sábado, 18 de febrero de 2012

51 ~ Foolish, Danny?

Aquella noche no pude dormir... ¿Razón? La desconocía. Estuve dando vueltas en la cama hasta que decidí que no aguantaba más. Eran las cinco de la mañana, pero yo ya estaba harta.

Me levanté y salí despacio, intentando no hacer ruído. Fui hacia la mesa que había en el jardín y me senté en una de las sillas, con las piernas cruzadas encima de ella y apoyando la cabeza en la mesa.

Tenía sueño, pero no podía dormir. Tampoco tenía nada que pensar, ya lo había hecho bastante en la cama y de todos modos no solucioné nada en absoluto. Todos mis pensamientos eran imposibles.

Yo no podía estar enamorada de Harry, esa era la primera cosa que sabía segura. Por mucho que Tom dijera... no. Simplemente me ponía nerviosa estar junto a él, no a todos nos pasa lo mismo cuando nos enamoramos ¿no?

Era imposible. Completamente imposible. Pero si era así... ¿por qué le daba tantas vueltas al asunto? Me dolía la cabeza incluso, aunque eso quizá fuera porque no había conseguido dormir todavía.

  • ¿Alice? -preguntó... ¿Danny?
  • ¿Si?
  • ¿Qué haces aquí? -preguntó confuso acercándose a mí, pero yo no levanté la cabeza de la mesa.
  • ¿Y tú? -inquirí.
  • No tenía sueño -respondió indiferente.
  • Pues ya somos dos... -murmuré.

Vi como se acercaba a paso lento hasta a mí, y cuando estuvo a centímetros se agachó en cuclillas a mi lado. Comenzó a acariciar mi espalda suavemente y no dejó de mirarme en ningún momento. Hasta de noche sus ojos eran preciosos...

  • ¿Qué te ocurre? -preguntó preocupado, yo solo me encogí de hombros.

Pareció estar pensando en lo que le había respondido. Reflexionando sobre un simple encogimiento de hombros. Con lo que le costaba a él pensar y lo tenía de hacer solo por mí... No era justo.

  • Puedes confiar en mí, lo sabes ¿no? -ante aquello solo pude sonreír, y fue una sonrisa sincera- ¿Necesitas algo? -volvió a preguntar y yo negué- Vamos dentro, anda -dijo y se levantó, ofreciéndome su mano para acompañarme.

La acepté, obviamente, y nos dirigimos de nuevo al interior. Seguía sin poder comprender como había momentos en los que se comportaba de ese modo y otros en los que resultaba más tonto que las piedras.

Encendió todas las luces de golpe y tuvimos que cerrar los ojos ambos por la estupidez que acababa de hacer. Rió ante aquello, y me condujo hasta uno de los sofás que habían allí.

  • ¿Me dejas que te pregunte algo? -preguntó.
  • Ya lo has hecho.
  • No me vaciles, anda. ¿Me dejas o no?
  • Que sí, pesado. Pero si no te respondo no te enfades -dije, haciendo que bufara.
  • ¿A tí te gusta Harry? -preguntó sin más rodeos.
  • ¿Perdón? -pregunté sin creer que lo estuviera preguntando tan directamente.
  • Oh, venga ¿te has visto cuando Harry entra en la sala en la que tú estás? -preguntó con obviedad.
  • No, por suerte o por desgracia no me veo -fue lo único que respondí.
  • Eso significa que no me responderás ¿verdad?
  • Verdad.
  • Pues me lo tomaré como un sí -dijo para picarme, pero esta vez no entraría en su juego- ¿No vas a decirme nada? -preguntó, y yo me limité a negar- Así no es divertido -se quejó, y volví a encogerme de hombros- Pues se lo digo -murmuró y se levantó, pero yo le agarré el brazo y tiré de él para que volviera a sentarse.
  • No le despiertes -dije seria.
  • Seguro que lo que más te importa es que le despierte... ¡pero si se dormirá en dos segundos!
  • Me da igual. He dicho que no lo despiertas y punto. Que te tienes que quedar conmigo -informé.
  • ¿Ah, sí?
  • Sí.
  • Vale -sonrió y besó mi mejilla- Tú tienes fiebre, no me lo discutas.
  • No te lo discuto.
  • Tienes que ir al médico -informó.
  • No, estoy bien. Solo es un poco de fiebre... -murmuré y apoyé la mejilla en su hombro- Por cierto -dije alzando el tono de voz.
  • ¿Si?
  • ¿Te ha comentado Tom lo de... -bajé el tono de voz por si estaba escuchando- la fiesta sorpresa de Dougie?
  • Sí, y prometo no decir nada, aunque no os paseis hablando del tema que sino se me escapa... -advirtió.
  • De acuerdo, estaré atenta -avisé.

Y nos quedamos en silencio. Supe que a Danny eso le costaba una barbaridad, pero aguantó el tipo bien, no dijo ni una sola palabra, y en su compañía, comenzó a entrarme el sueño, así que los ojos se me fueron cerrando lentamente, hasta quedarme dormida.

Me despertaron unos murmurllos, Todavía no era capaz de reconocer sus voces, pero estaba segura que una era de Danny, ya que mi cabeza se movía cada vez que él decía algo.

  • No me jodas, Doug -se quejó Danny.
  • No me jodas tú a mí, Dan. Te he dicho que no me pasa nada y no me pasa nada, joder -insitió él comenzando a enfadarse, o al menos eso parecía por su tono de voz.
  • Te conozco hace siete años Dougie, ¿te crees que soy tonto?
  • -respondió indiferente.
  • Ni se te ocurra irte sin darme una puta explicación -dijo esta vez demasiado fuerte.
  • Cállate que la vas a despertar -advirtió Dougie.
  • ¿Quieres que la despierte y se lo pregunte a ella? -amenazó.
  • No lo sabe.
  • Y tú no sabes que ayer habló con Tom -ya estaba Danny pasándose de hablar...
  • No habrá sido capaz de contárselo.
  • ¿Y si lo ha hecho?
  • Mira, Danny, que te follen un rato -bufó.

Danny se levantó de golpe, haciendo que yo cayera en el sofá. Pero no abrí los ojos por miedo. Tenía miedo de lo que pudiera ocurrir. No quería que se pelearan como Dougie y Harry hacía tan solo unos días. No lo aguantaría.

  • ¡Que me sueltes! -gritó Dougie.
  • No me sale de la punta del nabo.
  • ¡Me la suda lo que te salga o no de ahí!

Y se quedaron en silencio. No sabía que estaba pasando, no les veía, así que abrí los ojos. No estaban delante de mí, y moverme sería imprudente por mi parte, pero por suerte... un espejo me rebeló lo que ocurría.

Estaban abrazados. Podía ver como los hombros de Dougie temblaban a causa del llanto, y Danny susurraba palabras tranquilizadoras, o eso supuse ya que no le estaría diciendo que era un desgraciado... ¿no?

Seguí observando aquella escena. Los hombros de Dougie no dejaban de combulsionarse y sus sollozos se volvían contínuos, y más fuertes. Pronto Tom y Harry se despertarían y entonces todos estaríamos preocupados por su estado...

No me di cuenta de que Danny me miraba, no hasta que, obviamente le vi en el espejo mirándome fíjamente. Le susurró nuevamente algo y Dougie se separó de él, así que volví a cerrar los ojos.

  • ¿Me lo vas a decir ahora? Porque no me trago que sea nada lo que te pasa -le dijo lo suficientemente alto para que yo lo escuchara, y comprendí que quería que supiera la verdad, dicha por los labios de Dougie, aun sin contármelo directamente a mí.
  • Ya lo sabes -murmuró como única respuesta.
  • Si lo supiera no te lo preguntaría, Doug.
  • Pues definitivamente eres tonto -intentó bromear él, pero, a causa de la llantina, le salió bastante penoso.
  • Eso creo, sí. Bueno yo... no soy quién para obligarte a hacer nada que no quieras, pero... Alice está bastante preocupada, Doug. Creo que se merece una explicación, por poca que sea. Un nombre le bastará, aunque estoy seguro de que no es tan tonta como yo para poder acertarlo. En realidad... todos estamos preocupados por tí, es obvio, pero ya sabes que lo de Alice es especial. Ella... te quiere más que como a un amigo, y el no saber el porqué de tu estado posiblemente la está matando por dentro. Intenta, por lo que más quieras, decirle algo. Solo te pido algo. Quizá no hace falta que se lo digas, simplemente miente un poco, pero no le hagas esto. No le hagas sentir una mierda por pensar que puede ser ella la causante. Sabes que te ayudará en todo lo que pueda. Sabes... que haría cualquier cosa por verte feliz, y estoy seguro de que si le pidieras la luna removería tierra y cielo por traértela y verte sonreír, por verte feliz, aun fingiéndolo -hizo una pequeña pausa- Dougie, te quiere. No olvides que no es la única que lo hace. Eres importante para muchas personas, para miles de ellas, y no puedes estar así por... por lo que lo estás. Si no lo haces por las personas que te quieren, hazlo por las que tú quieres. No sé si me querrás tanto como yo a tí, pero... yo intentaría estar feliz a toda costa para que no te preocuparas por mí. Quizá las personas seamos muy diferentes respecto a eso, y yo quiera intentar que todos los que me rodean, me rodeen con una sonrisa dibujada en el rostro, y tú en cambio, quieras verles preocupados por tu estado, causado por... cosas que quizá no valgan la pena dar vueltas al coco, o que no merezcan ser recordadas por el dolor que son capaces de causar -volvió a hacer una pausa- Odio verte así, Doug, y puedo asegurar que no soy el único. Así que, por favor, intenta parecer menos depresivo -dijo esta vez bromeando.
  • ¿Sabes que una vez fui yo el que le ofreció la luna? -preguntó, haciendo parecer que no se había enterado de otra cosa.
  • Ahora me entero pero... ¿me has escuchado tú a mí?
  • Sí, te he escuchado y... retiro lo de que eres tonto, de verdad. Prometo... intentar ser feliz, o al menos aparentarlo, y, en cuanto tenga la oportunidad, se lo diré a Alice, aunque ella ya lo sepa -aseguró.
  • Así me gusta, enano -dijo Danny orgulloso, y vi que volvía a abrazarle.

Hasta ese momento no me di cuenta de que miles de lágrimas habían abandonado mis ojos, para salir de ellos sin permiso. Ante eso me levanté de golpe y salí corriendo para dirigirme al baño.

Me daba igual haberla cagado y que Dougie supiera que los había escuchado, pero no quería que me vieran más llorar, aunque intuía que eso sería imposible, ya que no era capaz de estar dos días sin hacerlo.

Al llegar al baño cerré con pestillo por miedo a que entrara ninguno de los allí presentes. No quería que lo hicieran. No tenían que preocuparse por mí. Estaba bien, mejor que bien porque... todo lo que Danny había dicho era cierto.

Cierto era también que la gente le infravaloraba mucho, y yo me incluía en ese grupo, pero sin su mente privilegiada no tendríamos ninguna de las mejores canciones de la historia de la música.

Todos pensaban que Danny era un completo tonto, sin ver más allá de las tonterías que contínuamente hacía, y no se daban cuenta que en realidad solo pensaba cuando él quería, cuando el tema le importaba de verdad.

Lo cierto es que yo lo descubrí ese mismo día, con su “discurso” hacia Dougie. Solo él y yo lo habíamos escuchado, y quizá solo nosotros dos creyéramos realmente que Danny no era tan tonto como aparentaba.

Cada palabra que había dicho era cierta. Desde que yo sería capaz de todo por verle sonreír hasta que las cosas por las que estaba así no merecían ser recordadas, pasando por que había miles de personas para las que era importante.

No se había equivocado en nada. Incomprensiblemente no había fallado ni en una sola coma, y ese era el motivo por el que yo estaba llorando como solo Danny sabía conseguir. No hacía falta que cantara, bastaba que lo dijera él, y que esas palabras salieran del corazón, para emocionarme.

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