Al final pude convencer a Dougie para que cada miércoles estuviera conmigo la primera hora, estaba completamente dormido pero al menos me libraba de aquella aburrida hora y si era con él ,mejor que mejor. Además aunque los profesores encontraran sospechosas aquellas faltas no me dijeron nada en ningún momento. Por fin era sábado y podía disfrutar de aquel día íntegramente con mis McGuys. No lo había mencionado antes pero Doug ahora vivía conmigo en casa de Matt ya que la puta de Frankie se había quedado con la casa y para que dejara de molestar a Tom, le invité a que se quedara allí y este obviamente accedió.
Era sábado 23 de octubre y me levanté a las 8:00 con ganas de molestar un rato a Dougie. Si no quería que lo hiciera, que no hubiera accedido tan rápido a quedarse allí…
Me acerqué sigilosamente a su habitación, con tal de que ni mi madre ni Matt me escucharan y que, por supuesto, Dougie tampoco. Entré despacio y me tumbé, sin mover demasiado la cama, a su lado.
- Dougie… -susurré- Doug, despierta…
Al ver que esto no funcionaba comencé a besarle por toda la cara. Muchos pequeños y pausados besos. No conseguía nada, así que fui acercándome cada vez más a las comisuras de sus labios hasta rozarlos ligeramente con los míos, entonces, de repente, abrió los ojos y me asustó. Al ver mi reacción soltó una risilla, más mono él…
- ¿Qué haces aquí? -preguntó muy dulcemente-
- Venía a despertarte -le sonreí-
- Mmm… -parecía que ronroneaba- me gusta que me despiertes así… -sonrió y volvió a cerrar los ojos-
- Oye, ¡no te duermas! -susurré-
- Alice, son… -se dio la vuelta para mirar el despertador de su mesilla de noche- ¡las ocho! ¿¡tú estás loca!?
- ¡Calla! -dije en voz baja tapándole la boca- que mi madre y Matt duermen, inútil -reí-
- Muy gracioso… -alzó una ceja y enseguida hizo un movimiento que para nada esperaba. Una cosa bastante rara, pero proviniendo de él no podía ser otra cosa. Pasó su brazo izquierdo por debajo de mi e hizo que diéramos una vuelta, de manera que ahora estaba encima mía- ¡JÁ! -gritó-
- ¡Qué te calles! -murmuré y volví a taparle la boca. Puse atención para ver si escuchaba algo detrás de la puerta, pero parecía que no- hay gente que duerme ¿sabes?
- ¿Entonces por qué me despiertas a mí y a los otros no? -dijo sin quitarse de encima mía, pero realmente no me molestaba-
- No pienso entrar a su habitación -puse cara de asco y él se carcajeó- ¡Doug! -me lo quité de encima lo más rápido que pude y me dirigí rápidamente a la silla que había en una esquina de la habitación, casi caí por todo el desorden que había pero conseguí llegar-
- ¿Alice?
- Estoy con Dougie, mamá -esperaba que no se enfadara por ello. Abrió un poco más la puerta y me vio allí sentada, a lo indio. Parecía que estaba secuestrada entre toda la ropa sucia de Dougie, y este, sentado en su cama del mismo modo que yo apoyando la espalda en la pared-
- ¿Qué hacéis levantados tan pronto? -preguntó sin dejar de mirar aquel impresionante desorden-
- Me he despertado y he pensado que Dougie no merecía dormir más estando yo despierta -sonreí intentando parecer inocente y Dougie rió-
- Vale… bueno, voy a prepararos el desayuno, ¡no tardéis en bajar! -dijo ya fuera de la habitación, posiblemente ya estuviera bajando las escaleras-
Nos miramos y comenzamos a carcajearnos de nada en concreto. Eso era lo que más me gustaba de estar con él. Tan solo una mirada nos bastaba para saber lo que el otro pensaba, o quizá no lo supiéramos, pero aparentábamos que sí. Cada vez que nos había pasado (que no eran pocas) habíamos reaccionado de la misma forma…
La mañana transcurrió sin ningún percance demasiado importante. Exceptuando que, para que a mi madre no le diera un infarto la próxima vez que se asomara a la habitación de Dougie, ayudé a este a arreglarla como buenamente pude.
- Doug ¿y esto está limpio o sucio? -pregunté cogiendo unos calzoncillos del elástico con tan solo dos dedos y alzándolos para que los viera-
- Eh… mételos en el cajón -dijo sin siquiera mirarlos-
- ¿Así, sin más?
- Así, sin más -rió-
- Qué asco… -murmuré, intentando que no lo escuchara-
- ¿Cómo que qué asco? -alzó una ceja-
- Dougie, no -amenacé ya levantándome del suelo- ni se te ocurra.
Pero se le ocurrió. Cogió los primeros calzoncillos del suelo que encontró y los tiró con tanta puntería de acertar en mi cara. Comencé a chillar y a moverme de manera estúpida para que se cayeran por arte de magia, pero una mano tuvo que ayudarme.
- ¿Cómo se te ocurre intentar ayudar a Dougie a arreglar su habitación?
Esa voz…- ¡Harry! -exclamé girándome para tirarme a su cuello-
- ¡Hola pequeña! -me abrazó por la cintura y me levantó- ¿Qué tal estás? -preguntó cuando ya me había bajado-
- ¡Genial! -respondí con una gran sonrisa-
- ¿No me habrás sido infiel en mi ausencia? -levantó una ceja y se dirigió a Dougie-
- No, te estábamos esperando, es más divertido si estáis los dos -bromeé y los tres comenzamos a reír-
- Me temo que tendrá que ser otro día, porque voy a raptarte durante dos -anunció indiferente-
- ¿¡Que qué!? -dijimos Doug y yo a la vez-
- Me habéis escuchado perfectamente. Tú -me miró- te vienes conmigo, y tú -miró a Dougie- puedes elegir entre quedarte aquí o ir a casa de Tom durante estos días.
- ¡Yo me voy con vosotros! -refunfuñó-
- ¿Te he dado esa opción?
- Pero… -Harry hizo un gesto para que se callara e incompresiblemente obedeció, pero se cruzó de brazos y puso morritos-
- Venga, haz las maletas -me ordenó-
- ¿Y qué se supone que tengo que coger? -pregunté confusa-
- Lo justo y necesario para canjear tu vale -me sonrió-
- ¿¡QUÉ!? -los ojos se me salieron de las órbitas- ¿Te he dicho alguna vez que te quiero? -susurré y una lágrima resbaló por mi mejilla-
- Alice… -me abrazó y yo lo hice también, pero muy fuerte, así que él también me estrechó tiernamente. A los poco segundos otro par de brazos me rodearon. ¿No podían estar casadas tres personas a la vez? Me iría a aguas internacionales solo para casarme con ambos…- venga peque, espabila que no llegamos -susurró-
- Vale… -me separé de ellos muy a mi pesar y sequé las lágrimas que había derramado, aunque la mayoría yacían en la camiseta de Harry-
Me dirigí a mi habitación dispuesta a preparar el equipaje ante la atenta mirada de dos cuartas partes de mis amores platónicos. Ya lo tenía todo: ropa, CD’s (los necesitaba para sobrevivir) aunque solo me llevé Estados de Ánimo, The fame monster y Radio:Active, el portátil (obviously), la libreta donde escribía mis canciones (quizá me viniera por primera vez la inspiración en español…) y lo más importante en aquel momento. Mis zapatillas, las convers de toda la vida, azules, rotas de por todo y llenas de mierda, y las de mi colgante (PRODUCTO OFICIAL EL CANTO DEL LOCO). Lista para canjear mi valioso vale.
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