.
- Sí, claro. Tú a mí me vas a quitar a mí mucha inocencia, vamos... -ironicé.
- No he dicho qué parte, y a callar que soy el mayor -sentenció-. Lo siento, me hacía ilusión decirlo. Es que es la primera vez -explicó, riendo.
- ¿De lo que querías hablar era de mi inocencia? De haberlo sabido no habría accedido...
- No, no. Pero para eso... me tengo que poner serio. Es largo y complicado de explicar -dijo, incorporándose y quedándose sentado con las piernas cruzadas sobre la cama, ofreciéndome asiento a su lado.
- Tengo todo el tiempo del mundo, e intentaré poner los cinco sentidos -dije mientras me sentaba enfrente de él.Suspiró y comenzó su relato.
Me lo contó todo, desde el principio. No quise pararle aunque me doliera escucharle, porque podía sentir su dolor como mío. No entendí porqué decidió explicármelo desde el comienzo, desde que esa relación empezó hacía unos dos años, pero en ningún momento me quejé.
Todo. Todo. Todo. Con lujo de detalles, explayándose, pero le dejé. Dejé que lo hiciera aunque no me gustara escucharlo. Sabía que ese era su modo de desahogo, de descarga, y no sería yo quién lo interrumpiera por mi “bienestar”.
Llegó al momento peor, al que le había llevado a aquella situación, a la de parecer un muerto viviente. Quise morir. Algo en mi interior se quebró, algo muy grande y que costaría reparar. Porque yo podía aguantar estar mal, pero que lo estuviera él, y más aún por aquel motivo... No podía soportarlo.
Le dejé acabar, obviamente, aunque no sin un grandísimo esfuerzo por mi parte. Acabó su historia con lágrimas en los ojos. En los ojos y esparcidas a lo largo de sus mejillas, pero yo no me había dado cuenta ya que bajé la mirada en cuanto comencé a llorar, fijándome en las nerviosas y temblorosas manos de Dougie, que intentaban expresar lo que no podía hacer con palabras.
En aquel momento, cuando lo vi peor que en toda mi vida pues aquella vez en la que se fue a casa de Harry no tenía ni punto de comparación, me bloqueé. No supe qué hacer. Mis músculos no me respondían.
Dougie. Dougie estaba mal. Dougie estaba mal y yo no me sentía con fuerzas como para ayudarle. No sabía como ayudarle. No sabía como ayudarle y odiaba aquello, porque también odiaba verle de ese modo.
Él me dio la respuesta. Se quedó varios minutos mirándome, buscando en mis ojos algo que yo no sabía y que estaba segura de que no me querría decir y luego, cuando se vio capaz, atravesó con su cuerpo el espacio que nos separaba y me abrazó.
Entonces comprendí el abrazo que me había dado cuando yo le dije que le quería sin venir a cuento. Ese era la continuación de aquel, la segunda parte, y no habría tenido ninguno de los dos si Danny no hubiera intervenido.
- ¿Sirve de algo desahogarse? -pregunté contra su cuello.
- Sirve... Sirve de mucho... Sirve para darme cuenta de que te quiero más de lo que pensaba y que no sabes la falta que me hacía alguien como tú... -susurró contra mi pelo.
Volví a llorar sin separame de él, sin querer hacer ruido para no preocuparle. Yo me estaba dando cuenta, cada día más, que confirmaba lo que yo siempre había pensado: no podía vivir sin ellos, pero tampoco podía vivir si ellos estaban mal.
- Dougie... -sollocé todavía abrazada a él, sin intención de deshacer el abrazo- Esto suena a tópico, pero... Yo siempre estaré aquí, para lo que sea. Lo juro... -susurré.
Entonces fue él quien nos separó. Siguió agarrándome por los hombros y me miró a los ojos, volviendo a buscar algo que desconocía. Luego, cuando la última lágrima recorrió su mejilla izquierda, volvió a abrazarme para susurrar junto a mi oído un “Gracias” que hizo que se me erizara el vello de la nuca.
- ¿Cómo puedes ser tan importante para mí con lo pequeña que eres? -preguntó al separase de nuevo, ya con una sonrisa en los labios.
- Puedo decir lo mismo... -murmuré entrecerrando los ojos.
- No te enfades, que era por no estar así. No es divertido. -Secó las lágrimas que se habían quedado en mi rostro con sus pulgares.
- Lo sé... -volví a murmurar, agachando la mirada.
- Cambiemos de tema... ¿Cómo lleváis lo de mi fiesta sorpresa? -En cuanto le oí preguntar aquello levanté la mirada.
- ¿Qué fiesta? -pregunté, confusa.
- Venga va, no disimules que cantaba un huevo y medio...
- Pues hijo, no sé qué es lo que cantaba... -murmuré, intentando distraerle y que se olvidara del tema.
- Vale, contigo es imposible... Luego probaré con Harry. ¿Ya tienes mi regalo?
- No.
- ¿Lo dices enserio?
- ¿Te he mentido alguna vez? -pregunté, enarcando una ceja.
- No, pero... -Se quedó callado.En ese mismo instante mi móvil sonó.
Odiaba que me llamaran cuando hablaba con alguien, y más aún si ese alguien era Dougie, pero cuando me disponía a responder borde vi en la pantalla la foto que le tenía asignada a Harry: una ardilla con los ojos extremadamente abiertos.
- Dime, Harry -dije al descolgar.
- ¿Habéis llegado sanos y salvos, sin ningún tipo de rasguño? -preguntó cual madre.
- Enteritos estamos. ¿Llamas solo por eso?
- No, en realidad era por si Dougie ya había hecho esas cosillas de las que hablaba. Le echo de menos -bromeó.
- Ohhh. Pues no, no ha hecho esas cosillas porque se ha quedado conmigo, ¿vale?
- Pues vale, pero dile que venga que Tom se enfada... Y él ya sabe cómo es Tom enfadado -advirtió.
- Yo nunca he visto a Tom enfadado...
- Ni lo quieras ver -respondieron a la vez, Harry por el móvil y Dougie a mi lado, por lo que me eché a reír.
- Tú encima ríete, listilla -se burló Harry.
- ¿Ya está? ¿Eso es todo lo que me tenías que decir? -le pregunté.
- Joder, peque, ¿te molesto? ¿Has dejado de quererme tan pronto?
- No, pero yo estaba muy bien aquí con Dougie. Además, tú me has echado de allí -dije con tono dramático.
- Vale, vale, hoy estás susceptible por lo que veo... Bueno, pues buenas noches para cuando te vayas a dormir. Y dile a Doug que venga, sino esta noche, mañana a primera hora -se apresuró a decir.
- De acuerdo, irá mañana a primera hora porque esta noche lo quiero yo -dije y no le di tiempo a responder ya que colgué.
- ¿Está noche me quieres tú? -preguntó Dougie, alzando una ceja.
- En efecto, mi queridísimo Poynter. Y ahora me voy a tocar el piano que ya me echa de menos -anuncié y me levanté de la cama.
- ¿Puedo bajar y escucharte? Es que lo haces tan bien... -murmuró.
Como había dicho, me puse a tocar el piano. Primero simples canciones que me habían enseñado en el conservatorio, Mozart, Beethoven, Bach, alguna canción de dibujos animados... Pero luego se me ocurrió hacer algo nuevo: una versión. Y para eso necesitaba a Dougie.
¿Por qué? Porque la canción que pretendía versionar con el piano era Take me there y nadie sabía mejor que él cómo esa precisa canción debía quedar, porque para algo era suya, aunque él la considerara mía ya que la había escrito para mí...
Después de varias horas de muchos intentos -fallidos en su mayoría- logramos hacer algo decente que acompañado por una guitarra, e incluso tan sólo por el bajo, sonaba realmente bien, más de lo que yo habría esperado, por lo que no dudamos en grabarlo para poder enseñárselo a Tom y que se sintiera orgulloso de nosotros.
Después de eso me obligó a interpretar varias canciones de McFly, pero aunque insistí en no hacerlo ya que las únicas que sabía tocar no eran precisamente adecuadas para aquel momento, tuve que hacerlo porque me jugaba el que se fuera con Tom a vivir. Y yo lo necesitaba a mi lado demasiado como para dejar que se marchara por no tocarle -que no cantar- varias canciones poco acordes con su estado de ánimo.
Al final toqué -por obligación, claro está- The heart never lies, POV, Bubble wrap, The end... Y cuando ya me cansé, antes de irnos a dormir, fui yo la que le obligó nuevamente a él a ver Just my luck.
Era divertido pues lo habíamos hecho todas las noches desde que vivía en casa de Matt, y siempre había intentado escaquearse con excusas demasiado poco elaboradas, por lo que siempre acababa sentado en el sofá conmigo, viendo y comentando una película que aseguraba odiar.
Al acabar, y después de haber cenado de pizzas, cada uno se fue a su habitación; no sin antes nuestro ritual de buenas noches, que consistía en ir a darle las buenas noches el uno al otro, y viceversa, hasta siete veces, que eran los años que hacía que McFly se había formado.
Parecía estúpido, de hecho lo era, y más aún cuando decías que uno de los dos tenía ya casi veintitrés años, pero a nosotros nos divertía y era un pequeño tiempo que pasábamos juntos, por lo que me bastaba para hacer cada día la misma tontería si como recompensa obtenía su compañía.
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