Era la hora en la que Harry se “divertía” según Danny. No tenía ni idea de que significaba eso, pero por la sonrisa con la que me lo dijo... quizá podía adivinar o hacerme una ligera idea sobre lo que estaba rodando.
La cuestión era que volvíamos a estar todos, excepto Harry, en la sala donde anteriormente Danny me había dejado cumplir un sueño. Y es que no se tiene la oportunidad de tener entre tus brazos esa magnífica guitarra todos los días...
Me senté como pude con las piernas cruzadas en la banqueta de la batería y comencé a hacer pequeños malabares con unas baquetas que había encontrado por ahí, cerciorándome antes de que no eran las que Harry había usado, sino que eran solo unas de repuesto.
- ¿Sabes tocarla? -inquirió Dougie curioso, y porque ya se aburría.
- No tengo ni zorra idea -murmuré mientras, de pasada, golpeaba un platillo y acto seguido lo paraba para que no sonara tanto.
- ¿Le pedirás clases particulares a Harry? -preguntó alzando una ceja.
- No de momento -respondí indiferente.
- Vaya muermo... Si no poneis nada de vuestra parte no puede haber Puddin posible -dijo como quien no quiere la cosa.
- Tendría que ver un Pudd, MUY Pudd, para que hubiera un Puddin -dije.
- Hum... Me quedo con Poynter -eligió, y yo me eché a reír.
- ¿Seguro que no quieres un Puddin? -pregunté yo, atreviéndome a alzar una ceja.
- No -respondió tajante y se cruzó de brazos.
Nadie volvió a decir nada. Dougie se sentó del revés en el sofá, como él decía, con las piernas apoyadas en el respaldo de éste y la cabeza colgando por abajo. Tom, por su parte, no se había movido de la silla que había ocupado todo el rato, mirando pensativo a un punto fijo. Y Danny... simplemete hacía de Danny.
La puerta se abrió e inmediatamente todos cambiaron su postura. Tom se giró de repente para ver quién era el que entraba. Dougie se incorpró rápidamente, teniendo que dar una vuelta un tanto extraña, por lo que le pegó una patada a Danny sin querer, aunque éste se la devolvió con un puñetazo nada amistoso en su colorido brazo.
Al fin miré yo quién les había dejado de ese modo, y es que Harry había entrado. No me gustó ese absoluto silencio, así que toqué un redoble, mirando fijamente a Dougie, para ver si se daba por aludido.
- ¿Os ha comido la lengua Marvin o qué? -se quejó Harry al ver que seguíamos en silencio, y yo no pude evitar reír ante el comentario- ¡Y tú! -me señaló- ¿Se puede saber que haces allí? -preguntó mientras me miraba muy serio.
- Erm... yo... eh... esto... estaba... te... yo... erm... ¡te guardaba el sitio! -exclamé al fin- Sí, te guardaba el sitio -dije rápidamente y me levanté de golpé- Aquí lo tienes -informé señalándolo con las dos manos.
Dejé las baquetas en la banqueta y me alejé de allí de inmediato. Me costó la vida hacer eso, y es que no dejé de mirarle a los ojos en ningún momento. Me tenían hipnotizada, y en ese momento, cómo no, recordé una de sus canciones, aunque la letra no tuviera sentido en ese momento.
Antes de de alejarme por completo de allí, Danny ofreció a modo de orden que fuéramos a cenar. Todos aceptaron de buena gana, ya que decían que estaban muertos de hambre, aunque yo les veía bien vivos.
La fiebre hizo meya en mí y no fui capaz de seguir todas las bromas que se hacían entre ellos, algunas incluyéndome incluso a mí. Estaba como ida, y no podía pensar en otra cosa que no fuera... Pudd.
Por una parte, seguía mi comportamiento extraño con Harry. Odiaba estar así con él, porque a mí me encantaba pasar el tiempo a su lado, haciendo bromas, riendo, él haciéndome cosquillas, yo insultándole, jugando...
Y por la otra estaba Dougie. Ese repentino cambio de actitud no me gustaba... En la hora de la cena pareció volver a ser él, pero yo ya lo había visto decaído y no me daba buena espina aquello. No me gustaba ni un pelo.
Las bestias acabaron de cenar y se tumbaron enseguida en los sofás. Mis queridos Pudd en uno, y Jones en el otro, dejándonos a Tom y a mí sin. Esa era mi oportunidad. Debía preguntarle por Dougie, aunque estaba segura de que él también me preguntaría por Harry.
Llegó el momento. Tom salió de aquella sala y se fue al enorme jardín que había allí... y yo debía seguirle. Tenía que, por lo menos, saber que lo ocurría a Dougie. No haría falta que me explicara detalles, solo porqué.
- Tom... -murmuré cuando ya estábamos lo bastante lejos de la mansión. Se giró de repente y me miró con una sonrisa dibujada en el rostro.
- Dime -pidió amable.
- Puedo... puedo... ¿puedo preguntarte algo... sobre... Dougie? -pregunté temerosa.
- Frankie -respondió sin tener que decirle nada más.
- ¿Eh? -pregunté esperando haber escuchado mal.
- Sigue mal, Alice. Ya sabes... es Dougie -murmuró.
- Y... ¿por qué estás tú así? -pregunté.
- No me gusta verle mal, y menos cuando no puedo ayudarle -me explicó.
- ¿Y yo puedo ayudar? -volví a preguntar, pero como respuesta solo obtuve que se encogiera de hombros- Me siento inútil... -murmuré.
- No. No tienes que hacerlo -dijo y pasó su brazo por encima de mis hombros. Se quedó pensativo unos minutos para añadir: He'll be ok -y me sonrió, por lo que yo también lo tuve que hacer.
- ¿Te han dicho alguna vez que eres el mejor? -pregunté.
- Bueno... sí... pero yo no lo creo -dijo avergonzado.
- Pues créetelo, lo eres con diferencia -dije y añadí una sonrisa para sonar más convincente.
- Estoy seguro de que podrás ayudarle -me guiñó un ojo.
- Pues no sé como... -murmuré.
Y era cierto. No tenía ni idea de cómo ayudarle. ¿Qué iba ha hacer? ¿Quién era yo para poder conseguir que fuera feliz? Solo un bicho raro sin nombre... ¿Cómo ayudar a alguien? No. ¿Cómo ayudar a Dougie?
Seguimos paseando por los alrededores de la mansión sin decir ninguna palabra. Ambos estábamos pensando. Yo en qué podría hacer para ayudarle y Tom... Tom supongo que en sus cosas, aunque no le preguntaría.
- ¡Idea! -exclamé en un momento determinado.
- ¿Qué idea? -preguntó Tom emocionado.
- Bueno, quizá no ayude, pero me apetece hacerlo y sé que tú me ayudarás -comencé.
- Cuenta, cuenta -dijo impaciente.
- Verás... Estamos en noviembre ¿no es así?
- Así es, sí.
- Y el último día de este mes Dougie cumplirá veintitrés años ¿me equivoco?
- No, no te equivocas.
- Entonces... ¿Por qué no hacerle una fiesta sorpresa? -pregunté sonriente.
- ¡Eso es genial! -exclamó, y reí.
- He pensado que tú podrías encargarte de los invitados, ya que yo no conozco a muchos amigos suyos... La fiesta la podríamos hacer en el local de Jeff, pero de eso ya me encargaría yo si tú me dejas -expliqué.
- Me parece perfecto, Alice. Estoy seguro que le encantará -sonrió ampliamente.
- Eso espero -murmuré.
Ahora ya podía decir que estaba feliz. Me podía sentir mínimamente útil, y eso me gustaba, me gustaba mucho, y si encima era por intentar contentar a Dougie, me gustaba mucho más.
- ¿Ahora puedo preguntarte yo algo? -preguntó rompiendo el hilo de mis pensamientos.
- Erm... claro -respondí, temiendo la pregunta.
- Ya sabes lo que te voy a preguntar. Simplemente responde -dijo, y yo suspiré.
- Lo cierto... es que no lo sé. Puede sonar absurdo pero... me pongo nerviosa cuando está cerca. No sé cuál es la razón, pero comencé a comportarme así la primera vez que me llamó... Alice. Solo Alice -respondí aún sin entender lo que decía.
- ¿Me dejas decirte lo que puede ser? -preguntó divertido.
- No -respondí seria, provocando que riera.
- De acuerdo... Solo digo que yo me ponía nervioso en el instituto cuando Gi estaba cerca -soltó como quien no quiere la cosa y se echó a reír nuevamente.
Golpeé su brazo sin intención de hacerle daño, obviamente, y me crucé de brazos adoptando actitud de niña pequeña. Pequeña... Así ma llamaba Harry... No, no, no. No podía pensar en él. No. Me negaba.
Volvimos a donde se encontraban los otros tres y nos encontramos a Dougie y a Danny ya dormidos en los sofás, mientras que Harry... estaba haciendo pesas. ¿Pero es que acaso tenía una obsesión por sus músculos?
- ¿Se puede saber qué haces? -preguntó Tom por mí.
- Se han dormido y me aburría... ¿hacemos algo? -preguntó sonriente.
- Como quieras... ¿Alice? -preguntó amablemente.
- Erm... yo... esto... eh... creo que me iré a dormir. Sí, estoy... cansada -dije, pero para nada sonó convincente y en cuanto volví a dirigir mi vista a Harry me miraba enarcando una ceja- ¿Qué?
- Nada, nada -murmuró.
- Pues... me voy a la cama -anuncié- 'Buenas noches' -dije en español.
- Pues eso -respondió Harry y rió.
- Que duermas bien -me dijo Tom. Me puse de puntillas para besar su mejilla y me fui a la habitación que ocupaba.
Genial. Y iba Tom y me decía lo de Gi. ¿Pero qué se pensaba este hombre? Que yo... yo no sentía eso por Harry. No podía hacerlo. Él era como un hermano para mí. El hermano mayor que nunca tuve. El hermano mayor, inglés, que siempre soñé...
No hay comentarios:
Publicar un comentario